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Opinión | Martes, 24 Noviembre 2020 23:45

#ElTribunero|| Quién te ha visto y quién te ve...

#ElTribunero|| Quién te ha visto y quién te ve...

Por Carlos Vicent Cremades

Otro partido, otra decepción. Con la impotencia de poder haber anotado el gol de la victoria, pero con el enfado de conceder tanto. Tan fácil y tan difícil a la vez. Los puestos de trabajo en este Valencia se venden muy baratos. Desde la inaptitud de Cheryschev hasta las constantes ocasiones desperdiciadas de Gameiro. Hay futbolistas que no tienen el nivel de competir en un equipo de Primera División y aquí tenemos a más de uno.

Sin alma y sin rumbo, nos vaticinamos lo peor si esto no mejora. Encajar goles evitables en los primeros minutos es ya un ritual para los rivales. Guillamón no ofrece esa seguridad que nos ofrecía el ‘descartado’ Garay; Wass sigue siendo una tómbola en el lateral derecho y Gabriel no brilla si no le acompaña alguien digno. Descolgados de marcas y con un titubeante orden, la defensa se tiene que enfrentar ahora a la pérdida del capitán, uno de los únicos que está dando la cara en medio de la tormenta.

Y es que los de casa son los que tiran del carro. Los que estaban llamados a cargarse el equipo a los hombros siguen desengañándonos a base de actitudes nefastas en el verde. Cillessen, Guedes, Gameiro… nombres protagonistas que se han traducido en frecuentes suspiros de los aficionados ante tal desilusión. Solo quedan nombres de los que antaño fueron futbolistas de nivel y de nombres no vive este histórico club.

Al final, en medio de la oscuridad, siempre son los mismos los que nos dan la luz. La aspiración de la temporada se vuelve a encomendar a los que sienten el escudo, a los que cada partido luchan por defender la camiseta y lo dejan todo en el campo, pero desgraciadamente estos son pocos. Soler y Gayà son los canteranos obligados a sacarnos de esta. Semana tras semana son lo mejor de la plantilla. Ellos solos se ha visto que no pueden. Si a ello le añadimos las inservibles primeras partes que realiza el Valencia, el resultado nunca puede ser bueno. El único atisbo de esperanza es la actitud de jugadores como Racic o Manu Vallejo que a base de esfuerzo, pasión y garra se ganan los honores de todos.

Visto lo visto, el futuro es incierto, pero no soy optimista. La ineficacia desde los mandos técnicos del míster es toda una realidad que, poco a poco, la gente no comienza a bancar. La institución sigue siendo la casa de locos que merma el fútbol, pero esta entidad está llamada a, como mínimo, competir en todos los momentos del partido. Basta ya de aguantar a profesionales que dan lástima en el juego. Basta ya de permitir, jornada tras jornada, detalles que nos ponen en contra el marcador. Basta ya de tolerar esta incompetencia. Esto no es el Valencia que todos conocemos. Ahora solo nos toca confiar en los que están y en volver a nuestra esencia. Volver a ser lo que siempre nos caracterizó y hemos visto centelleantemente en algunas segundas partes. Solo el tiempo dictará sentencia, pero siempre esperaremos volver a ser ese Valencia ‘bronco y copero’ que tanta guerra nos dio…

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