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Leyendas | Viernes, 30 Mayo 2014 14:34

Una historia de magia, sin final feliz

Considerado por muchos como el mejor jugador del mundo antes de Lionel Messi, tuvo la oportunidad de demostrarlo en su plenitud durante los Mundiales de Francia 98 y Alemania 2006 llevando a Francia al título en casa y a una final en Berlin. 

El astro de la Juventus llegaba liderando al organizador del Mundial, aquel equipo de Aime Jaquet que desplegaba elegancia en el verde césped de cada uno de los estadios donde jugaba. 

Su expulsión ante Arabia Saudita por aquella patada a Owairán en el segundo partido había quedado enterrado gracias a grandes actuaciones. 

Y la puja por ser el mejor jugador del Mundial (Y la Copa del Mundo) llegaban cabeza a cabeza junto con el brasileño Ronaldo. El accidente que tuvo el aquel entonces ariete del Inter aseguran que facilitó las cosas en la última prueba. La Copa del Mundo y una extraordinaria  actuación durante la golaeda a Brasil en el Stade de France le brindaron el títilo de mejor jugador de Francia 98 y posteriormente un traspaso millonario al Real Madrid. 

Pero la maldición hizo mella al Mundial siguiente, aquella maldición de la que solo sobrevivieron Italia del 34 al 38 y Brasil del 58 al 62. Un campeón deslucido cayó en el estreno en Seúl contra la sorpresiva Senegal. 

Tras una destacada final en Glasgow con el Madrid y un golazo que quedará en la historia, Zidane llegaba lesionado y el conjunto de Roger Lemerre lo sentiría. Un  empate a cero con la tibia Uruguay de Víctor Púa y otra derrota ante Dinamarca eliminaron al campeón en primera ronda. Zidane, solo disputó unos minutos. Su magia, en pocos minutos, no alcanzó. 

Ya en Alemania 2006 Zidane se quitó la presión . Sería su último mundial y se retiraría luego de finalizar el campeonato del mundo. Pero el equipo de Raymond Domenech se contruiría partido a partido lueo de un tibio empate con Suiza en el debut y eliminando a rivales durísimos como España, Brasil y Portugal en segunda ronda. 

Materazzi, el villano de la película

Tocaba Italia en Berlin para volver a alcanzar la Copa, pero esta vez no sería Deschamps quien la levantaría sino Zizou. El argentino Horacio Elizondo vio penalti a Henry en la primera parte y Zidane intercambió por gol, demostrando por qué era el mejor. Un penalti ejecutado con clase. 

Pero en su camino a la gloria se cruzaba Materazzi: Primero poniendo el empate y decretando el alargue, y luego sacandolo de las casillas hasta el hartazgo y provocando que el mejor del mundo y el más experimentado reaccionara como un niño sin experiencia alguna. Elizondo fue avisado por su asistente y le mostró la Roja al mago. Zidane luego explicó su reacción debido a que el italiano había insultado a su madre pero no justificó su reacción.

Italia era campeón por penaltis, quizá de manera injusta, ya que Francia había hecho todo para ser campeona otra vez. Y la expulsión no eclipsaría su excelente mundial y sería el mejor, una vez más pero sin Copa. 

Pero esa imagen paralizó a millones. La magia, abandonaba el fútbol... para siempre. Y Ya nunca más volveríamos a ver. Un final horrible, para una carrera impecable.

 

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