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Mundial de Motociclismo | Viernes, 04 Octubre 2013 09:44

Jonas Folger: Con un sueño en la maleta

En Schwindegg –localidad de 3.500 habitantes situada al sudeste de la Alta Baviera, aproximadamente a setenta kilómetros de Munich- si no eres granjero eres esquiador. Los latifundios, infestados de pinceladas de ganado bovino, se extienden allá donde la vista alcanza, en una atmósfera inevitablemente bucólica. Campos, vacas, toros y piensos… Es un círculo laboral bastante angosto, donde todos los vecinos se saludan cada mañana, se conocen desde siempre. El invierno es duro en Schwindegg, el frío se torna azul eléctrico y los termómetros pierden la conciencia. Nada perturba la tranquilidad tras los muros recios que aíslan de la petrificación azul. Los fines de semana son para la familia, para derrapar por las montañas vecinas, siempre adornadas de blanco nuclear.

Jonas Folger es natural de Schwindegg, su madre es oficinista en Munich y su padre regenta un taller de coches, se libró de las granjas pero no del esquí. Aunque ahora es un mozo atlético, como buen bávaro, de pequeño era un renacuajo. Dicen los que le conocieron de pequeño que iba para esquiador profesional, sorteaba con destreza las balizas de cualquier pista y no había competición que se le resistiera. Pero quiso el destino que se dedicara a las motos. Menudo, enjuto, y con la timidez que en la juventud todavía le acompaña, sacudía la armonía de su localidad con los berridos de su Malaguti de 50cc, haciéndose notar muy a su pesar. Su padre tuvo buena parte de responsabilidad, regalándole aquella moto, e inscribiéndole en campeonatos locales de mini-motos y posteriormente en el nacional alemán. 

Sin quererlo, a los doce años se vio viajando regularmente a España, enrolado en la MotoGP Academy. Un proyecto muy ambicioso para jóvenes promesas del motociclismo internacional. Viajaba solo, dormía en un centro de alto rendimiento, tenía tutores que controlaban su desarrollo físico, le obligaban a aprender inglés, le ponían deberes y buscaban una escuela especial para que no descuidara su formación académica. El plan era perfecto, para un autómata, pero la resolución, eso era otra cosa. Qué dura la vida del deportista de élite, y qué sacrificada. Jonas Folger se daría cuenta posteriormente, de hecho recientemente, de que su pueblo, rodeado de nieve y condiciones adversas durante el ochenta por ciento del año, no era el mejor escenario para lanzar a un piloto profesional de motos. España era su mejor opción, pero a los doce años Jonas solo pensaba en divertirse, y no entendía la vida lejos de su familia y sus amigos del colegio. 

Aun así el plan fue efectivo y en 2006 concluyó tercero en el Campeonato de España de Velocidad, en el que figuró dos años más hasta llegar al Mundial, entonces pudo regresar a Alemania, y recuperar el tiempo perdido. Salir de la MotoGP Academy y empezar a volar en solitario le descubrió una libertad apabullante, que no supo gestionar, y le despertó de aquel juego de niños. Jonas Folger iba para profesional del motociclismo pero todavía no había tomado conciencia. Alistado en un equipo mundialista, completaba periodos de entrenamiento en Italia, pero siempre prefería pasar los inviernos en Schwindegg, al abrigo de su familia. Cada día que la nieve cubría la puerta de su casa, obligándole a posponer su entrenamiento con un manillar entre manos, le restaba destreza y técnica, era un metro de terreno que perdía frente a sus rivales. Pertinaz y disciplinado, hacía de su entrenamiento intramuros el pan nuestro de cada día, pero siempre se quedaba algo en el tintero. 

Piloto de raza

No quería ser uno más, no quería engrosar la parrilla, por eso fichó por el MAPFRE Aspar Team a mitad del 2012, y por eso empezó a perfilar la idea de mudarse a España, con un sueño en la maleta. El invierno pasado recuperó la frecuencia de sus viajes en busca del clima mediterráneo, en busca de las condiciones idóneas para practicar supermotard, ciclismo y motocross sin tener que pedir permiso al cielo. Y justo al inicio del parón veraniego de esta temporada 2013 cambió su Schwindegg natal por la Costa Brava. A Marcel Schrotter, piloto mundialista alemán y amigo de Jonas Folger, también le sedujo la idea. De modo que ahora comparten una casita en Tordera, localidad ubicada en la montaña y a escasos diez minutos del mar (Blanes). 

Jonas Folger arranca su jornada a las siete de la mañana. Desayuno, control de material, calentamiento y acción. Tres horas de moto o bici por la mañana, cocinar, tareas del hogar, descansar y dos o tres horas más de entrenamiento por la tarde (kayak, natación, senderismo, escalada, gimnasio…). Son tantas las disciplinas deportivas, las posibilidades y los lugares a los que acudir para ejecutar su plan de entrenamiento, que el piloto MAPFRE Aspar vive un estallido de emociones continuo. La variedad le permite buscar nuevos límites y ser cada día más competitivo y versátil.  Dependiendo del calendario, de vez en cuando vuelve a casa, a Alemania, a su entorno campestre. Sin olvidar que tiene un sueño en la maleta, por el que viajará hasta el último confín del mundo si es necesario. Quiere continuar siendo piloto profesional, vivir de las motos, y poder entrenarse en condiciones para ello, como lo hace actualmente a orillas del Mediterráneo.

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