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Editorial |

“Está muy repartido”

El tema de los premios individuales ya cansa

Polémica entre Marcelino, Nuno y Liga.

En la época de individualismo y egoísmo que nos rodea en la sociedad actual, el deporte, y más concretamente el fútbol no iba a ser ajeno. Si bien es cierto que a todo el mundo le gusta recibir premios, no lo es menos que entre el Balón de Oro, la polémica Gala de la Liga, en la que no se premió oportunamente al Atlético de Madrid, campeón liguero, ahora el tema del entrenador del Villarreal, Marcelino, con el galardón a Nuno…

Las condecoraciones y ‘autogalardones’, tan queridos en España, y con muchos ejemplos, alimentan la vanidad y el ego y no fomentan precisamente los valores de grupo, equipo, unidad... para los niños.

Hoy en día un chaval que empieza en el mundo del fútbol llega un momento que prefiere o antepone para su carrera como meta alzarse con un Balón de Oro antes que conseguir títulos con su equipo y compañeros.

El culto a la imagen y al ego, fomentado por el marketing y el la mercadotecnia de las grandes empresas patrocinadoras, controlan a jugadores que cambian de equipo en función de su marca personal. Ejemplos como los de Messi, cuya marca no coincide con la del Barcelona, o Cristiano, que no lleva la del Madrid, siempre entran en la rumorología para cuando se habla de un cambio de colores y quién respaldaría con dinero.

El espíritu deportivo, tan contaminado desde siempre, conlleva pocos premios individuales y sí grupales en su origen. El ego y la vanidad, al servicio de los intereses económicos más elementales, se ha apoderado de todo. Hasta los Juegos Olímpicos, ese ejemplo de pureza en sus orígenes, tienen la mácula de 1996 en Atlanta, elección por ser una ciudad con la sede de grandes corporaciones.

La ceremonia que se crea cada vez que se otorga un premio es ciertamente sonrojante.

Ejemplos como el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, que si el premiado no lo va a recoger tiene menos opciones o casi nulas de alzarse con la mención de honor, son palmarios.

La envidia, el deporte nacional, entra de manera definitiva en colisión con la justicia en este tema.

A veces que te den un premio, más que una gracia es una desgracia.

 

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