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Editorial |

¿Mundial o Campeonato de España?

Devaluación o éxito absoluto

Qué lejos quedan aquellos duelos de los 80 y 90, cuando nos levantábamos a las 4 y a las 5 de la mañana (o no nos habíamos acostado) para ver las carreras de Japón de ese momento, para ver si los pilotos españoles conseguían batir a los monstruos de la velocidad: Rainey, Schwantz, Doohan, Gardner, Spencer, Roberts…

La españolización progresiva del Mundial los últimos 15 años es un proceso muy largo de explicar pero rápido de presenciar. Sólo queda Valentino Rossi como reclamo mundial realmente ‘vendible’. Tan malo era cuando no había españoles en 500 cc como ahora que no hay otra cosa. Lo poco gusta y lo mucho cansa. Esto es una realidad y no es cuestión de ser ‘chauvinista’. La retransmisión novedosa de este año en TV, al socaire de las nuevas figuras españolas, evidencia que algo está pasando en los derechos televisivos y en las audiencias. No es cuestión de que la bandera nacional y el himno por triplicado cada 15 días nos oculte el verdadero problema planetario que sufre este deporte. En España el trabajo de estos años es soberbio en el mundo de las motos en todos los niveles, pero habría que preguntarse qué ha pasado en las tradicionales potencias mundiales. Un mercado no se puede abandonar de esta manera a sólo un país. Hay que cultivar más zonas de interés porque de lo contrario se hace minúsculo el mercado al que se llega. Hay que agrandar el negocio, no empequeñecerlo.

Cuando Ángel Nieto se batía el cobre en los 70 y era un pionero sufrió muchas injusticias y ninguneos debido a que el poder de las dos motos estaba en otras latitudes. Y no se trata de ser revanchistas ahora precisamente.

Una propuesta que puede ser interesante es que debería haber un cupo o tope por países, tres por ejemplo, y fomentar las ayudas a la internacionalización de nacionalidades, porque esto es el Mundial no el campeonato de España. Es mejor más industria y trabajo y no tanto piloto. Aunque el talento español es evidente y palmario. Y todo se ha conseguido de manera legítima y con honores. Pero alguien se imagina el honor y la gloria de un Mundial de Fútbol en el que España no tuviese enfrente a Brasil, Alemania, Holanda, Argentina… Esto es lo que hay que evitar: romper la gallina de los huevos de oro.

El campeonato tiene que funcionar como la Vuelta a España de ciclismo de los 80 y 90: tiene que haber españoles, y muchos, pero también ‘los malos’ de la película en cada edición (Hinault, Rominger, Kelly, Ullrich, Robert Millar). Hace falta un ‘ogro’: un Stoner, Biaggi, Doohan... Si en una carrera lucha Márquez contra Lorenzo y Pedrosa, se acerca Bautista con Espargaró… con quién va el espectador no tan entendido si todos son españoles. Al gran público se le llega con rivalidades, como se aprecia en la F1 con los duelos de Alonso con Hamilton y Vettel. En las categorías de Moto 2 y Moto 3 es más asumible, pero en Moto GP se debería fomentar un Mundial con todas las letras. Bradl puede ser una promesa, pero hay que introducir a más nacionalidades en liza: USA, Japón Australia, Italia…, porque esto alimentará el Mundial y la atención mediática y televisiva. Es evidente y se aprecia en la historia del campeonato.

 

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