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Dive log | Jueves, 04 Diciembre 2014 00:00

Mi bautismo. El origen del infinito

Mi bautismo. El origen del infinito

Recuerdo perfectamente mi bautismo de buceo. De buceo con botella se entiende. El "snorkel" es un mundo apasionante, maravilloso, pero que se queda rascando la piel, en la superficie de un océano infinito de posibilidades, como una bella promesa de algo que, para alcanzar, debes sumergirte en él. Como todo en la vida hay que profundizar para disfrutar. Y eso lo conseguimos con el buceo autónomo. 

 

En mi caso tuve la inmensa fortuna de realizarlo en uno de los puntos de inmersión más maravillosos, o al menos de los que mayor cariño guardo, que he tenido la oportunidad de conocer, “L’Illa” de Benidorm.  Lo realicé con un club de buceo de “La Vila” donde pasaba unos días de verano.  Una tarde me acerque a “dotorejar” y no sé muy bien como acabe quedando para realizar mi bautismo a la mañana siguiente. Total que ahí me presenté con un bañador, una toalla y esa sensación, que con tanta frecuencia experimento en mi vida, de no saber muy bien cómo he acabado ahí…pero ahí estaba, así es la vida, y en definitiva mejor probar y no repetir que quedarse con las ganas. Así que sin saber muy bien cómo me encontré embarcado en una “zodiac” junto con un grupo de otros buceadores rumbo a “L’illa”de Benidorm.

Siempre me gustó “L’illa” de Benidorm, ese pedrusco en medio del mar, parque natural, refugio de aves, y estoy seguro que de piratas, sólo hay que buscar bien, que se planta enfrente del fastuoso skyline de Benidorm. Cuenta la leyenda que se trata del hueco desprendido del “Puig Campana”, no se si será cierto, pero se trata sin duda de una hermosa historia, y, ¿es que acaso existe algo más real que una hermosa historia?...bueno, volvamos a la zodiac…ahí estábamos ya fondeados enfrente de "l’illa" cuando mis compañeros inician su inmersión. De entre todos quiso el destino que fuera yo el único esa mañana que realizaba el bautismo, así que me emparejaron con una monitora en exclusiva para mi. No recuerdo su nombre, pero era razonablemente guapa, morena de piel y morocha de pelo, argentina y con el tatuaje de un delfín en el hombro, bastante tópico, pero que dadas las circunstancias, se me antojaba bastante apropiado.

Tras el siempre complejo trámite de "lastrarte", cargarte el equipo a la espalda y lanzarte al agua, llega la hora de la verdad e iniciar el descenso. Cabe señalar que el fondo marino de l'illa forma parte del parque natural marítimo terrestre de la "Serra gelada" y es una verdadera maravilla, claro que, en aquel momento inicial, no estás para muchas florituras y tu capacidad de apreciar maravillas queda bastante limitada... bastante tienes con ser capaz de hundirte mientras intentas respirar bajo del agua, a la par que inicias una incesante lucha contra el “jacket”, dotado siempre se su propia voluntad y contraria a la tuya, para no subir como un globo a la superficie o no apalancarte como un ancla varada en el fondo, lastrado por el peso de los plomos. Experimentas por tanto una sensación de excitación ante la novedad, inseguridad ante un medio que no controlas y desconfianza a un entorno silencioso, azul e infinito que se resiste a ser domesticado. Por muy habituado que estés al mar, observar la superficie desde abajo, o un azul oscureciéndose bajo tus pies impone respeto. ¿Qué terribles criaturas abisales esconderá en sus entrañas?. Descubres de golpe que el mundo, tiene muchas más perspectivas de las que conoces, y la de "abajo" no es sin duda, la menor. Algunas personas se quedan aquí en su bautismo, son muchos los que necesitan coger aire, salir, respirar, aliviarse de la sensación de claustrofobia que produce la imposibilidad de decir, bueno me voy, ahí os quedáis. Sin embargo son muchos más los que, como fue mi caso, poco a poco aprenden que, aunque con ruidito, consigues seguir respirando a través del regulador, que el jacket, aunque siempre mantendrá parte de su vida propia, llega a un cierto punto de equilibiro, que te permite tener una cierta estabilidad y, por fin, mirar lo que hay fuera. Y amigos, lo que nos espera ahí fuera es muy grande.

Fue un descubrimiento maravilloso, un nuevo mundo, un nuevo universo, frío y silencioso, con sus propios ritmos, alejado de la velocidad y ruido que nos acompaña, un mundo aparentemente, sólo aparentemente, tranquilo y sosegado que oculta sus bellezas a quien tenga la paciencia y el cariño para descubrirlas, como las personas, como todo lo que vale la pena. Un universo infinito dónde no dejan de pasar cosas, al que te aproximas como un "alien", como un extraño que quiere conocer sin interrumpir, sin molestar, con el anhelo imposible de fusionarse con el entorno, "be water my friend", para descubrirlo sin alterarlo. 

Ese primer bautismo fue un flechazo, un enamoramiento que, como todos los reales, dura para siempre. Después vino el curso de Open Water y nuevas inmersiones. Esperamos ir descubriendo a través de este espacio, entre todos los que queráis, nuevos puntos de inmersión, recursos, formación, material, secretos, anécdotas y experiencias, construir un centro de datos y recursos para la comunidad de aficionados al buceo. 

Pero hoy, en este primer post, no queremos hablar de reguladores ni jackets, sistemas de formación o termoclinas, ni siquiera de puntos de inmersión. Simplemente recordar, recrear. Sensaciones, pensamientos. El agua que fluye ligeramente entre tu traje de neopreno y tu piel. Ingravidez en medio de un azul infinito, con el ligero balanceo producido por el vaivén de las corrientes. El latir de tu corazón descendiendo, acompasado por las olas y tu respiración, un instante, corto o eterno, sin tiempo, sin ruido, sin gente. En un mundo que te envuelve y te acaricia, un mundo con sus propias reglas, silencioso y salvaje, que podría destruirte, pero en el que te limitas a estar, a observar, a flotar, como una partícula de plancton en un océano azul.

 

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