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Templos | Martes, 24 Junio 2014 15:54

El campeón que se venció a si mismo

Aquella final por 3-1 quedará en la historia por el eterno grito de Marco Tardelli, que coronó a la Italia de Enzo Bearzot, el icónico Míster italiano. El Bernabeu termino de coronar a la Azurra de Paolo Rossi, genio, figura y pichichi de España 82.

Dicen que para ser campeón hay que vencer a los mejores y que los equipos que alcanzan la gloria siempre se hacen de menos a mas. Aquella Italia de Enzo Bearzot había comenzado de la peor manera posible: Con bajísimo nivel, con polémicas y cuestionad.  a por el periodismo y la opinión publica.

Una primera ronda pésima en Balaídos con tan solo tres empates ante Perú, Polonia y la debutante Camerún los depositaron en segunda rueda con el grupo de la muerte: El Campeón Argentina, que ahora sumaba a sus filas al astro juvenil Diego Maradona y el Brasil de Telé Santana con Zico, Socrates y Falcao. No había manera de salir vivos de allí. O al menos eso pensaron todos. Todos menos los azurros de Bearzot.

Italia superó primero al campeón, que maldijo aquella derrota con Bélgica en el estreno que llevó a los de cesar Luis Menotti al grupo de la muerte. Y luego le ganó 3-2 a Brasil, el gran candidato de todos con un triplete de Paolo Rossi, que ya comenzaba a vestirse de figura. Ambas victorias en el Viejo Estadio Sarría de Barcelona.

Dos sendas victorias a dos de los grandes candidatos lo depositaron en Camp Nou junto con su rival de primera ronda, aquella Polonia sobreviviente de los 70's y la mejor generación de ese país con Grzegorz Lato a la cabeza,  pichichi del 74, y jugadores como Wladislaw Zmuda y Andrzej Szarmach. Paolo Rossi volvió a aparecer, como todo héroe, en los momentos difíciles. Un doblete suyo fue el pase a la final y al Santiago Bernabéu.

Allí la historia es conocida: Paolo Rossi decreta el primero a los 12 de la segunda parte. 11' después Tardelli se rompe la garganta gritando el gol de su vida. Altobelli aumentaba la cuenta. 3-1 a una Alemania que descontaba. Dino Zoff levantaba la Copa.

Italia había ido de menor a mayor, sin deslumbrar. Habían vencido a los mejores, como reza el decálogo del Campeón. Pero la mayor victoria que festejo la Azurra de Bearzot fue el triunfo por goleada ante  si misma y sus fantasmas.

 

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