martes, octubre 6, 2026
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Isabel Sánchez-Arán: «Prefiero tres bronces a llevar dos descalificaciones y un oro»

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Tiempo de lectura: 14 minutos
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La apneísta ilicitana, atiende a Nostresport tras el bronce mundial alcanzando los 96 metros de profundidad

Tras conquistar el bronce mundial con una inmersión de 96 metros de profundidad, Isabel Sánchez-Arán atiende a Nostresport para repasar un resultado que supone su tercer podio mundial consecutivo y adentrarse en una disciplina donde cuerpo y mente conviven constantemente con la presión, el miedo y los límites. La apneísta ilicitana explica qué sucede durante una inmersión cercana a los 100 metros, defiende una forma de competir en la que la seguridad está por encima de la gloria y descubre el próximo gran reto de su carrera: regresar a Chipre, el lugar donde conoció la apnea, para intentar romper la barrera de los 100 metros.

Acabas de conseguir un bronce mundial después de descender hasta los 96 metros de profundidad. Cuando sales a la superficie y sabes que eres medallista, ¿qué pasa por tu cabeza en ese momento?

Bueno, es que realmente cuando sales a la superficie a veces no sabes aún que eres medallista, porque tienes que esperar a ver lo que hacen las otras. Hay veces que sí lo sabes, porque la matemática no da para más combinaciones, pero hay otras veces, como es el caso, donde tienes que esperar a ver qué tal lo hacen las otras. La apnea es un deporte donde nosotros debemos anunciar marca el día anterior, como sucede también en otros deportes, tengo entendido, como halterofilia y cosas así, o salto de altura. Entonces nosotros decimos a qué profundidad queremos que nos pongan el listón, por seguridad más que nada. Y nosotras no sabemos lo que van a anunciar las rivales, por lo que al final del día anterior sale un listado y a lo mejor en ese listado tú eres cuarta y tienes tres por encima de ti, pero alguna puede fallar. Es todo así: cuanto más te arriesgas y anuncias una marca más elevada, tienes posibilidades de salir más arriba en la lista, pero, por otro lado, también tienes más posibilidades de fallar. Cuanto más te arriesgas, más se incrementan las posibilidades de que falles. Yo, por lo general, he solido ser una apneísta bastante conservadora.

Me gusta llevar mis buceos, sacar una tarjeta blanca, que es la tarjeta que te valida el buceo. Si has cometido alguna infracción muy grave, pues es roja, o puede ser amarilla, que es una penalización. La roja es una descalificación total, digamos, directa y la amarilla es una penalización. Entonces, a mí me suele gustar acabar con tarjetas blancas en mi estrategia. Hay otra gente que a lo mejor arriesga mucho y roja, roja, roja, roja, pero el día que sale blanca queda plata o queda oro, ¿sabes? Yo no quiero arriesgarme tanto. Me gusta mucho mi deporte, no me quiero cansar de él.

Aparte, mi trabajo también está relacionado con la apnea, con lo cual quiere decir que si yo sufro una lesión, un mal o trauma o simplemente un tema psicológico, de estrés o lo que sea, después no es solamente que se acaba mi hobby, sino que se acaba también mi fuente de ingresos, que es mi trabajo como instructora. Por lo que siempre he sido bastante cuidadosa con este tema y he ido creciendo sin prisa pero sin pausa, a ritmo constante durante más de una década que practico este deporte, hasta llegar al podio de la élite mundial. Es el tercer año consecutivo que me estoy subiendo al podio. Y esto me lo hubieran dicho hace cinco años y casi que no me lo hubiera creído. Antes mi sueño era llegar algún día a estar en el podio, conseguir una medalla, y ya voy por cuatro. Estar ahí cada año, la verdad es que es muy bonito.

Dentro de la apnea, ¿existe una mayor tendencia a arriesgar o a ser conservador a la hora de anunciar las marcas?

Pues la verdad es que no lo tengo muy estudiado, no sabría qué decirte. No lo sé. Si te lo dijera, me lo estaría inventando. Yo quiero creer que la tendencia es a asegurar marca, ¿no? Pero sí que es verdad que los tiempos están cambiando últimamente. La apnea siempre ha sido un deporte como muy de equilibrio, mente y cuerpo y así, pues últimamente estamos viendo algunos elementos dentro de nuestro deporte que van con mentalidad de tiburón, que dicen que esto no es una práctica como el yoga, que es un deporte como cualquier otro y que la gente viene a ganar y viene a dejarse la piel en el tablero de juego. Pero, en nuestro caso, ya no es solamente que te pongas en peligro tú, es que también pones en peligro a la gente que cuida de ti, porque no hay que olvidar que también hay un equipo de gente encargada de garantizar la seguridad de los atletas, que ellos en sí mismos tienen mucha menos seguridad que nosotros, porque ellos cuidan de nosotros, pero ¿quién cuida de ellos? Yo quiero pensar que la gente tiende más a anunciar con cabeza, pero sí que soy consciente de que también hay alguna gente que busca la gloria por encima de los límites y está dispuesta a todo.

