jueves, julio 16, 2026
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Un profesor de la Universidad Europea de València alerta: “El clima puede decidir el campeón del mundo”

"El reto para España será sobrevivir al clima de algunas de las sedes, y de ello dependerá el éxito o el colapso físico", afirma Arian Aladro Gonzalvo, profesor del Grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Europea de Valencia

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Superar el impacto del clima y de la geografía será uno de los factores más decisivos del Mundial. A menos de una semana para el debut de la Selección Española, la aclimatación se perfila como un elemento prioritario para el rendimiento de la plantilla. La Real Federación Española de Fútbol ha fijado su base de operaciones en Chattanooga (Tennessee) para mitigar el impacto ambiental. Sin embargo, Arian Aladro Gonzalvo, profesor del Grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Europea de Valencia, advierte que “el torneo representa un desafío sin precedentes donde sobrevivir a las marcadas diferencias de temperatura entre estadios será la verdadera ventaja competitiva”.

La andadura de España en el Grupo H va a demandar un esfuerzo físico de adaptación a las condiciones ambientales radicalmente opuesto en muy pocos días. El combinado nacional arrancará disputando sus partidos contra Cabo Verde y Arabia Saudí bajo el microclima artificial y controlado del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, un recinto hermético dotado de un potente sistema de aire acondicionado. Sin embargo, la comodidad de este inicio de torneo contrastará drásticamente en la tercera jornada, donde España se medirá a Uruguay. “El verdadero examen de adaptación bioclimática tendrá lugar en territorio mexicano”, advierte Aladro Gonzalvo.

El estadio de Guadalajara se sitúa a 1.541 metros sobre el nivel del mar, una altitud que limita el oxígeno en el aire y acelera la fatiga muscular. Además, el encuentro coincide con el pico de la temporada de lluvias, donde la humedad relativa alcanza el 84%. El profesor explica que “tanta concentración de agua en el ambiente va a impedir la evaporación del sudor en la piel, anulando el principal mecanismo que tiene el organismo de un deportista de élite para disipar el calor y enfriar su cuerpo”.

En función del puesto en el que se clasifique España en el grupo, el Mundial tomará dos rutas de desgaste totalmente diferentes. Lograr el liderato de grupo asegura “un trayecto protegido frente al clima extremo, compitiendo casi siempre en estadios cerrados y climatizados en Los Ángeles o Dallas, lo que minimiza el gasto energético para controlar la temperatura, permitiendo a los futbolistas mantener niveles óptimos de rendimiento”, explica Aladro Gonzalvo. Sin embargo, «pasar dos semanas consecutivas compitiendo en entornos cerrados con aire acondicionado o microclimas estables, provoca que el organismo pierda parte de las adaptaciones térmicas previamente ganadas en Chattanooga, lo que podría pasar factura al volver a un estadio abierto».

Por el contrario, quedar segundos forzará a ‘La Roja’ a una fluctuación constante entre estadios abiertos y húmedos como el de Miami o Kansas City, y condiciones ambientales más favorables como en Atlanta. Aunque el desgaste sistémico puede ser severo, el profesor destaca una ventaja competitiva oculta: «Si la plantilla supera con éxito esta exigente ruta, llegará a la final con una resiliencia térmica muy superior y un sistema perfectamente adaptado a condiciones ambientales desprotegidas».

Para combatir estos climas tan severos, el profesor de la Universidad Europea de Valencia recalca la necesidad de implementar “estrategias equilibradas de enfriamiento térmico (cooling), así como una hidratación de precisión y la reposición de electrolitos para regular la temperatura interna de los futbolistas, proteger su salud y asegurar su rendimiento”.

La gran final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey representará, no obstante, el reto más exigente de todo el torneo. Se trata de un estadio completamente abierto que expone a los jugadores al calor húmedo de la costa este en su hora de máxima intensidad. Asimismo, Aladro Gonzalvo explica que el césped natural instalado de forma temporal sufrirá un severo desgaste, lo que aumentará la fricción del balón y la tracción de las botas: “esta fricción incrementada somete a los músculos a una fatiga excéntrica que, sumado al calor, multiplica exponencialmente los riesgos de calambres severos y lesiones en caso de disputarse una prórroga”.

En definitiva, la aclimatación de los atletas y el control de las condiciones ambientales ya no son aspectos secundarios. “La gestión de estas variables puede suponer una ventaja competitiva que acabe definiendo al próximo campeón del mundo en un torneo tan fragmentado”, detalla el profesor del Grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Europea de Valencia.

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