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Editorial |

Tierra de jugadores

Históricamente al Valencia le pasaba como al Real Madrid y no así como al Barcelona, con respecto a su afición: Era tierra de jugadores y no de entrenadores.

En el club blanco no se le otorgaba valor al técnico y en los culés, en cambio, desde la época de Helenio Herrera y después cuando llegaron los entrenadores alemanes u holandeses, Rinus Michels, Weisweiler, Lattek… era signo de distinción y diferencia, tan del gusto por aquellos lares.

En el Valencia se apreciaba mucho más el quehacer del futbolista, desde siempre, que el del míster. De hecho si se preguntara que entrenador ganó la primera liga en 1942 del Valencia (Ramón Encinas) poca gente lo recordaría y sí cracks de otros tiempos como Puchades, Wilkes…

 

Maledicencia

 

Con la llegada de Kempes a Mestalla se quedó definitivamente este aserto en la mentalidad futbolística, para ser el murciélago del escudo, como fue Arias, Mijatovic, Fernando, Mendieta o Albelda.

Casos como los de Cúper, barraquero para algunos además de gafe en las finales, y su episodio tan recordado en el coche cuando fue ‘mecido’, Quique (“Me aburro”) o Emery (‘Sor Citroen’, ‘Hyundai Emery’) alimentaron esa leyenda.

Aunque la excepción evidente es Benítez o en su momento se quiso con Parreira, que no cuajó.

Ahora Nuno es otro más en la lista. Y se lo ha ganado a pulso, creen algunos. Sus críticos Le llaman el koala por su apariencia y por cómo se agarra al que manda.

La afición del Valencia es soberana y tan respetable como cualquier afición, más por ser de aquí y ser más conocida por tanto. Ha visto mucho fútbol y nadie va a venir a darle clases. Respeto. Y si se expresa la afición, atención al mensaje y a hacer caso.

 

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