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Fent El Gamba | Lunes, 17 Junio 2019 11:03

FLAM: “Dos actrices me acusaron de hacer teatro sin emociones”

FLAM: “Dos actrices me acusaron de hacer teatro sin emociones”

En la última jornada del Festival Internacional Tercera Setmana, en Valencia, acudimos a la cita teatral de clausura en el Teatro Principal donde nos esperaba FLAM, la última propuesta de Roger Bernat, unos de los directores de escena más estimulantes de la actualidad.

Bernat (Barcelona, 1968) es conocido por suprimir la cuarta pared en sus montajes haciendo que los espectadores ocupen el lugar que normalmente se reserva a los actores. En los últimos años ha pasado por nuestra ciudad con obras como “Dominio público”, un juego de mesa a escala real en la que los espectadores se ven obligados a conspirar y obedecer o “Please Continue, Hamlet” donde el público ejerce de jurado popular en un pleito en el que juez, abogado o fiscal son auténticos y tiene como único actor al acusado.

FLAM llega justo después de que Roger Bernat sea criticado por dos actrices: “me acusaron de hacer teatro sin emociones, demasiado frío y conceptual”. De este modo plantea una pieza basada en las emociones encontradas que dirigen la historia -y no al revés- en la que los actores, un grupo de nueve, ríen y lloran en diferentes situaciones durante casi dos horas.

El tiempo pasa y el público se vuelve sensible a los sentimientos representados sobre el escenario, en el patio de butacas o en los propios palcos del teatro, pero lo cierto es que no termina de pasar nada mientras sucede de todo, y para algunos de los asistentes las emociones se quedan cortas y se preguntan por qué los actores solo lloran y ríen. La duración del espectáculo se transforma en un trajín, un ir y venir de actores que interactúan a modo de pequeños sketches con sus lloros y risas, sin texto prácticamente en su totalidad, que parecen no acabar nunca. Y tanto es así que el espectáculo tiene dos falsos finales en los que después de saludar al público -los integrantes del montaje- continuan llorando y riendo hasta cumplir prácticamente los cientoveinte minutos en escena.

Las performances de Roger Bernat son imprescindibles, no nos cabe duda, pero en esta ocasión se nos pasó de tiempo. 

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