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Domingo, 30 Septiembre 2018 20:48

Bronce de leyenda para la selección femenina de baloncesto (67-60)

Foto: FIBA Foto: FIBA

Son leyenda. La mejor generación del baloncesto español completó su maravilloso viaje a esta Copa del Mundo con una medalla que reconoce los valores de un equipo que ha hecho absolutamente historia en el deporte nacional

Pudo haber muy buenos, quizá vengan mejores, pero esta selección española será inolvidable por el fondo y la forma de los conseguido desde 2013. La vida, tan azarosa como caprichosa, suele recompensar a las personas que son honestas con el esfuerzo. Y sí, a veces, la mayor victoria es una derrota.

Sucedió en 2011 cuando España viajaba al Eurobasket buscando el oro y no llegó a cuartos de final. Cruel destino que calcinó una generación. Sobre sus ascuas Lucas Mondelo reconstruyó su espíritu y le dotó de una identidad propia. Nació entonces un período de seis años donde España se acostumbró a la excelencia y miró de tú a tú a quienes antes le acomplejaban.

Fueron oro en los Eurobasket de 2013 y 2017, plata en el Mundial 2014 y Juegos Olímpicos de 2016 y bronce en 2015 y en su Copa del Mundo. Un torneo que se ideó como reconocimiento a la mejor generación del baloncesto español, un homenaje en vida deportiva para que sintieran sus jugadoras todo el cariño que se fueron granjeando por sus éxitos y forma de ser. Una gratitud que nunca alcanzará el valor de un grupo humano que no encuentra metal en la tierra que le haga justicia pues más hermoso que sus triunfos es el corazón que alberga en su interior.

Hubo justicia poética en este broche de bronce pues, precisamente, fue Bélgica la que descubrió la cara más humana de un equipo que durante varios campeonatos pareció tener un pacto con la suerte y ganar aún cuando parecía imposible. Así sucedió en la final de 2013 y lo hizo posible Anna Cruz en cuartos del Eurobasket 2015 y JJ.OO 2016. Tantas veces bailó en el alambre que cuando cayó el doló fue punzante. Despojada en su torneo del halo de invulnerabilidad (sólo Estados Unidos era su kryptonita deportiva), la España más combativa lamió sus heridas frente a Canadá, recuperó el orgullo contra Australia y recordó a Bélgica que su tiempo todavía no ha llegado.

España hoy es de bronce, pero ese es simplemente un puesto en un torneo y un calificativo que no hace justicia. La selección vino a Tenerife a mostrar la valía deportiva de sus jugadoras, para hacer que los periódicos y telediarios del país hablaran de deporte femenino y, quién sabe, poner la semilla para ver brotar nuevas generaciones. Y eso vale más que cualquier medalla. 


De malos comienzos también se aprende

Sabedora de su ventaja psicológica y frescura de piernas Bélgica salió al partido castigando la endeblez defensiva de España. Las belgas encontraron acierto en cinco de sus primeros seis ataques…mientras que España se chocaba con un muro más psicológico que deportivo. Tras cinco minutos de partido no había nada positivo a lo que sujetarse, la hoja de tiro reflejaba un exiguo 1/7 que era completado con cuatro balones perdidos. Con muy poco Bélgica se vio 10 puntos arriba (5-15).

Durante el campeonato, el español no fue un equipo de buenos principios y eso le sirvió para entender los tiempos de cada partido, leerlos y volverse a meter en ellos. En esta ocasión fueron Anna Cruz y Alba Torrens las que lideraron un parcial 12-0 con el que se apagó el primer incendio a la par que calentó a una afición muy centrada en el cometido de darle el aliento que su equipo necesitara.

La remontada la completó Astou Ndour con cinco puntos seguidos. La senegalesa fue durante el torneo el referente interior y, una vez más, asumió su rol anotador para encadenar nueve puntos casi consecutivos. Su aparición en el encuentro dio a España el empujón ofensivo que necesitaba para verse arriba en el marcador (28-21). Fueron instantes de felicidad porque la defensa funcionaba, los puntos caían con Marta Xargay (17 puntos) tomando el relevo. Además, cuando se fallaba siempre había una segunda oportunidad porque se dominaba el rebote (seis más en la primera parte). Las españolas eran dueñas de encuentro y querían exprimirlo antes de irse al descanso, pero la madurez de su rival ya está contrastada en dos años desde su regreso a la élite y buscó a sus estrellas: Emma Meesseman y Kim Mestdagh, y estas agarraron al parqué a un equipo que tomó aliento con el partido en un vilo.


Gracias capitana

España salió al tercer cuarto dispuesta a alargar su buen momento y hacer caja con las dudas de su rival. Xargay y Ndour (13 puntos y seis asistencias) siguieron aliándose para sumar un favorable 46-36. Por primera vez se veía con dos dígitos de ventaja. Era momento de rotura, pero Bélgica siguió luchando y se recuperó con cuatro puntos seguidos de Meesseman antes de que esta tomara un ligero respiro en el encuentro.

Fue tan efímero el descanso como urgente su regreso al parque ya que la siguiente vez que tocó el balón la diferencia había crecido hasta los 12 puntos de ventaja. La manta belga a esas alturas de duelo ya era evidente que era muy corta y dejaba al descubierto las debilidades de un equipo que días antes instaló la duda sobre sobre España. Meesseman (24 puntos y cinco rebotes) podía multiplicarse pero no hacer milagros porque, además, Bélgica carecía de las asistencias del acompañamiento necesario de Julie Allemand y Kim Mestdagh (55-43).

Especialmente apagada se mostró la brillante escolta belga. Durante el campeonato venía promediando 12 lanzamientos por encuentro, pero entró en el último con solo cinco debido a la defensa que orquestó Mondelo para que no recibiera con comodidad. De ella se deshizo en el primer ataque, anotó y Bélgica recortó diferencias.

El técnico español se acordó del peligroso antecedente de semifinales cuando España entró al encuentro con ocho puntos de ventaja y de golpe y porrazo se vio abajo. Para evitar una situación similar no esperó mucho a pedir un tiempo muerto, pero no lo logró y los fantasmas de la remontada se instalaron cuando, a menos de siete minutos del final, voló un triple para poner a Bélgica por delante. 

No entró y acto seguido Laura Gil y Alba Torrens (15 puntos) dieron una vida extra a los corazones del publico asistente. Había salido de la pista Meesseman unos segundos, pero esta vez no hubo oportunidad de marcar diferencias significativas e irremediablemente se entró en un final de partido igualado (60-58).

Como en pasado más reciente los grandes días de este equipo no se entendieron sin emoción. Tantas veces visitó el escenario que las artistas sabían perfectamente el papel que debían interpretar. Con perfecta entonación Laura Nicholls (seis puntos y 10 rebotes) anotó dos canastas abiertas, de esas que hoy se ven poco pero que son hermosas por la sensibilidad que demuestran. España tenía a menos de 100 segundos la tierra prometida de esta Copa del Mundo a la vista.

Bélgica no engañó y le dio el balón a su estrella en los siguientes dos ataques. En el primero anotó dos tiros libres, pero en el segundo Laia Palau metió una mano milagrosa para robarle el balón a Meesseman. La capitana quería jugar este torneo, deseaba sentir el cariño de jugar en casa y se dio un ultimo baile maravilloso. Su asistencia para el posterior triple de Marta Xargay colgó una medalla del cuello de las españolas. El sueño compartido de España tenía su justo final. 

 
Fuente: EFE

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