Éxito y fracaso. Alegría y tristeza. Las dos caras de la moneda se han podido percibir en lo ocurrido en el Estadio Ciudad de Valencia, lugar donde un equipo con casta y aferrados a un sueño, ha conseguido el esperado ascenso granota hacia la máxima categoría del fútbol profesional español y por el otro lado el Castellón, equipo sumergido a un lamentable realidad con la que convive ya hace varios partidos, se hunde en el descenso.
Matías L. Sartori | NOSTRESPORT.COM
Éxito y fracaso. Alegría y tristeza. Las dos caras de la moneda se han podido percibir en lo ocurrido en el Estadio Ciudad de Valencia, lugar donde un equipo con casta y aferrados a un sueño, ha conseguido el esperado ascenso granota hacia la máxima categoría del fútbol profesional español y por el otro lado el Castellón, equipo sumergido a un lamentable realidad con la que convive ya hace varios partidos, se hunde en el descenso.
Emoción, sueño, logro, Levante. El triunfo del equipo comandado por el ideólogo y artífice de esta hazaña, Luis García, padre de la criatura, ha dejado en evidencia el resultado de una temporada histórica e inolvidable. El ascenso en el año del Centenario. Odisea, éxito, hazaña, epopeya, épica, llamemoslo como sea.
La recompensa a una temporada de lucha y garra, en la que la entidad de Orriols ha apostado por un grupo de hombres-gladiadores con vestimenta azulgrana que desafió a todo pronóstico deportivo en un año que parecía especial por el 100º aniversario de vida del club. Sin embargo, ésa sensación de festejo iba a continuar. El festejo del Centenario parecía ser tan solo la antesala del principal protagonista del año del Levante: El ascenso.
Inmersos en una temporada con problemas financieros o sin poder desembolsar admirables cifras económicas, el club valenciano superó, a trancas y barrancas, todo obstáculo que se presentaba a lo largo de la campaña. El Levante regresa a primera, por cuarta vez, en un año que quedará grabado con fuego en los humildes, pero paradógicamente grandes, corazones granotas. La historia en su lugar.
Tristeza, decepción, angustia, Castellón. El equipo de la capital de La Plana no soportó el ritmo de la temporada. Los blanquinegros fueron superados por gran parte de los equipos que la división cobija condenando al Castellón al descenso de forma muy tempranera. En el Ciutat de Valencia se vió el reflejo de lo que ocurrió en la temporada: un nivel insuficiente según exige la categoría, aunque con algunos relámpagos fugaces de juego.
Abrazados a la condena del descenso, el equipo castellonense poco pudo hacer y, entregados a la mentalidad de bajar a segunda B, no tuvo concentración para postergarle el sueño granota a cambio de un resultado más equilibrado. Pero no pudo ser, como si la historia estuviese escrita, los equipos de la Comunidad Valencia se despiden de la categoría de plata para abrir las puertas de otra división. Las puertas del cielo para los granotas y el comienzo de otra temporada en la segunda B en la que, indudablemente, buscarán regresar a la categoría que les corresponde.