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Opinión | Jueves, 22 Abril 2021 11:50

#ElTribunero|| El Memelencia

#ElTribunero|| El Memelencia

 

Por Carlos Vicent

El Valencia es un meme quemado, un chiste el cual se ha contado tanto que ya no tiene gracia. La misma historia durante tantos partidos acaba desgastando. Desde las alineaciones irracionales colocadas por un entrenador (si se puede considerar como tal) que carece de cualquier tipo de profesionalidad, hasta los desvaríos de una plantilla tan irregular como una montaña rusa. Todo ello sin pasar por alto el pasotismo de los catadores de almuerzos que tiene el club como directiva. En resumen, una casa de locos que genera partidos transformados en odiseas decadentes para la historia del escudo.

 

Los síntomas de tanta inestabilidad se reflejan en el campo. Los datos defienden la mala dinámica que arrastra el equipo y hablan por sí solos: cuatro partidos sin conocer la victoria, catorce goles encajados en los últimos ocho encuentros y 25 remates a portería concedidos desde la lesión de Cillessen previa al duelo ante el Cádiz. La defensa del Valencia es una agonía incesante la cual los rivales conocen, estudian y explotan, mientras que tácticamente sigue yendo a la deriva. Ni la anarquia de Gabriel, ni la demencia técnica de Diakhaby, ni el palomitero de Jaume permiten que el equipo realce su carácter competitivo para poder luchar unos tres puntos que suenan actualmente a utopía.

 

Y es que el único atisbo de ilusión viene provocado por los impulsos intermitentes de la delantera. A base de chispazos y conexiones mágicas entrecortadas por empanamientos de los jugadores, el conjunto blanquinegro llega con peligro y efectividad al área de sus rivales. Estos síntomas son el reflejo del buen estado de Guedes o la reaparición de un Kevin Gameiro que considerábamos difunto para el sistema de juego valencianista. Las jugadas aisladas son letales, pero no compensan las grotescas torpezas servidas por toda la plantilla que, a la larga, se castigan con un coste alto en la clasificación. Acostumbrados a los fallos del ‘gato de Almenara’ o las cualidades superdotadas de Carlos Soler, la estrella estrellada de la terreta, el Valencia tiene que aspirar a remontadas tan excéntricas como las del bello capilar del presidente. Es decir, dejarlo todo para última hora como filosofía de equipo.

Gayà y Murthy presentándonos una de las tantas imágenes dignas del más puro Memelencia (Valencia Media).

 

Todo esto acaba en locuras de partidos propias de la imaginación de cualquier twitero medio amante del fútbol: penaltis por doquier, errores clave, polémicas abundantes, golazos, más errores clave, intervenciones de VAR, lances del partido determinantes, y otros tantos errores clave más. Los ingredientes perfectos para ver partidos de fútbol aleatorios de niveles inferiores a La Liga se dan con el Valencia en el verde, pero esto a la larga cansa. Porque todo es gracioso hasta que te das cuenta que el Valencia está a cuatro plazas del descenso. Porque todo es gracioso hasta que piensas que, la próxima jornada, el Valencia se enfrenta a un rival directo: el Alavés. Porque todo es gracioso hasta que te das cuenta que el Valencia es un equipo del montón en España. Porque todo es gracioso hasta que te das cuenta que el Valencia es el ridículo del fútbol. Porque todo es gracioso hasta que te das cuenta que te da risa tu propio equipo.

 

 

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