La experiencia gastronómica valorada debe contextualizarse en el marco del magnífico programa Cuina Oberta, que propone acercar a unos costes más abordables algunos de los restaurantes más punteros de Valencia, por lo que tal vez no resulte representativa del conjunto de las experiencias degustativas que el equipo de El Riff propone.
El Llanero Solitario | NOSTRESPORT.COM
La experiencia gastronómica valorada debe contextualizarse en el marco del magnífico programa Cuina Oberta, que propone acercar a unos costes más abordables algunos de los restaurantes más punteros de Valencia, por lo que tal vez no resulte representativa del conjunto de las experiencias degustativas que el equipo de El Riff propone.
Resulta siempre difícil abstraerse de las expectativas que genera acudir a algunas de las propuestas gastronómicas más afamadas y consolidadas que el sector de la resturación propone en estos momentos. Por ello, como siempre ocurre, es fácil que una buena realidad no alcance una sobresaliente expectativa. Como casi siempre, las asperezas de lo cotidiano no aguantan la comparación con las nebulosas platónicas.
Vayamos por partes. La experiencia se inició con retraso, bastante retraso, respecto a la hora reservada, las 15:00, amenizada todo sea dicho, por un vino cortesía de la casa en la interesante vinoteca adjunta. Finalmente accedimos a un recinto, sobrio y moderno, siguiendo claramente las líneas minimalistas que inundan hoy dias las propuestas decorativas. Funcionales y elegantes, tal vez como siempre en estos casos, un puntito frio para una casa de comidas, pero sin duda una propuesta alineada con la experiencia y el estilo que proponen. Punto positivo.
El comedor se articula en espacios separado mediante telas lo que permite su máxima rentabilidad y una razonables sensación de intimidad para los comensales. El problema radica si compartes, como fue el caso, habitáculo con otras mesas, con lo que la proximidad física invita más a la confraternización verbenera que a la desgustación que la casa propone. Punto negativo.
La carta de vinos es sin lugar a dudas una completísima selección de los mejores caldos nacionales e internacionales, sirviéndose junto al menú una propuesta de maridaje que siempre es de agradecer. Eso sí, las propuestas están centrada en comensales dispuestos a hacer un esfuerzo económico por la degustación de dichos caldos.
El menú propuesto por el chef H. Knöller para la edición de otoño de cuina oberta de 2012, cabe consierar que fueron los ganadores de la pasada edición, otoño 2011 estaba conformado por:
Entrantes
Snacks
***
Coca de sardina con queso fresco
y mermelada de tomate
***
Tortellini en caldo de setas
Plato principal
Arrós “amb fesols i nabs”
Postre
Arnadi
Guglhupf
Los entrantes dignos de destacar, desde los snacks a base de crujientes de arroz o tocino ibérico, la coca de sardina con queso fresco y mermelada de tomate proponía un conjunto de sabores que se complementaban, creando una mezcla suave y de una textura agradable. Los tortellini en caldo de setas componen una propuesta otoñal que representa un valor seguro.
El plato principal propuesto para esta edición sorprendía por un tradicional “arrós amb fesols i nabs”, debo reconocerles que ello supone una total pérdida de objetividad ante la alegría que dicho reconocimiento supone ante una de nuestras joyas gastrónomicas tradicionales, auténtica debilidad de este autor: sabroso, el arroz en su punto, no excesivamente caldoso, ligeramente cubierto por láminas de cebolla, en una palabra, genial.
Para finalizar el postre también estaba compuesto por uno de los dulces valencianos más tradicionales pero en creciente olvido y necesaria recuperación, Arnadi, a base de calabaza, en esta propuesta helada. Superior. Y el tradicional bollo centroeuropeo Guglhupf, detalle a los orígenes alemanas del propietario.
El menú en su conjunto nos pareció excelente, desde los entrantes a los platos principales, nos encanto la “valencianidad” de la propuesta, permitiendo el redescubrimiento y valorización de algunas de nuestras siempre infravaloradas partes de nuestro patrimonio gastronómico.
Acudir al restaurante el Riff nos supuso una garantía de calidad gastronómica, sabores tradicionales y maridajes experimentales. Productos de primera calidad y cocina cuidada con mimo y profesionalidad. Así mismo nos ofrece sumergirnos en algunas de las tan estandarizadas como absurdas tendencias que se expanden entre algunas de las más significativas propuestas hosteleras. El desmedido e innecesario coste del “agua ecológica”, el preceptivo “impuesto del pan” sin información mediante o el desvarío del café. Siempre abierto el debate entre el coste que supone mantener una gran calidad y ofrecer hasta en los detalles la excelencia o el coste innecesariamente alto de productos o servicios que no siempre requieren tanta excelencia y sí mayor funcionalidad. Pero ese ya parece un debate perdido.
Valoración servicios:
Comida: 7.
Servicio: 7.
Decoración/ Ambiente: 8
Dirección: Calle Conde Altea 18, 46005 Valencia.
Tipo cocina: de autor
Precio medio: De 41 a 60 €
Horario: Comida: De 13:30 a 15:30 (excepto domingo y lunes)
Cena: De 20:30 a 23:00 (excepto domingo y lunes)
Cierra: Agosto