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Primera | Domingo, 11 Mayo 2008 14:05

Contra viento y marea

Los jugadores del Levante afrontan su semana más difícil

En apenas unos días, la plantilla granota ha visto desaparecer toda esperanza de cobrar la deuda, ha tenido que soportar la pedantería del antaño máximo accionista y ha sufrido un nuevo desplante por parte de ese Consejo que se niega a buscar soluciones. Para colmo ni el tiempo les acompaña; la misma lluvia que ha obligado a suspender el último entrenamiento redujo a 300 el número de asistentes a una manifestación que debió ser multitudinaria.

María Galán | NOSTRESPORT.COM
No es justo. Después de meses dejándose la piel en el campo sin percibir su sueldo correspondiente por ello, después de haber sobrevivido el último año con el 20% del sueldo, a los jugadores del Levante se les acaban las ganas de luchar contra todo y contra todos.

La primera reacción fue un amago de huelga en Riazor, una protesta que debía despertar conciencias y sólo hizo que los de arriba hiciesen lo de siempre: mirar para otro lado. Y es que los jugadores del Levante, de repente, se encontraron con otra promesa que desaparecía, otra mentira que sumar a la cadena de falacias con las que el club ha intentado proteger sus intereses y nunca la de aquellos que domingo tras domingo defienden la camiseta granota.

“No aceptaremos más mentiras” decía Rubiales para después garantizar que no habría huelga ante el Valencia por respeto a una afición que continúa manifestándoles su apoyo.

Villarroel. En un intento desesperado de soliviantar su situación, los jugadores del primer equipo buscaron a Pedro Villarroel; querían que se les dejase gestionar ellos mismos el préstamo en nombre del club porque pocos podían creer que, en dos semanas, no se hubiese avanzado ni un ápice. La idea era que fuesen los capitanes quienes hablasen con el ex presidente del Levante, pero la mala suerte hizo que se lo encontrasen en el hall de su lugar de trabajo y ocurrió lo inevitable.

Villarroel increpó a los jugadores e hizo lo de siempre, echar las culpas a otros; buscó el enfrentamiento con el canterano Armando diciéndole que no lo conocía y amenazó a Rubiales con un “vas a ir al infierno” en un intento de dejar mal a los únicos que están haciendo algo por este Levante que agoniza.

Sin soluciones por parte del Consejo. Pero no terminaron ahí los despropósitos de los máximos dirigentes del club granota. A media tarde, horas antes de la manifestación convocada por los trabajadores de la entidad, el Consejo emitía un vergonzoso comunicado para desmarcarse de la actuación de los jugadores. Patético.

Al Levante sólo le faltaba que el tiempo se le pusiese en contra y lo hizo; la intensa lluvia que caía sobre la ciudad de Valencia hizo que más de uno se quedase en casa cuando habría querido estar ante el estadio, gritando su frustración contra los máximos responsables del fracaso levantinista, un fracaso que se ha gestado en los despachos y no en el campo como, desde arriba, se quiere hacer ver.

“Solución o dimisión” piden los jugadores, pero en el fondo saben que ni lo uno ni lo otro. Sólo les queda el consuelo de que la Liga se acaba en dos semanas y podrán escapar de esta pesadilla que ha dejado a muchos sin coche y sin casa.
 

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