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Opinión | Lunes, 16 Septiembre 2019 12:16

Es lo que hay

Foto: LFP Foto: LFP

Con un comunicado tan escueto como delirante, el departamento de prensa del Valencia CF resumía, tras la manita en forma de bofetada a mano abierta del sábado, la situación del club.

No esperábamos más del gabinete de prensa del excelentísimo caudillo del Valencia CF por gloria de Buda, tan parco en palabras que, después de cinco años, todavía no sabemos si gasta voz de pito, grave o si es el mismísimo Constantino Romero de Singapur. Tampoco podemos decir que su primer lugar teniente al mando D. Anyl “instagramer” Murthy nos tenga demasiado acostumbrados a locuaces explicaciones sobre este o aquel asunto de actualidad del club, al menos con sentido o interés.

 La guinda del comunicado tras lo cinco chicharros fueron cuatro palabras que nada más leerlas tuve que tirar de Fortasec para evitar una catástrofe mayor: “es lo que hay”. Bravo. Olé. Les ha faltado decir “a fastidiarse y a bailar chatos, que para eso es mi club y hago lo que me viene en gana”. Para el caso es lo mismo pues, aunque no lo hayan puesto de manera expresa, en Valencia ya todos lo sabemos.

 Por cuestiones profesionales he tenido ocasión de compartir cacaos y olivas en santa ceremonia de almuerzo valenciano con muchos empresarios. Recuerdo uno por la zona de la Safor en el que uno de ellos comentaba mientras removía su “cremaet” que lo más difícil en una empresa y lo que a uno le quita el sueño es la toma de decisiones, no sólo porque de ellas dependa tu negocio, sino porque de ellas dependen cientos de familias de trabajadores. Por ese motivo, me comentaba, “las consecuencias han de ser profundamente valoradas antes de tomarse la última decisión”. Creo que su excelencia esto no lo tiene claro, y es que además cuando tu sociedad es un club de futbol de tus decisiones dependen la felicidad de ilusión de cientos de miles de valencianistas que como yo nos fuimos el sábado a la piltra encontrando toneladas de tristeza bajo el cochón. No es cuestión de valorar ahora lo acertado o equivocado de la decisión de fulminar al entrenador, es cuestión de realizar un rápido análisis comparativo del resultado y de las sensaciones del sábado con las de aquel orgasmo colectivo vivido la noche del 25 de Mayo jugando contra el mismo equipo pero debilitado sin su mejor jugador. Y es que, aunque sea pronto para sacar conclusiones, no hay que saber mucho de futbol para saber que cesar al entrenador en la previa de dos partidos clave de la temporada es una locura propia del más absoluto de los delirios,. Tampoco hace falta conocer mucho a este equipo para saber que los jugadores no van a poder sacar esto adelante ellos solos, que es exactamente como están ahora.

 Su excelencia podrá ser el máximo accionista de la sociedad, pero no es el dueño, ni por razones societarias objetivas ni mucho menos por razones sentimentales. Las primeras hablan de los miles de accionistas que todavía poseen el 20% del club y que también son dueños de la sociedad, por mal que le pese a su excelencia y su tropa. Las segundas van mucho allá, y es que, para miles de aficionados valencianistas, el Valencia es algo más, es un sentimiento trasmitido por nuestros padres que forma parte de nuestra vida y que está instalado irremediablemente en nuestro ADN y en nuestra manera de sentir y entender el futbol, más allá de que la mayoría accionarial esté en manos de uno o de otro.

 

Ahora somos nosotros los padres e intentamos trasmitir a nuestros hijos el mismo cariño por un club que desagraciadamente, y a menos de que algo cambie, va a la deriva y está abocado a al fracaso. Somos padres que sentimos que nuestro un hijo viaja en un avión pilotado por un piloto recién salido de la academia cuya única experiencia son unas cuantas horas al mando de una avioneta de recreo. En fin, es lo que hay.

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