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Opinión | Martes, 20 Febrero 2018 00:00

Sin margen para el error

Foto: LFP Foto: LFP

Ayer se vivieron unas horas tensas en el estadio Ciutat de València que finalizaron con la continuidad de Juan Ramón López Muñiz en el puesto de primer entrenador

"Muñiz es mi entrenador, es el entrenador del consejo", con estas palabras Quico Catalán confirmó que Muñiz entrenaría al Levante como mínimo hasta el lunes que viene. Una decisión para unos aficionados lógica, para otros controvertida y para otros inconcebible. El entrenador del ascenso, del que tan bien se hablaba el pasado año está por debajo cualquier expectativa en las últimas jornadas y vive sus horas más bajas. La cara ofrecida por el equipo en San Sebastián fue tan mala que propició una reunión de urgencia para tratar el futuro de Muñiz.

Llegados a este punto, en el que parte del consejo de administración está a favor de la destitución del técnico asturiano, Muñiz no tendría que continuar. No por capacidad, que la tiene por lo demostrado el año pasado, sino por una cuestión de confianza. Una confianza que se ha ido agrietando con el paso de las jornadas y que ha llegado a un punto cercano al de no retorno. Trabajar sabiendo que te miran con una lupa más grande, con consejeros que no te tienden la mano como antes, genera un clima de desconfianza que no ayuda en nada. Pero la decisión está tomada.

Pero si a algo debe agarrarse Muñiz son a sus dos pilares fundamentales. Vestuario y dirección deportiva. El vestuario cree en su entrenador, a pesar de la pésima racha y la imagen en Anoeta; encarnados en la figura de Morales, creen que es la pieza necesaria para devolver alegrías a la afición. A estas alturas es indiscutible que Tito y Carmelo del Pozo apoyan y creen a Muñiz. Si no llega a ser por ellos, seguramente el asturiano empaquetando sus últimos enseres y despidiéndose del Levante. Es más, los dos hombres fuertes en la parcela deportiva, se reunieron horas antes en Buñol para comunicarle al entrenador que siguen apostando por él y que defenderían su continuidad a bordo de la nave en el consejo.  ¿Y Quico Catalán? Su apuesta está, precisamente en las manos de la dirección deportiva "la decisión es apoyar, ayudar y colaborar para el objetivo (...) La dirección deportiva nos ha transmitido su plena confianza en el trabajo, en la plantilla, en el mister, en que estamos en el camino correcto, en que tienen que llegar las victorias y los puntos para el objetivo. Tenemos que corregir cosas y ayudarnos entre todos". Confió en el proyecto de ascenso de Tito y Carmelo, por lo que casi por fuerza está obligado a seguir creyendo en ellos, al menos hasta el lunes.

En los últimos 19 partidos ligueros, el Levante solo ha podido ganar en una ocasión fuera de casa ante Las Palmas. Y desde entonces, doce sin ganar que se traducen en 7 derrotas y 5 empates, 5 puntos de 36 posibles, unos números bastante infames para merecer quedarse en la élite del fútbol español. Poco queda para que los aficionados no recuerden la última vez que su equipo ganó en su estadio. El 21 de septiembre de 2018 frente a la Real Sociedad, precisamente. Casi cinco meses sin llevarse una alegría pesan y el run run es entendible, pero olvidándose de todo esto, el Ciutat que se deja la voz en empujar a su equipo.

Con Quique Setién empezó la mala racha y con Setién se puede acabar el ciclo de Muñiz en el Levante o el inicio de una serie de buenos resultados para los de Orriols.

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