Alcanzaste los 96 metros en una inmersión de 4 minutos y 5 segundos. Para alguien que nunca ha practicado apnea, ¿qué ocurre en tu cuerpo y en tu mente durante esos minutos debajo del agua?

Sí, a nivel físico te podría describir un buceo a esas profundidades paso a paso, tanto a la bajada como a la subida, incluso los minutos previos. En realidad, el buceo a este nivel de competición casi que comienza el día antes en tu casa, porque ya empiezas a trabajar la parte de visualización del buceo, cómo lo quieres hacer todo. A mí me gusta mirar vídeos de competiciones de años anteriores, de atletas que me gustan. Ya el cerebro empieza a trabajar y por la mañana igual me levanto, caliento un poco, vuelvo a visualizar, reviso mi nivel de activación, si estoy nerviosa, cómo bajo eso; si tengo miedo, cómo consigo tranquilizarme. A veces me pasa que estoy demasiado relajada, porque a lo mejor veo que es un buceo fácil, o que considero fácil, y estoy demasiado relajada y eso hay que levantarlo.

Tengo diferentes técnicas para eso: desde una música, una canción que te active o que te tranquilice, un recuerdo, evocar algún recuerdo en el mar… Si tengo miedo, recordarme que el mar es el medio que amo y que me siento cómoda en él; el autodiálogo… Una serie de técnicas para ponerte en el nivel de activación adecuado para el buceo que te espera. Luego, llegando allí, hago unos ejercicios de respiración preparatorios consistentes en unas apneas que pueden ser en el barco o pueden ser en el agua. Si el agua está caliente, como en el Caribe, me gusta hacerlo en el agua, pero si es un agua fría, como aquí en la Costa Brava, lo prefiero hacer en el barco para no coger frío.

Una serie de ejercicios respiratorios, unas apneas para calentar el tiempo de inmersión, unas apneas a pulmón vacío, ya sea en el barco o bajo el agua, sumergirme con los pulmones vacíos para calentar el efecto de la presión en el cuerpo, para que luego cuando bucee profundo lo prepare un poco antes del buceo. Y luego voy al agua, me acerco a la línea de competición, todo esto sin parar de repetir la visualización, repetir el autodiálogo. Llega el momento de acercarte a la línea, te dan paso y empieza la cuenta atrás. Vuelvo a los ejercicios respiratorios, ahora ya dirigidos a bajar las pulsaciones antes del buceo, a encontrar el foco mental para la inmersión, y vuelvo a hacer la última visualización mientras me tumbo boca arriba flotando en el agua. Ya cojo aire, lleno la parte inferior de los pulmones, después lleno la parte superior, después hago una técnica que se llama inhalación glosofaríngea, o en el argot de los apneístas, carpas, para poder aumentar la cantidad de aire que coges y sobrepasar el 100% de lo que le cabe a los pulmones. Digamos que llegamos a coger 110-120% del aire que cabría normalmente.

Ya abandono la superficie y comienza la fase de nado, que normalmente se extiende para mí hasta los 50 metros o así. Por el camino tengo marcadas una serie de alarmas de profundidad en un dispositivo que llevo en el cuello y ese dispositivo, mediante sonido, me va avisando de cuándo he llegado a unos puntos clave que hay en mi inmersión. Por ejemplo, a los ocho metros me avisa, que quiere decir que ya no estoy en flotabilidad positiva. De cero a ocho tengo que nadar muy fuerte porque floto. A partir de los ocho metros ya nado un poquito más suave porque estoy en flotabilidad neutra. A partir de los 18 metros ya estoy con flotabilidad negativa y puedo nadar muy flojito. Lo siguiente que hago es llenarme la boca de aire para luego utilizar ese aire en la profundidad para compensar los oídos. Sabes que cuando te sumerges, ya sea en la piscina incluso, te duelen los oídos. Es el efecto de la presión. Entonces debemos ir añadiendo aire constantemente dentro del oído medio a través de la trompa de Eustaquio. Ese aire, los primeros metros al abandonar la superficie, es fácil llevarlo ahí, pero cuanto más bajas más se complica la cosa y llega un momento, a partir de los 30 metros aproximadamente, donde ya no consigues enviar aire a los oídos, enviar el aire desde el pulmón al oído.

