viernes, octubre 9, 2026
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Del 3-5-2 al 4-4-2, ¿un experimento fallido?

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Marcelino llevó a la gloria un sistema que se ha convertido en la basa del Valencia CF: el 4-4-2. Por una extraña razón, casi mágica, el equipo no consigue carburar de otra manera más que con esta idea. Aunque bueno, realmente sí tiene explicación. Bordalás ha buscado en los últimos meses alternativas por necesidad de la plantilla (lesionados, sancionados, contagiados COVID…), pero en ninguno de los casos se ha visto una respuesta en el césped. Una de estas variantes es el 3-5-2 (o 5-3-2 en defensa) que vimos en el partido frente a la Real Sociedad.

Sobre el papel, el refuerzo en cantidad a una defensa muy débil debería ser suficiente para frenar la sangría. Con tan solo un central de la primera plantilla disponible, introducir esta defensa de 5 cubriría las espaldas al conjunto de Bordalás. Pero nada más allá de la realidad, todo lo que pudo salir mal; salió mal. Cömert, Mosquera y Foulquier formaron un tridente inédito. Tanto lo era, que ni si quiera entre ellos pudieron comunicarse. Un Foulquier a modo de traductor en medio del encuentro escenificó los problemas internos de esa defensa. Y ya no solo en esta parcela. Los carrileros estuvieron completamente perdidos en la presión y en el marcaje, Bryan Gil recibió órdenes constantemente de Bordalás y el trivote del mediocampo no aportó solidez.

Foulquier (Valencia CF) en el encuentro frente a la Real Sociedad / Foto: Rubén Amaya

En la segunda parte, con la entrada de Carlos Soler, el Valencia CF volvió al sistema tradicional y mejoró notablemente. Marcelino ya lo dijo en su día: «Es el sistema que menos especificidad necesita en los jugadores, permite que se adapten rápido y afianzar los automatismos». Precisamente, estas ideas automáticas ya consolidadas son lo que hacen carburar al Valencia. La presión cambió por completo, los marcajes fueron buenos, no se llegó tarde, ataques mucho más sólidos… El 4-4-2 es el sistema más equilibrado, y eso gana partidos.

De nuevo se plantea la decisión para las semifinales de Copa del Rey. En un escenario de altura – San Mamés – la necesidad de reforzar el mediocampo y frenar sus salidas rápidas hacen pensar que al menos para la ida lo mejor es salir con 5 defensas. Pero el Valencia así no funciona. Bordalás apostará una idea valiente, con el 4-4-2 absorbido por sus jugadores. Siempre dicen que cuando algo funciona no hay que tocarlo. Poco más que añadir entonces.

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