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Opinión | Martes, 01 Octubre 2013 10:43

Bajo presión

Siempre he comentado que, aunque el mundo del deporte y el mundo empresarial tienen muchas semejanzas, existe una gran diferencia entre ambos y se refiere a la relación entre el tiempo dedicado a entrenar y a competir. Mientras que en el deporte se dedica mucho tiempo a entrenar para preparar una competición, en el mundo de la empresa este tiempo de entrenamiento se ve notablemente reducido. Las personas se ven sometidas a constantes situaciones competitivas, que lejos de provocar los resultados de aprendizaje esperados lo que provocan son efectos muy nocivos. Siempre me he declarado un fiel defensor de la competición ya que competir me ha aportado un aprendizaje competencial que pocas situaciones pueden generar.

Competir es realizar bajo presión aquello que has entrenado hasta la saciedad y te das cuenta que solamente sale bien aquello que has mecanizado. He leído a Larry Bird y a Jack Nicklaus la frase aquella de “cuanto más entrenamos más suerte tenemos” y no deja de sacarme siempre una sonrisa de complicidad ya que la frase se cumple siempre. Cuando has entrenado con compromiso y disciplina es mucho más probable que las cosas ocurran. La competición es la oportunidad de poner a prueba el entrenamiento realizado y medir tu talento frente a un gran desafío. Y para esto hay que estar preparado y estar guiado por quien puede acompañarte en este proceso. En el deporte existen grandes profesionales que preparan a los deportistas para que en el momento adecuado sean capaces de liberar todo su talento. En la empresa ocurre lo mismo.

Los mentores y coaches son profesionales que ayudan a liberar el talento que todo ser humano tiene dentro. Lo que más puedo llegar a agradecerle al deporte competitivo es el regalo que supuso para mí el entrenamiento de las competencias claves de un profesional y lo que más valora cualquier empresa para incorporar a un profesional a su equipo de trabajo: responsabilidad, disciplina, trabajo en equipo, tolerancia a la frustración así como la gestión de las expectativas y de la incertidumbre. Porque un buen competidor es quien sabe manejarse con destreza en situaciones de alta incertidumbre, extrayendo la mejor versión de si mismo y que a los ojos de los demás parezca sencillo su performance. Transmitir sencillez en lo complejo es un arte y quizá los grandes competidores así como los grandes profesionales tienen mucho de artistas.

 

Álvaro Merino Jiménez

http://alvaromerinojimenez.wordpress.com

 

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Pasión y deporte.

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