Aritz Aduriz llegó a Valencia para ser el sustituto de Soldado que, a su vez, había fichado con el fin de hacer olvidar, en la medida de lo posible, los goles de David Villa. Sin embargo, el ex del Mallorca ha sabido convencer a Emery con ganas y goles.
Vic Pastor | NOSTRESPORT.COM
Suena el himno del Valencia y los jugadores pisan el terreno de juego. Hasta los 45 minutos, no volverán a salir de él. Emery ha despositado su confianza en once jugadores sin perder de vista el partido del próximo martes ante el Bursasport turco. Entre los alineados, los de siempre -César, Mata, Albelda…-, algunos premiados por su intervención en Málaga -como Joaquín- y otros que van exigiendo su puesto aunque a principio de temporada llevasen colgado el cartel de suplente. Uno de ellos es Aritz Aduriz.
El delantero vasco llegó a Valencia para ser el sustituto de Soldado que, a su vez, había fichado con el fin de hacer olvidar, en la medida de lo posible, los goles de David Villa. Sin embargo, el ex del Mallorca ha sabido convencer a Emery con dos tantos en los dos últimos partidos -frente a la Fiorentina y ante el Málaga en la primera jornada liguera-. Por el momento, ha sido fiel a las palabras que pronunció el pasado 16 de julio en Xátiva durante su presentación: "Quiero devolver, en el campo, la confianza depositada". Y tampoco faltó a su palabra en su estreno liguero en Mestalla ante el Racing de Santander.
Durante el primer tiempo, el 11 del Valencia provocó varias faltas por presión, pugnó con los defensas racinguistas, se peleó hasta con el sol que era un zaguero más cuando jugaba de espaldas e intentó un par de remates sin suerte. En el último cuarto de hora, cuando los de Portugal apretaban, Aduriz desapareció junto al resto del ataque ché que actuaba con intermitencia para resurgir sobre la bocina. En el minuto 45, tuvo en sus botas el 1-0 pero la defensa del Racing despejó el balón a corner en la línea de gol. Fue en ese mismo corner en el que Maduro adelantaría al Valencia en el marcador.
El descanso sentó bien a los jugadores valencianistas que se sacudieron de encima el adormilamiento presente en la primera mitad. Así, la defensa ché se solidificó algo más, el mediocampo buscó más a los extremos y ambos al punta donostiarra que se centró más en jugar al límite del fuera de juego. Le llegaron balones de la mayor parte del equipo: Tino Costa buscaba contínuamente sus desmarques, la defensa colgaba el esférico para encontrarle,… Excepto la puntería que fue lo único que le faltó, Aduriz demostró que su punto fuerte es el juego aéreo -de más de una decena de balones en el aire, se anticipó en todos-, que la velocidad es otro de sus puntos fuertes y que no es egoísta en el terreno -a falta de cinco minutos, cedió un balón a Albelda dentro del área que podía haber intentado rematar él mismo-.
Con el pitido final, suena "Amunt València a la victòria" y la afición, aparentemente contenta, devuelve el aplauso a sus jugadores. Esta victoria -contra una de sus ‘bestias negras’- deja la vuelta del ‘Chori’ Domínguez, el estado de gracia permanente de César, la preocupación por la lesión de Banega y, sin duda, la intensidad, la fuerza y las ganas de quedarse en el once titular de Aduriz. Un delantero que sentó en el banquillo al hijo pródigo, al sustituto de David Villa… Un escudero que se tornó en caballero.
Fotos: Valencia CF