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Fútbol | Martes, 31 Diciembre 2019 00:17

Año (inolvidable) del centenario

Rodrigo, héroe de la Copa del Rey. / Foto: La Liga Rodrigo, héroe de la Copa del Rey. / Foto: La Liga

Se acaba el año del centenario para el Valencia CF. Un año repleto de alegrías, momentos inolvidables y fechas marcadas en el corazón de cada valencianista, y también de sufrimiento, despedidas inexplicables y salidas inesperadas. Una montaña rusa de emociones es lo que mejor define el año 2019 del Valencia CF, que ha ido intercambiando hechos para la historia y también para el olvido. 

El año no empezó de la mejor forma para el club. Tras acabar el 2018 con un gol agónico de Piccini ante el Huesca, el club ché deambulaba por la Liga Santander sin apenas esperanzas por competir por la ansiada cuarta plaza que siempre se marca como objetivo el club del murciélago. Marcelino García Toral, por aquel entonces entrenador del Valencia CF, se encontraba en la cuerda floja, y solo el apoyo de la plantilla y de Mateu Alemany le hacía seguir en el cargo.

Para empezar el 2019, el club che encadenó dos derrotas consecutivas, frente al Alavés en Liga y contra el Sporting en Copa, y un Marcelino desencajado en la rueda de prensa de El Molinón hacía presagiar que su andadura en el Valencia CF había terminado. Más aun cuando, días después, el equipo empataba en casa 1-1 frente al Valladolid, en un nuevo empate que alejaba (aun más) al Valencia CF de la lucha por puestos europeos. Sin saberlo, la imagen icónica del partido y que iba a señalar el camino a la remontada del equipo fue la del famoso abrazo de Dani Parejo al técnico asturiano tras su gol. Pese a todas las dudas en torno a Marcelino (incluso la afición, fiel al entrenador, empezaba a cuestionarse qué era lo mejor para el club), aquel gesto del capitán significó un antes y un después.

Con el Valencia CF clasificado para cuartos de final de la Copa del Rey tras remontar el 2-1 del Sporting en Mestalla, el club ché hizo lo propio en Liga frente al Celta en Balaídos, en un partido que muchos recuerdan al vivido en 2001 contra el Espanyol, donde Benítez consiguió salvar su cabeza tras una gran remontada, que señalaría el camino, meses después, a la quinta Liga del Valencia CF. En este caso, nadie se podía imaginar que el 25 de mayo se iba a levantar un título. 

Pero el camino al éxito iba a ser difícil. En Copa del Rey, el Getafe, que estaba cuajando una grandísima temporada, se puso en el camino del Valencia CF. Una eliminatoria que siempre quedará grabada en la memoria de todos los valencianistas. En rueda de prensa, un encontronazo entre Marcelino y Bordalás iba a ser el comienzo de una batalla de 180 minutos donde, hasta el último minuto, todo pudo pasar. En la ida, un partido protagonizado por la lluvia se lo llevó el Getafe con un tanto de Jorge Molina a falta de pocos minutos para el final. El Valencia CF, que aun asociaba la Copa del Rey con las rotaciones, se motivó a través de las constantes provocaciones del equipo entrenado por Bordalás, que calentó la eliminatoria en rueda de prensa y en el terreno de juego. 

Mestalla pidió a los futbolistas la remontada tras golear al Villarreal 3-0 en Mestalla justo antes del partido de vuelta frente al Getafe. Llegó el día, y un Mestalla a rebosar esperaba la remontada de los pupilos de Marcelino, que en Liga ya se habían encontrado con la dinámica positiva. Sin embargo, al minuto de partido se puso todo patas arriba con el gol de Jorge Molina. Tres eran los goles que necesitaba el Valencia CF para remontar, y el Getafe, uno de los equipos menos goleados del momento, no era el rival más idóneo para lograr la hazaña. La afición ché siguió creyendo, pero el balón no entraba y, cuando entró por primera vez, el árbitro anulaba el tanto por fuera de juego. Faltaba poco más de media hora. Era casi imposible. Pero Mestalla siempre se agarra a los "casi". Pocos minutos después del gol anulado, Rodrigo enchufó el primero. La afición se vino arriba, pero aun faltaban dos goles más. El Getafe se quedó con 10 futbolistas a falta de 15 minutos, pero el minuto 90 llegó sin apenas parpadear, y el marcador no se movía. A partir de ahí, se desató la locura. Rodrigo, en dos ocasiones, fue el encargado de marcar los dos goles que necesitaba el Valencia CF para estar en semifinales, en un descuento de 7 minutos que nadie olvidará. Tras la gesta, el Getafe trató de mancharla con declaraciones y barullos en el terreno de juego, pero la única realidad era que el Valencia CF iba a jugar las semifinales de la Copa del Rey.

