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Opinión | Lunes, 22 Febrero 2021 12:43

Eres old, pero... ¿así de old?

Se habla de: Villarreal CF,

Fotografía; Villarreal C.F. Fotografía; Villarreal C.F.

De David Alagarda Broch

En la vida es necesario ser fiel a las propias ideas, pero ¿hasta qué punto? Cuando nuestra forma de ver el mundo se demuestra equivocada hay que saber virar el rumbo para no quedarse desfasado. Adaptarse o morir. Aunque suene impopular, la selección natural de la que hablaba Charles Darwin sigue causando estragos en la actualidad hasta llegar a superar el ámbito de la biología e implantarse en el mundo de las ideas y, por ende, en todos los ámbitos de nuestra vida.

Y como no podía ser de otra forma, el deporte y, concretamente el fútbol, no es una excepción. En este deporte que cada vez se vive más al día todavía perdura esa rara especie de entrenadores que se aferran a una idea que en su día les llevó a la cima como si de un clavo ardiendo se tratase. Y se están quemando. Mientras el fútbol les pide que se adapten ellos le dan la espalda para seguir apostando por ideas que ya fueron superadas o, incluso, batidas y rebatidas en el césped.

Otros sí han sabido adaptar su ideario a los nuevos tiempos, pero no es suficiente. El fútbol es un ente vivaz, dinámico y volátil que cambia a medida sus integrantes profundizan más en él. Lo que te funcionaba en enero puede ser ineficaz en diciembre. De hecho, lo que te funcionaba en el minuto cuatro de encuentro puede ser contraproducente en el 93.

Ahí reside el valor de los nuevos entrenadores intervencionistas como puede ser el alemán Julian Nagelsman, que saben qué tecla tocar y cuando hacerlo para cambiar el devenir de un encuentro. Tampoco hace falta irnos al extranjero. Recientemente tenemos el ejemplo de un entrenador que con solo permutar dos piezas consiguió alterar el guión del partido. Marcelino García Toral, pudo empatar e incluso ganarle la ida de las semifinales de Copa del Rey al Levante con solo romper con su centro del campo de garantías para repensar el equipo.

Y en esta asignatura, tan simple como necesaria, Unai Emery suspende todos los exámenes. Pese a no ser todavía una de las momias de la liga, el técnico guipuzcoano ya empieza a exhibir teclas de entrenador veterano. Si bien hay que reconocerle que supo cambiar el planteamiento del equipo a principio de temporada (y desde Nostresport lo hemos hecho en innumerables ocasiones) también es necesario recriminarle que no ha sabido darle una segunda vuelta de tuerca al equipo cuando se ha enfrentado a un escenario adverso.

No hablo solo de partidos trascendentales donde Emery ha tenido que reinventarse para paliar las bajas del equipo. Me refiero también a partidos como los del Elche, el del Cádiz, el del Betis o, sin ir más lejos, el de ayer domingo contra el Athletic que rompieron con el esquema del equipo. La solución de Unai ha sido siempre la misma sea cual sea el contexto. No importa si le estás endosando cuatro goles al Celta o si es el Betis el que te está derrotando en casa. Da la sensación de que Emery confía tanto en su plan que no concibe la idea de que otro colega suyo haya podido contrarrestarlo.

Esta es la soberbia que le está costando al equipo la eliminación copera y una racha de seis partidos sin sumar los tres puntos. Habrá quien encuentre su razón de ser en los éxitos que consiguió en Sevilla o en los terceros puestos, que a la postre han demostrado ser más meritorios de lo que inicialmente parecían, en el Valencia. A todos ellos les invito a fijar su mirada en la experiencia internacional del entrenador del Villarreal, que cuando se ha enfrentado a nuevas culturas futbolísticas en escenarios de alto nivel ha fracasado estrepitosamente.

En el futbol, como en la vida, hay que ser fiel a las propias ideas, pero también hay que ser consciente de cuando estas caducan para saber reinventarlas. Si hacemos caso a la formulación teórica de Darwin el Villarreal está muriendo de viejo. El Villarreal es ‘old’… así de ‘old’.

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