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Opinión | Lunes, 07 Octubre 2019 20:03

Mestalla Hits

Mestalla Hits

Segundo episodio de la serie “el delirio” basada en hechos reales y que reproduce de manera literal y en forma de comunicado la actualidad social y deportiva del Valencia CF.

En esa ocasión sucedió que el pasado 4 de octubre el departamento de prensa de Anyl Murthy nos regaló otra esperpéntica nota digna de Valle-Inclán dando sus razones por las que reevaluaban las fechas de un proyecto solidario propuesto por Cañizares y al que le daban correspondiente carpetazo y tremendo soplamocos. ¿El motivo? básicamente ninguno, ¿las nuevas fechas? pues como que ya las irán diciendo si eso, pero que de momento ningunas. ¿La realidad? La que todos ya conocemos y que a nadie se le escapa, y es que a pesar de que el Valencia en boca de Mateu se comprometió en su día a realizarlo con gusto, los recientes comentarios televisivos y radiofónicos de Cañizares criticando el despido de Marcelino no han gustado ni un poquito a la tropa de Singapur. Ríete de la novia de Kill Bill y de su propósito vengativo de liquidar uno por uno a todos los que le pusieron la pierna encima. Está claro que los orientales que nos gobiernan no quieren quedarse en menos en su homenaje a Hattori Hanzo y compañía.

Algo tan sencillo como abrir las puertas del club a un grupo de niños con cáncer para que pasen un día con sus ídolos y se sientan ellos las estrellas ha sido rechazado de la manera más cruel posible por el embajador simplemente porque el patrono de la fundación era Santi Cañizares, quien por otro lado constituye una de las máximas leyendas del Valencianismo y el verdadero punto de inflexión para que el Valencia, allá por el año 99 y junto con la llegada del “Sr. Rinaldi”, pasara a de ser un equipo sub.-campeón de liga y copa a uno campeón de copa, liga y UEFA.

La gota que colmó el vaso fue la reacción de Anyl a los canticos que la parroquia le dedicó a su jefe sugiriéndole que sacara billete de vuelta a Singapur y que por favor pusieran en venta sus acciones. Que nadie se equivoque, la gente no le pide que se vaya y punto, tan solo que reaccione, que interiorice el fracaso de su gestión y sobre todo el abandono de la afición para que ponga su paquete de acciones a la venta a la espera de aparezca algún comprador. A lo mejor va y aparece. Vete tú a saber. Si no lo hace nunca se sabrá. Y ponerlas a la venta por 300 o 400 millones de euros es lo mismo que no hacerlo. A lo que iba, y es que al diplomático no se le ocurrió otra cosa que mandar callar a su afición con un gesto que nos recordó al de Raul en el Camp Nou tras colarle aquella cuchara a Hesp frente un ojiplático Joan Gaspart.

Tras ese gesto sólo se me ocurre una disyuntiva, que a este tío la situación ya le supera y no sabe ni lo que hace o que es un provocador de primera división.

Creo que no me equivoco cuando digo que la afición del Valencia que acude religiosamente cada 15 días al Coliseo a pesar de los horarios que Tebas les propina, no es la más original del mundo a la hora de dirigir sus mensajes al palco en forma de canción. El repertorio se basa principalmente en dos melodías: una adaptando el texto que se desee al  tono de Guantanamera y que tuvo su punto de apogeo a finales de los ochenta con el mítico e inmerecido “suelta los duros, Arturo suelta los duros”, y otra con la que Mestalla ha conseguido sacar a entrenadores de enjundia y calado como Quique, Cúper o Unay y que empieza con el lolololo…lolololo,  continúa con el nombre del entrenador o presidente en cuestión y concluye con el socorrido “vete ya”. Este último fue el que escuchó alto y claro la diplomacia el sábado pasado entre miles de linternas de móvil.

Pocos entrenadores o presidentes han sobrevivido al temido hit “vete ya”, al menos aquellos que han intentado comprender y empatizar con el aficionado y que se han visto con la responsabilidad de achacar el mandato que la afición le impone en forma de canción.

Una prueba más, y ya van varias, de que a esta directiva se la trae básicamente floja lo que la afición de Valencia en su mayoría quiera o desee.

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