Antes de llegar a los 30 metros hay que guardarse el aire en la boca y cerrar la glotis, cerrar aquí a nivel de las cuerdas vocales. Luego ya ese aire que te has guardado en la boca como un hámster lo vas administrando poco a poco durante la bajada para ir enviándolo al oído medio. Tengo una serie de alarmas marcadas durante el buceo que me van avisando de esos pasos y los voy ejecutando conforme se disparan las alarmas. A todo esto, también vas atento de hacer una técnica de aleteo, de avance, lo que sea, de nado correcta. A partir de los 50 metros o así paro de aletear porque ya caigo hacia el fondo del mar como una piedra y entro en lo que se llama caída libre. Ya trato de mantener la postura bien hidrodinámica para no torcerme, porque eso ejerce más resistencia contra el agua y te ralentiza.

Cuando ya estoy casi llegando abajo, voy muy justa de compensación, ya me queda muy poco aire en la boca, pues suena la última alarma que te avisa de que ya estás llegando. Hasta ese momento, sobre todo toda la caída libre ha sido como una especie de ejercicio de equilibrio tanto físico como mental, porque ese proceso de enviar el aire de la boca a los oídos es muy delicado. En el momento que te sales un poco de lo que tienes que hacer porque te vienen ganas de respirar, porque te viene miedo, porque no estás concentrado o no tienes la suficiente destreza técnica, es muy fácil que ese aire que llevas en la boca lo pierdas. Por ejemplo, se te abre la glotis y vuelve al pulmón y, una vez que el aire va al pulmón, ya no lo puedes volver a sacar. Eso te puede pasar de una sola tragada, que te lo tragas todo y te quedas a cero y tienes que darte la vuelta y subir, o puede ser que te tragues un poquito y todavía te quede. Y con eso que te queda puede ser que llegues o puede ser que no. A veces te tragas un poquito, dos poquitos… Depende. A mí me gusta describirlo como un ejercicio de equilibrio físico y de destreza, físico y mental. Cuando por fin llegas abajo es una alegría porque has podido compensar hasta abajo y te despiertas de ese trance. Ha empezado a golpear un poco la narcosis, que es un efecto, como su propio nombre indica, que te hace sentir un poco narcotizado.

Estar ahí a casi 100 metros de profundidad, a 10 u 11 bares de presión… Tú piensa que las ruedas de un coche están a dos puntos y algo. Pues ahí abajo tenemos 10 u 11. Tienes toneladas de agua sobre tu cabeza y estás solo. Y la ayuda más cercana todavía está muy lejos. Además, te empiezas a sentir que vas colocado. Depende de cómo, no es una sensación muy agradable. Pero sabes que tienes que volver a la superficie y no dejarte llevar. Te puede dar euforia, te puede dar una percepción incorrecta de la realidad. No sabes si vas muy rápido o vas lento, si te vas torciendo. Tú crees que vas derecho y a lo mejor luego te ves en el vídeo y vas torcido. Pero bueno, es algo que se entrena también. A mí me gusta decir que yo pongo el piloto automático y me digo que haga lo que sé hacer y lo que llevo todos estos años haciendo. Trato de estar muy atenta y no dejarme llevar por esas sensaciones raras.

A la subida empiezas a aletear o a nadar, depende del estilo que hayas escogido en la prueba, a un ritmo constante: uno, dos; uno, dos; uno, dos. Trato de mantener ese ritmo constante y enfocarme bastante en la técnica para que no se rompa y no genere ineficiencia y mayor gasto. Sobre una altura de unos 40 metros te aparece el primer buzo de seguridad, que es como un ángel que te viene ahí a encontrar. Tú ya sabes que a partir de ese momento, pase lo que pase, estás en sus manos y que no te van a dejar tirada en la estacada. También quiere decir que ya estás llegando a la superficie. En los últimos 10 metros paro de aletear completamente y la flotabilidad me termina de subir a la superficie. Ahí, a la salida, me agarro bien al cabo guía para no hundirme y trato de hacer unas respiraciones en concreto. Ya miras al juez y le das la señal de OK, que es protocolaria en nuestro deporte, y esperas. Son momentos críticos, a ver si te validan la prueba, porque hay veces que tú te crees que lo has hecho muy bien y, de repente, has cometido una penalización sin darte cuenta.

