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Opinión | Miércoles, 29 Abril 2020 10:02

Robinson y el penalty de Gary Lineker

Robinson y el penalty de Gary Lineker

Mi primer recuerdo de ver un Mundial entero sin que los papás me enviaran a la cama, como pasó con los cuatro goles del Buitre en México'86, fue casi a los 11 años y curiosamente en el llamado Mundial del antifútbol, el que tomó más referencias del Calcio Storico que de la escuela holandesa. Una vez los sufrimientos patrióticos habituales fueron extirpados con aquel gol de falta de Yugoslavia en la prórroga de los octavos de final aún recuerdo ver más fútbol y coleccionar cromos mientras estaba, como cada verano, entre Gran Canaria y Fuerteventura.

Como ya me gustaba la historia, y más el fútbol, simpaticé con los inventores de ese deporte, que habían pasado al ostracismo en Europa después de la tragedia de Heysel. Y debí ver algún partido más porque aún hoy puedo recordar en mi mente al narrador de TVE diciendo "balón para... Paul Gascoigne!". El encuentro que recuerdo vivamente es, más que las semifinales o la final, el de cuartos de final entre la sorprendente Camerún de Roger Milla y la Inglaterra de Lineker y Gascoigne. El partido de los leones africanos contra los "three lions" del escudo de mis cromos de Panini que me tenían encandilado. El televisor estaba en la salita de la vieja casa parroquial adosada a la iglesia de Santa Brígida en la que vivía el tío (tío-abuelo) Ramón, cura del pueblo. Aún recuerdo el olor a madera vieja y el ruido al caminar por encima de los tablones.

En esos partidos había un comentarista con un fuerte acento inglés para los partidos de menor audiencia del Mundial. Era Michael Robinson y mi padre me dijo que había sido delantero en el Osasuna. Camerún se puso por delante y jugó mejor que Inglaterra. Era la primera vez que el fútbol africano ponía en jaque a las grandes selecciones europeas y sudamericanas. A Robinson, novato por entonces, se le notaba mucho su sesgo cultural anglosajón y en algunos comentarios en medio de su sufrimiento en la prórroga llegó a deslizar que Inglaterra debía poner el fútbol en su sitio por tradición. Debió pasarlo tan mal como Shilton al enfrentar las acometidas de unos futbolistas negros que aún no eran usuales en las ligas europeas.

Y entonces en la prórroga, después de un partido físico y extenuante, llegó el segundo penalti a Gary Lineker. Michael Robinson acertó a comentar que el 9 inglés patearía fuerte y al centro la pena máxima intuyendo que el portero elegiría lanzarse a uno de los lados. Como si él mismo fuera el encargado de lanzarlo, como si aquel sexto penalti encargado para él en la final de su Copa de Europa en Roma con el Liverpool no se hubiera quedado en el tintero. Fuerte, por el centro, gol. Aquello eliminaría a Camerún y les daría el pase a los ingleses a sus últimas semifinales hasta la fecha. Y de paso me llevó a mí a ver con curiosidad partidos de la Liga inglesa de las 2 de la tarde en el Plus de casa de los iaios y a pedirle a mi padre que me comprara camisetas del Liverpool para entrenar.

La historia que sigue es conocida. "El fútbol es un juego simple que inventaron los ingleses: 22 hombres persiguen un balón durante 90 minutos y, al final, los alemanes siempre ganan" dijo Lineker después de caer agónicamente en la tanda de semifinales. Ahora es una celebridad periodística y analista en el fútbol de su país. Michael Robinson fichó por Canal Plus y agrandó su carrera con El Día Después en el que nos criamos los de nuestra generación. Aquel delantero retirado que adivinó lo que iba a hacer Lineker más allá del minuto 100 de un partido de Mundial se fue haciendo más español que un gaditano celebrando regates de Mágico González y, con la fama, haciendo la televisión y la radio que nos merecemos los amantes de la cultura y el deporte a partes iguales. Ahí están su sentido del humor, sus reportajes en Informe Robinson y La Ser junto a su acento y su humanismo. Porque las más bonitas historias del deporte en español se contaron con acento inglés.

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