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Leyendas | Domingo, 06 Julio 2014 04:56

La heroíca historia de Mathias Sindelar y el Wunderteam

Hace mucho tiempo... Antes de Messi, Criatiano e Iniesta. Antes de Maradona, Pelé y Cruyff. Antes de la España de Del Bosque, la Naranaja Mecánica de Michels o los volínes húngaros de Puskas, existió el "equipo de los sueños" donde brillaba el mejor jugador de la época. Mathias Sindelar, conocido como "El Bailarín de papel".  Una leyenda, para recordar. 

Hugo Meisl y el equipo de los sueños

Cuenta la leyenda que en el café Rhin de Viena nació uno de los mejores equipos de la historia del fútbol, abuelo de la naranja mecánica, la Holanda del 74 de Rinus Michels y ejecutada en plenitud por Johan Cruyff. Padre de la Hungría del 54, los violines húngaros de Ferenc Puskas y Sandor Kocsic. Aquel equipo nació gracias a la iniciativa de un visionario, Hugo Meisl y el equipo era el famoso Wunderteam, el equipo de los sueños. Así se denominaba al conjunto de la selección austriaca que brilló en el Mundial de 1934 y en las Juegos Olímpicos de 1936.

Meisl era todo un pionero siendo impulsor de una de las primeras competencias europeas entre clubes como lo fue la Copa Mitropa, una competición entre clubes de Europa central.  Meisl había soñado impulsar un estilo de fútbol ofensivo en base de los jugadores que integraban los mejores equipos de su país: el Rapid de Viena y el Austria Viena. 

Inspirado en una persona fundamental en su formación como técnico como Jimmy Hogan, el creador de la famosa "Escuela de Danubio" cuyas aristas son las bases del fútbol moderno. Meisl solía pasar largas horas conversando con su mentor en el Café Rhin, hablando de táctica en esas horas interminables de diálogo. Allí, cuenta la leyenda, nació el famoso equipo de lo sueños. 

Además de innovaciones como la del "enlace" o el nueve retrasado, Meisl y Hogan introdujeron al mundo futbolísitco innovaciones como la dieta proteínica reduciendo la carne y los carbohidratos. Más la recordada frase "No hay mejor defensa que un buen ataque". 

Mathias Sindelar, el bailarín de papel

El famoso equipo de los suños, además de la planificación física, técnico, táctica  y mental, estaba integrada por una orquesta de varios interpretes.  Karl Sesta y Franz Wagner, en el centro del campo por Josef Bican y Karl Zischek y en ofensiva por Johann Horvath y Rudolf Viertl. Pero más grande de todos era el mejor jugador de la época: Mathias Sindelar, denominado el "bailarín de papel" por su contextura física y su manera de  manejar el balón por toda la cancha.

Sindelar, de origen checo-austríaco era la figura del Austria Viena y el mejor centro delantero de la época, también denominado el Mozart de la Orquesta de Danubio, como se le conocía al Wunderteam cuando paseaba su fútbol  por todos los campos de fútbol de Europa derrotando y goleando a grandes como Alemania, Hungría, Checoslovaquia y Escocia. Encadenando  una racha de 28 victorias, un empate y dos derrotas en tan solo 31 partidos entre 1931 y 1938.        

Así llegaba Austria al mundial de 1934 hasta llegar a la semifinal con la Italia de Vittorio Pozzo en un choque de estilos. Hasta allí habían superado a Francia 3-2 y a Hungría 2-1. Pero en semifinales se encontraron con Italia en un partido polémico por lo permisivo del arbitraje del sueco Ivan Eklind, que dejó pegar de más en la tarde lluviosa del San Ciro de Milán. 

Los locales avanzaron a la final por 1-0, superando al tan temido equipo de los sueños por varios factores: el árbitro, influído por el Duce "Benito Mussolini", la lluvia que enfangó el terreno, la pegadiza marca personal de Luis Monti a Sindelar, la gran actuación de del portero azurro Giampiero Combi y el gol de  Guaita. La orquesta del Danubio no pudo ejecutar su esplándido fútbol y quedó fuera. No obstante, siempre se recordará su juego majestuoso y la gran gesta de Sindelar, que logró meter su nombre en la historia de los mundiales para siempre. 

El Wunderteam tendría un concierto más en los Juegos de Berlín de 1936, donde obtuvieron la medalla de plata y donde el ejecutaron ese fútbol que maravilló al mundo pero sin su máximo artífice. 

Fútbol o muerte: el trágico y heroico final del bailarín de papel

Pero mientras unos se maravillaban con la orquesta del Danubio, otros maquinaban hacerse con él para ejercer el poder. Austria había dominado el plano futbolístico de Europa durante años y era el equipo de vanguardia a pesar de las derrotas ante Italia que le impideron hacerse con ambos títulos. 

Tras la anexión de Austria a Alemania durante el tercer Reich, Hitler ideó la manera de obtener el poderío del Wunderteam y usarlo en su beneficio para mostrar el poderío atlético de cara al Mundial de 1938. Pero nunca obtuvo el "si" de Sindelar, quien era un detractor del nazismo por sus raíces checas y judías.

Para celebrar la "unión" se organizó un partido amistoso ante Alemania como despedida de la original selección austriaca. Sindelar se paseaba por la cancha emeneando la cabeza, dicen que les habían sugerido perder. Hasta que en la segunda parte se fastidió y comenzó a jugar de verdad. Asitió a Karl Sesta y convirtió el segundo gol, celebrándolo de manera estruendosa ante el palco del Führer. 

Ese cachetazo fue la gota que revalsó el vaso, sumado a las negativas de Sindelar por integrar el equipo alemán más algunas tendencias políticas, la Gestapo (Policia privada Nazi) comenzó a investigar a Sindelar. Hasta que el 23 de enero de 1939, Mathias fue encontrado muerto en su departamento junto con su novia italiana Camila Castagnola. 

Una versión dice que fueron los de la Gestapo quienes lo asesinaron, simulando una muerte por inhalación de monóxido de carbono. Otros sentencian que se suicidó porque si ya no podía jugar al fútbol, no le quedaban fuerzas para vivir. 

Lo cierto es que Sindelar fue un innovador que utilizó al fútbol para luchar contra el poder y la injusticia. Una inexpugnable manera de habar a través del fútbol. Un héroe y el máximo futbolista austriaco de la historia. El primer Messi, el primer Pelé, el primer Cruyff, el primer Maradona. el primer Iniesta. El primero de muchos por venir.    

 

  

 

 

    

 

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