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Reportajes | Miércoles, 28 Marzo 2018 00:00

A propósito de los clásicos

A propósito de los clásicos

¿Quién no ha soñado con tener un Alfa Romeo Spider del año 83, un Ford Thunderbird V8 del 61 o disfrutar de un coche clásico? Toda esta tipología de vehículos antiguos tiene un aura especial que les rodea. El sonido de las entrañas de su motor, sus formas que delinean su figura o solo su mera presencia son susceptibles de que la gente de alrededor se quede prendado de él y le preste atención durante unos segundos y su conductor sienta algo indescriptible.

¿Qué es lo que hace falta a un coleccionista o a un aficionado que quiera seguir ampliando su colección o empezar una? Obviamente, tener solvencia económica para poder adquirirlo y mantenerlo en las condiciones que el vehículo merece. Y por supuesto, tener una cobertura de seguros para coches clásicos a medida en caso de cualquier inconveniente que pudiera ocurrirle.

Además, es importante saber que el seguro clásico pueda cubrir tu vehículo de cuatro como de dos ruedas. Porque las joyas del motor tiene solera y una presencia importante en sus dos versiones y hay que tenerlos en unas condiciones excelentes para su conservación y , por qué no, sacarlo a la calle por simple gusto y placer de poder conducirlos.

Las reproducciones de vehículos clásicos de competición también tienen su público específico. Generalmente, este tipo de automóviles atrae mucha más atención a aquellos nostálgicos de  de pilotos de Fórmula 1 de la época de los años 70, 80 u 90 como Emmerson Fittipaldi, Nelson Piquet, Alain Prost o ídolos de las dos ruedas como Mick Doohan, Randy Mamola, Wayne Gardner o el mítico Ángel Nieto entre muchos otros.

Estos vehículos comparten protagonismo con los coches y motos clásicas al uso en citas puntuales, como puede ser en un evento de motor en circuito. Ahí, los grandes tesoros se exponen al gran público, que tiene una excelente posibilidad de tomar una instantánea del momento con su automóvil preferido.

Normalmente, el vehículo clásico, por antonomasia, hace muy pocos kilómetros al año, es como una obra de museo que va de exposición en exposición y es por ello, que tener la seguridad de que una pieza con un valor sentimental y económico tiene un respaldo ante cualquier daño es tranquilizador.  Todo esto no vale si no tienes la pasión, la ilusión y la dedicación necesaria para tener estas maravillas de más de 20 años de antigüedad con unas características tan marcadas.

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