Jorge Luna | NOSTRESPORT.COM
El Valencia no pudo llevarse los tres puntos ante el Racing de Santander, pero lo intentó hasta el final. Ese fue el mensaje que se llevó la afición valencianista en una noche atípica de fútbol, una noche en la que el público no dejó de animar a su equipo hasta que Albelda marcó en propia puerta el 2-4.
Este gol provocó que la gente empezara a marcharse, pero no por el ya más que conocido enfado de la afición cuando sus jugadores pierden, sino porque el partido estaba sentenciado y la fuerte lluvia no dejaba de caer sobre el coliseo valencianista.
Pese a que el Racing se adelantó en el marcador por tres veces, la gente estaba con el equipo, no dejó de animar en ningún momento. Ni la incesante lluvia ni los golazos de Tchité mantuvieron callados a unos aficionados que están con el equipo, que están contentos con unos jugadores que lo dan todo en cada partido y que se ven recompensados con el apoyo de la grada, antes y después del partido.
Cierto es que el ambiente se quedó un poco helado tras el segundo gol del Racing, pero enseguida la afición reaccionó, llevó en volandas a su equipo para buscar un empate que conseguiría por medio de Joaquín. Tras el gol, el público aumentó el volumen de los cánticos para intentar conseguir otro tanto más,se encaraba con el colegiado en cada jugada polémica, pero finalmente los que marcaron fueron los cántabros para tristeza de la grada.
Sin embargo, parece que la época de los famosos "¡Vete ya!" han pasado a la historia porque hacía años que un servidor no veía un 2-4 en Mestalla sin pitos hacia los jugadores. La explicación es sencilla, hay conexión entre el equipo y la grada. A la afición le gusta lo que ve. Este sábado, pese a perder, no se fue disgustada, porque sabe que el equipo está comprometido, y unos jugadores que se dejan la piel se merecen una afición como la que demostró ser la del Valencia, incansable.