Redacción | NOSTRESPORT.COM
Era uno de los misterios inherentes a la confrontación ante el Racing de Santander. El gol número doscientos del Levante como entidad adscrita a la Primera División del balompié nacional fluctuaba en torno al enfrentamiento. La cuestión se sucedía en las últimas semanas y se refería a la autoría. Caicedo decidió apropiarse de un registro histórico. Fue una acción desarrollada a una velocidad supersónica. De vértigo puro en una transición directa. Y la jugada se gestó desde la misma portería azulgrana. Hay que regresar al espacio que defiende Reina para precisar con detalle la génesis del gol. El arquero imprimió velocidad en la salida del esférico buscando el costado izquierdo del ataque. La interpretación de Juanlu fue sugestiva y letal en la conducción y en la materialización definitiva y el desmarque de Caicedo fue superlativo.
El atacante ecuatoriano se presentó en las inmediaciones de la portería de Toño. En el recorrido tuvo tiempo para aclarar contendidos y planificar la finalización. Allá donde a otros futbolistas se les nubla el pensamiento, Caicedo optó por la claridad. Una bicicleta para vencer al arquero foráneo y balancearse ligeramente hacia su izquierda para embocar el gol doscientos en la elite. No era fácil conjugar una aceleración impetuosa, con el balón en los pies, sintiendo el aliento de los defensores cántabros, con la expresión definitiva escogida por el delantero. Velocidad de esprinter y sutilidad de mago en el toque evanescente último. Estos aspectos sirven para definir a los grandes jugadores y para diferenciarlos estableciendo roles. Así es Caicedo. Un asesino con instinto mortal ante los gaurdametas. Y así lo está demostrando en el feudo del Ciudad de Valencia.
El gol imita los postulados de la diana obtenida frente al Xerez en Copa del Rey. El tanto sumerge al atacante en la historia azulgrana. Caicedo sigue la estela de nombres míticos en la sociedad levantinista. El legendario Domínguez, el único jugador que ha defendido la elástica de la Selección Española como jugador del Levante, estrenó la secuencia anotadora granota en el partido que inauguró el expediente en Primera División en el ejercicio 1963-1964. Domínguez escogió el desaparecido Sarriá para dejar su impronta de jugador talentoso y de intelecto agudo y festejar el primer gol. Fue un quince de septiembre de 1963. Pepín asoció su nombre a la diana cincuenta en el mismo universo. El tiempo se quedó congelado desde entonces. Hubo que esperar a la llegada del tercer milenio para celebrar el gol centenario conseguido por Rivera, uno de los mitos del levantinismo, en un duelo entre el Levante y el Villarreal en el coliseo de Orriols. Caicedo persiste en su cruzada por aumentar los registros.
Fuente: Levante UD