La apnea tiene una relación muy particular con los límites y con el miedo. Después de tantos años compitiendo, ¿sigues sintiéndolo antes de una inmersión o has aprendido a convivir con él?

Sí, sigo teniendo miedo. Creo que el miedo debe estar, porque una persona sin miedo sería una inconsciente y tendría muchos accidentes, pero hay que convivir con el miedo. Está claro que cuanto más reto supone el buceo, tienes más miedo. Si es un buceo simple, que estás a mitad de temporada y que aún estás alcanzando tu pico de la temporada, pues no da tanto miedo como el buceo cuando buceas para hacer tu mejor marca personal o para superar tu propia mejor marca personal. Pero hay diferentes tipos de miedo también. A veces hay un miedo físico por la conservación de la vida, pero a veces también está mezclado con un miedo al fracaso, de todo lo que has entrenado, de que quieres que te vaya bien y qué pasará si no me va bien y todas esas cosas.

Tengo miedo a veces hasta a las modalidades de piscina, que son súper seguras, pero es un miedo a lo mejor más ligado al miedo al fracaso, ya no al juicio público, sino tú a ti mismo, cómo te valoras a ti mismo y también por los resultados, porque al final también es nuestro trabajo y si no rindes no cobras, por así decirlo. Son muchos tipos de miedo mezclados. Si te refieres al miedo más puramente animal, sí que lo tengo y creo que debe estar ahí. Creo que además es una de las cosas que hace nuestro deporte adictivo y que el deporte también te enseña mucho después cómo afrontar situaciones de la vida, del día a día.

¿Cómo se aprende a gestionar ese miedo?

Conducir el coche, igual que la apnea, son actividades que tienen bastante riesgo, pero lo gestionamos para minimizar el peligro. El peligro cero nunca existe porque, a pesar de que te hayas puesto el cinturón, de que respetes las señales viarias, de que tú lo estés haciendo todo bien, siempre te puedes cruzar a un tío que va borracho de frente y te lleva por delante y tú lo has hecho todo bien. El peligro cero no existe, pero a través de las medidas que tenemos de seguridad lo minimizamos y la apnea es parecido.

Has subido tres veces consecutivas a un podio mundial y los 100 metros aparecen muy cerca después de alcanzar los 96. ¿Cuál es ahora tu gran reto?

Ahora el objetivo más inmediato que tengo… Tengo una ilusión que no me gusta hablar mucho de ella porque no me gusta vender la piel del oso antes de cazarlo. No quiero que además me traiga como mal fario, pero es cierto que tengo una ilusión, que es hacer los 100 metros, y me gustaría mucho que ocurriera en este campeonato próximo que voy a disputar en Chipre el mes que viene porque yo empecé a hacer apnea en Chipre.

Allí descubrí este deporte. Allí dejé amigos muy queridos que no he vuelto a ver desde que marché hace ahora ocho o nueve años. Y para mí sería como cerrar el círculo, ¿sabes? Como un tributo a esta gente que dejé allí y que me vio crecer como apneísta, salir del huevo, digamos. Y ahora vuelvo para hacer 100 metros allí y creo que sería súper bonito. Pero, bueno, el mar Mediterráneo a finales de verano no es el Caribe en agosto, ¿sabes? Por temas de temperatura, corrientes… Es un mar más durillo y no sé si voy a llegar, pero bueno, si no llego tampoco pasa nada.

Además, mi jefe, que era un motivador nato, siempre me decía: «Yo creo que tu límite estará en 50». Y cuando ya llegaba a 50: «No, no, pero yo creo que ahora será 60». Siempre me iba ampliando 10 más y la última vez que hablé con él, hace años, me dijo que mi límite creía que estaría en 90. Entonces, bueno, ahora quiero ir para que me diga que es en 100.

Entre alcanzar los 100 metros y ser campeona del mundo, ¿qué objetivo pesa más ahora mismo?

Ahora mismo el más inmediato es la barrera de los 100. Ser campeona del mundo es muy difícil porque hay unas mujeres muy fuertes. Hay mucha tendencia también a la especialización. Yo soy una deportista que hago todas las modalidades, tanto de piscina como de mar, ¿sabes? Soy, como se dice, aprendiz de mucho, maestro de nada. Soy una apasionada de mi deporte. Va en mi personalidad, creo, de siempre. Cuando algo me gusta voy a fondo con ello.

