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Editorial |

La transición agridulce

¿Es la Selección un plan de pensiones, una pensión directamente o una oposición? Pues no debería.

Se plantea como estación de término, pero no debe ser un lugar en el que perpetuarse. La época de Kubala queda muy lejos en el tiempo y era otro momento histórico. El exjugador del Barcelona y Espanyol estuvo más de una década, pero había otra exigencia y se entendía que evitaba problemas. Todo cambió con el Mundial 1982, donde se vio que esto ya no era lo que había sido y se entraba en una nueva época.

En casos como el de la eliminación, casi sonrojante, contra Italia, debería ser en la misma rueda de prensa posterior al partido. Ni reunión con el presidente ni historias para no dormir. El seleccionador se debe a los aficionados, no al presidente de la federación, mero ejecutor de un cargo. Es el equipo de todos…

A España le ha pasado que, con una gratitud mal entendida y desmedida, se ha sido rehén de un grupo de jugadores saciados de éxitos. Del Bosque se tenía que haber ido la extraordinaria noche del 4-0 a Italia en la final de 2012 de la Eurocopa. En lo más alto, a la altura de las estrellas y sin contestación de nadie. Triunfador absoluto. Pero no. La vanidad, tan humana, o el puesto acomodaticio del nuevo ‘marqués’ en un cargo cómodo para él, sin críticas de la prensa le servía como atalaya para seguir. Pero han llegado las vacas flacas…

La transición dulce se ha agriado, con el ejemplo de Iker en todas las salsas, como vigilante de todo el sainete. Una figura extraña en este vodevil final.

Esta España se ha deshecho de tanto azúcar y estar sobre algodón muelle.

 

 

 

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