Menu

Desafíos | Martes, 22 Octubre 2013 00:00

Crónica del camino hacia el 'Descanso del guerrero'

Más allá del rércord de la keniana Joyce Chepkirui o de la gran marca de Jacob Kibet Kendagor, nuestra crónica quiere hablar más de las sensaciones de un corredor cualquiera, que hizo una marca cualquiera y llegó en un puesto cualquiera al final de la Media Maratón de Valencia.

Los que nos decidimos un día por intentar el reto de vencer esos 21.097,50 metros sabemos lo que se vive en cada uno de los momentos que comprende esta experiencia. Cuando suena el despertador una mezcla entre arrepentimiento e ilusión se unen durante ese desayuno proteínico que un día leímos en un foro de internet. Pero, sinceramente... ya le habíamos contado a demasiados amigos que íbamos a hacer la dichosa carrerita como para ahora quedarnos viendo Bricomanía en televisión.

Así que nos vamos animando poco a poco y, al llegar a la zona de la salida y ver a los cientos..., o mejor dicho, miles de personas que acaban de vivir nuestro mismo ritual matutino, ya sentimos una cierta emoción que nos empieza a invadir por dentro. 

La peculiar mezcla entre 'runners' madrugadores y 'vampiros' trasnochadores se apodera de unas calles valencianas que ya están adornadas con toda la parafernalia de una carrera que acaba de batir un nuevo récord de participación. 

El reto físico y psicológico de la Media Maratón de Valencia está a punto de comenzar para más de diez mil correredores.   

Primeras zancadas, primeros minutos y primeras sensaciones frente a los tinglados del Puerto de Valencia. Después del pistolezazo inicial, los gritos y aplausos de la salida, un murmullo generalizado en el que todos hablamos del ritmo a seguir durante los próximos 20 kilómetros.... que se dice pronto.  

Unas cuantas calles y avenidas más adelante, más allá del Paseo de la Alameda, ese murmullo y ajetreo inicial se va convirtiendo en un silencio que de vez en cuando se va rompiendo por aplausos de viandantes, grupos de timbales o emotivos ánimos de familiares y amigos ataviados hasta con caras pintadas y pancartas... y, mientras tanto, la admiración y sorpresa de cada uno de nosotros al ver a corredores descalzos, héroes paralímpicos y atletas capaces de hacer los más de 21 kilómetros llevando a familares en sillas de ruedas. 

Alrededor de dos horas más tarde, después de haber pasado por el centro de la ciudad, y cuando las molestias y dolores ya han recorrido varias partes de nuestro cuerpo, empezamos a atisbar, a lo lejos, una masa de personas y vallas publicitarias que nos indican que la meta está ya muy cerca. 

A muchos les hemos visto quedarse en el camino: las lesiones, tirones o desmayos fueron despiadados con ellos... aunque se llevan la victoria por haberlo intentado. Otros, cruzamos la meta con la satisfacción del objetivo conseguido, camino de un almuerzo convertido en nuestro particular 'descanso del guerreo'. 

¿Y ahora...?, ¿42,195 kilómetros...? ¡Nos vemos el 17 de noviembre!

 

Una crónica de Pepet Filipidés. |

Comentarios

volver arriba