Piensa que yo estaba trabajando de profesora en la universidad y lo dejé todo por dedicarme a esto, que no me da ningún tipo de seguridad salarial ni vital ni nada. Pero es que cuando me apasiona algo tengo que ir a por ello porque creo que la vida es un regalo maravilloso y tengo un privilegio muy grande de haber nacido en el país que he nacido, en la cultura que he nacido, y tengo unas ansias de vivir como muy grandes. Entonces tengo que hacer lo que me apasiona porque, si no, me siento muy triste. Hago todas las modalidades de la apnea, me dedico a ser entrenadora de otra gente y mucha gente a veces me pregunta: «¿Por qué no te especializas en algo? Porque podrías rendir más y hacer solo una cosa». Pero yo no sé si eso me gustaría, la verdad.

De momento, con repetir así podios mundiales y seguir creciendo de manera constante y progresiva como lo he hecho hasta ahora, me doy por satisfecha. Aparte, es que veo que la gente que queda oro es lo que te he dicho antes, que tienen como muchas descalificaciones hasta que un día les sale bien y ese día son oro y ya te vale para toda la vida. Pero yo como que prefiero tres bronces a llevar dos descalificaciones y un oro. Eso va en la personalidad de cada uno. Tengo familia también, quiero que estén tranquilos.

Para terminar, ¿hay algo que no hayamos comentado durante la entrevista y que consideres importante destacar?

Sí, me gustaría agradecer al Club Apnea Elche, del cual soy vicepresidenta y que fundamos el año pasado en Elche, el primer club íntegramente de apnea deportiva de la ciudad y que ahora voy representando a este club en el campeonato de Chipre. Este año hemos organizado el Campeonato de España de apnea en piscina en Elche gracias a la predisposición también de la Concejalía de Deportes, porque este año Elche es la Capital Mediterránea del Deporte. Están a tope con la organización de eventos, y a la Federación Valenciana. Todos tuvieron la predisposición de organizar este campeonato, que ha sido el primero que se hizo en la ciudad. Creo que todos fliparon en la piscina municipal de Elche, todos los socorristas, el concejal, todo el mundo, y salió súper bien. Es algo de lo que me siento muy feliz y orgullosa.

Me gustaría ver que se apoya un poquito más a este deporte y a los deportistas individuales de la ciudad, que hemos estado así un poco dejados. Siempre se tiene más en cuenta a los deportes de equipo, pero los deportistas individuales como yo estamos bastante dejados en las manos de Dios. Por parte de Diputación bien, por parte de la Generalitat bien, pero por parte del Ayuntamiento no existe ninguna normativa que les permita ayudarnos. A día de hoy llevo años y años con esto y siempre me están diciendo que lo están mirando y nunca sale nada. Más que plaquita, como se suele decir, una foto y palmadita en la espalda y ya está.

Donde empiezan los límites

A casi cien metros bajo el mar desaparece el ruido. No hay gradas, aplausos ni nadie capaz de empujar cuando las fuerzas empiezan a faltar. Solo quedan el cuerpo, la mente y una decisión: seguir. Isabel Sánchez-Arán lleva más de una década descendiendo hacia ese lugar donde el miedo no desaparece, sino que se aprende a escuchar. Cuatro medallas mundiales después, su mayor victoria quizá no esté únicamente en los podios, sino en haber encontrado una manera de acercarse al límite sin convertirlo en enemigo. Porque para ella llegar más lejos nunca ha significado hacerlo a cualquier precio.

Ahora el mar vuelve a llevarla al lugar donde comenzó todo. Chipre fue el escenario en el que Isabel descubrió la apnea y puede convertirse, ocho o nueve años después, en el lugar donde alcance los 100 metros. Primero le dijeron que su límite estaría en 50, después en 60 y más tarde en 90. Ella ha seguido descendiendo, sin prisa pero sin pausa, hasta convertir cada límite en el comienzo del siguiente desafío. Ahora regresa al lugar donde nació el sueño convertida en una de las mejores apneístas del mundo. Allí volverá a tomar aire, mirará hacia las profundidades y comenzará a descender. Esta vez, el fondo no será el final: será la conquista de todo el camino recorrido.

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Iván Barambones Adarve
Iván Barambones Adarve
Experiencia como redactor en Agente Libre y Nostresport, con enfoque en deportes como fútbol, UFC, baloncesto y motor. He trabajado en la creación de contenido, análisis y cobertura en tiempo real de eventos deportivos, además de realizar entrevistas a protagonistas de primer nivel.

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