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Primera | Miércoles, 06 Agosto 2014 21:51

A 75 años de la fusión

Se cumplen 75 años desde el momento de la fusión del Levante y el Gimnástico. El UDLG trató de unir dos mundos antagónicos; el centro de Valencia con la tradición republicana de Los Poblados Marítimos. Y el proceso fue costoso.   

“Noticia bomba, ¿se fusiona el Levante y el Gimnástico”?. Era un caluroso y metálico dos de agosto de 1939 y el periódico valenciano Las Provincias se interrogaba sobre la posibilidad de una vinculación entre la representación levantinista y la entidad gimnastiquista. “Se viene hablando desde hace algún tiempo en las altas esferas futbolísticas de una fusión de los Clubs Levante y Gimnástico. La noticia tiene más cuerpo que el de un rumor”. El rotativo incidía en una disyuntiva que tomó forma unos días después en el domicilio particular del Sr Valls, a la sazón presidente del Levante F.C. Fue el seis de agosto de 1939 y junto al mandatario del club marino y Gallart, secretario técnico del Levante, compartían este histórico encuentro, para sancionar los acuerdos definitivamente establecidos, Isaías Aspas y Gil Lisandro como representantes del Gimnástico. Antonio Cotanda representó a la Federación valenciana. En realidad, se le atribuye al presidente del máximo organismo del balompié la paternidad del enlace. Es muy posible que la Delegación Nacional de Deportes de FET y de las JONS no perdiera de vista la evolución de esta entente. La tradición siempre ha reivindicado que la fusión surgía como consecuencia de sendas premisas indisolubles que acentuaban por una parte la calidad de la plantilla del Levante, y la pésima situación del Campo de La Cruz, una noción que descarta Miquel Nadal al plantear que fue anexionado por Delegación Nacional de Deportes, y el óptimo estado del campo de fútbol del Gimnástico; el mítico y legendario Vallejo.

La alianza parecía inevitable. Y una solución exitosa en un momento de reconstrucción tras el final del conflicto bélico que había asolado la península entre el verano de 1936 y abril de 1939. Nacía el UDLG siglas que escondían una denominación que no hizo excesiva fortuna: Unión Deportiva Levante-Gimnástico. El martes 8 de agosto La Provincias sintetizaba el contenido de esta vinculación. “Celebramos esta fusión que tiene, como todas las cosas, su lado bueno y su aspecto que no lo es. Pero Creemos que es una excelente idea que ha de redundar en beneficio de la nueva sociedad y del fútbol valenciano. En las condiciones un tanto precarias con que se desenvolvían y ante la eventualidad poco favorable de seguir jugando partidos en sus campos y teniendo en cuenta el estado actual del campo del Levante, destruido y distante de los Poblados Marítimos, estimamos que ha de resultar beneficiosa esta fusión. Es preferible tener un club potente y digno rival del Valencia en importancia material y deportiva, que no tres  clubes y que dos de ellos vivieran deficitariamente limitándose a ir trampeando. Bien orientado el nuevo club ha de seguir dando días de esplendor al fútbol valenciano cual cumple a la ejecutoria del historial de los dos nombres que desaparecen”.

El ideario descrito presentaba nuevas variantes en este proceso. Surgía el mito de la bicefalia; una ciudad con dos equipos potentes que pudieran asentarse en el marco de la Primera División como sucedía en otros escenarios. Y el debate se sucedía en Valencia desde los años treinta. Este planteamiento convergía con el crítico contexto económico como secuela de la Guerra Civil. Mejor congregar fuerzas que disociarlas. El 9 de agosto el club gestado reclamó su condición de aspirante a la Primera División. El historial y logros deportivos de las instituciones unidas, la naturaleza de decano del Gimnástico como reclamo, el paso del Levante por la Copa de España del ejercicio 1934-1935 tras llegar a semifinales, el ascendente de Valencia como entorno urbano, el potencial demográfico y la fluidez de las comunicaciones con otros espacios, principalmente a través de la red ferroviaria, así como el ejemplo descrito en otras ciudades como Barcelona, Sevilla o Madrid alimentaban esta ambición que, no obstante, nunca llegó a materializarse. El UDLG se presentó en sociedad en septiembre de 1939 con una derrota en un choque amistoso ante Burjassot (2-1). El 1 de octubre se estrenó en el ámbito del postrer campeonato regional en Alzira (0-2) y quedó enmarcado en el Grupo III de la Segunda División. Al final del curso disputó la promoción de ascenso a Primera.

La fusión fue un capítulo controvertido por su impacto. Quizás uno de los aspectos más llamativos fue la celeridad y la sorpresa que generó. Desde abril de 1939 apenas si existían indicios de tal anclaje. De hecho, los clubes valencianos, en alusión al Valencia, Levante y Gimnástico, atravesaban por un proceso de reconstrucción. El 1 de junio Las Provincias advertía que Isaías Aspas asumía la presidencia del Gimnástico. La entidad gimnastiquista se preparaba para formalizar un equipo que retomara con garantías la competencia en el interior del verde. Por esas fechas, los gestores del Levante se planteaban un plan de actuación para acometer una profunda reforma del Estadio del Campo de La Cruz. A finales de junio, el Levante y el Valencia se enfrentaban en Mestalla. Unos días más tarde el turno fue para el Gimnástico en el coliseo valencianista. En julio se presentó el Trofeo Hidráulico con participación del Valencia, Levante y Gimnástico.

Nada parecía presagiar la fusión soldada en las jornadas iniciales de agosto. Es más cada club actuaba por separado en su nueva vertebración. El hecho obliga a pensar. Quizás el orden político demandaba una actuación de semejante calado. El Levante, un club de ascendente republicano asociado a los Poblados Marítimos, y el Gimnástico, de raíz jesuítica, vinculado al universo del Patronato de la Juventud Obrera, dos universos convulsionados durante la guerra y los años inmediatos, borraban sus identidades fundacionales para gestar un nuevo club que trataría de moldear una psique distinta. En esa cuestión radicó la complejidad de la fusión. La unión olvidó la naturaleza y el credo de cada sociedad. Y amalgamar esos universos y esas mentalidades significó un camino repleto de espinas que necesitó de un largo recorrido durante los autárquicos años cuarenta. Y sirva de ejemplo el testimonio del legendario Dolz, protagonista de esta vinculación como jugador del Levante y eterno capitán, en Deportes en la segunda mitad de los cuarenta. Sus manifestaciones son reveladoras. “Nos parecía como si jugáramos ante un público neutral con un jersey prestado. Nos faltaba aquel calor que nos daba la hinchada de los Poblados Marítimos”. El UDLG trató de unir dos mundos antagónicos; el centro de Valencia con la tradición republicana de Los Poblados Marítimos. Y el proceso fue costoso.   

 

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