En Liga, el Valencia CF encadenó hasta doce partidos seguidos sin perder, y el objetivo de la Champions cada vez estaba más cerca. Victorias ante Sevilla, Madrid y Betis dejaban la Liga de Campeones en una lucha que duró 38 jornadas para Valencia CF, Sevilla y Getafe. Pero, entre medias de esta racha, el Valencia CF se metió, 11 años después, en la final de la Copa del Rey, en una eliminatoria inolvidable ante el Betis, sobre todo en un partido de ida donde parecía que el Real Betis se iba a meter en "su final", pero donde el equipo de Marcelino se rehizo a los tantos iniciales de Joaquín y Loren para empatar el partido y llevarse una pequeña ventaja a Mestalla. La afición ché, una vez más, realizó un recibimiento para la historia, y un solitario tanto de Rodrigo Moreno, el héroe de la Copa hasta ese momento, devolvía al Valencia CF a una final. Once años después, la Copa estaba a un partido.

Pero antes, el Valencia CF también jugaba Europa League. El conjunto de Marcelino consiguió meterse en semifinales de la antigua UEFA después de dejar en el camino al Celtic, Krasnodar y Villarreal, en unas eliminatorias marcadas por los goles de Gonçalo Guedes, que realizó unos meses de Febrero a Abril espectaculares, dignos del nivel que se espera de él. Lanzado en Liga, el equipo ché tenía en el Arsenal de Emery el último obstáculo para llegar a dos finales en un año, pero un nefasto planteamiento en Londres crucificó al Valencia CF, que no pudo remontar en la vuelta el 3-1 del Emirates. 

Al final, el Valencia CF confirmó su estancia en la Champions League tras una recta final frenética, donde una derrota en casa frente al Eibar en la jornada 35 parecía significar el fin del objetivo, aunque no fue así, y el Valencia consiguió, por segunda temporada consecutiva, estar entre los cuatro mejores de la Liga Santander.

Llegaba la fecha marcada en el calendario desde hacía tres meses. 25 de mayo de 2019, el Valencia CF disputaba, once años después, una final de Copa del Rey. En frente, un gigante tocado por la eliminación europea, el FC Barcelona, que quería brindar a sus aficionados el título copero para lograr, de nuevo, un doblete más para la historia del club.

Las calles de Sevilla se llenaron de pólvora. De pólvora de petardos valencianos, y la afición valencianista duplicaba a la blaugrana. Nervios a flor de piel, y en el recuerdo finales emotivas como las de la Cartuja y no tanto como las de Milán o París. Un tifo espectacular presidía el Benito Villamarín bajo el lema "Soñar que no tenemos techo". A partir de ahí, se disputaron los 90 minutos que nunca ningún valencianista olvidará. Gameiro, recuperado para la causa y que cuajó una segunda vuelta estratosférica, y Rodrigo, otra vez en Copa, fueron los encargados de adelantar al Valencia CF en el marcador antes del descanso. Parejo pedía calma, pero era casi imposible contener la emoción. El FC Barcelona, desquiciado, se bastaba con Messi para intentar darle la vuelta a la final, pero la defensa férrea del Valencia y un Coquelin endiosado pararon a todo un FC Barcelona, ganador de las anteriores 4 Copas del Rey, que solo tuvo un atisbo de remontada con un gol del propio Leo, pero la historia ya estaba escrita. Sevilla, de nuevo, protagonista de otra hazaña ché. El Valencia CF, once años después, era campeón de Copa.

Fueron días de alegría, festejos y de mucha celebración en tierras valencianas, donde el equipo fue recibido desde el aeropuerto hasta Mestalla, donde la fiesta estuvo protagonizada por las 50000 voces de los aficionados valencianistas, que arroparon al equipo de principio a fin.

Se avecinaba un verano poco movido en las oficinas del Valencia CF, con el objetivo de mantener el bloque de jugadores y realizar un par de fichajes que elevaran el nivel de la plantilla, aunque no fue el caso. Como de costumbre, el Valencia CF, con tendencia a precipitarse y cargarse proyectos del día a la noche, lo volvió a hacer en el mejor momento del club desde hacía muchos años.

En un verano muy movido, las cabezas de Marcelino y de Mateu Alemany estuvieron en el aire durante varios días, aunque ambos acabaron quedándose en la entidad de Mestalla, al menos una temporada más. Pese a todo, la muerte estaba anunciada, aunque llegó mucho antes de lo esperado. Tras una reunión en Singapur donde todo parecía haberse arreglado, nada más lejos de la realidad, en septiembre llegaba Albert Celades, desconocido para la gran mayoría, a sustituir a Marcelino, que no se creía su despido. Mateu y Longoria aguantaron unas semanas, pero su salida era más que una realidad. Solo Anil, socio acérrimo de Lim, continuaba en el club.

Nadie creyó en el nuevo proyecto, incluso se puso en duda la profesionalidad de la plantilla en un futuro sin el técnico asturiano. Pero dicen, que en los momentos más duros es cuando un grupo se une, y el vestuario del Valencia CF ya era una familia, como ellos mismos dicen. La familia se unió más aun, y el Valencia CF resucitó (OTRA VEZ). En Liga, el Valencia acaba el año al borde de Europa y, en Champions League, el conjunto de Celades pasó como primero de grupo teniendo en frente al Ajax FC y al Chelsea CF. Casi nada. De nuevo, el Valencia CF está entre los mejores. 

Año para recordar toda la vida. Con grandes y peores momentos, pero que trae un título, una clasificación a la Champions League, un pase a los octavos de final de la misma y un futuro, ahora sí, muy prometedor. 

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