La formación saguntina conocía a su rival, sabía que iba a ser complicado, sabía que todavía no habían dejado escapar ni un punto en su cancha, y que la hinchada les iba a apoyar mucho durante el trascurso del partido. También sabían de la situación en que se encontraban, colistas y con el entrenador con un pie fuera del equipo. Pero los jugadores tenían muy claro que los problemas venían de los resultados y no por el juego.
Arnau Alonso | NOSTRESPORT.COM
La formación saguntina conocía a su rival, sabía que iba a ser complicado, sabía que todavía no habían dejado escapar ni un punto en su cancha, y que la hinchada les iba a apoyar mucho durante el trascurso del partido. También sabían de la situación en que se encontraban, colistas y con el entrenador con un pie fuera del equipo. Pero los jugadores tenían muy claro que los problemas venían de los resultados y no por el juego.
Mientras que el conjunto dirigido por Mariano Ortega quería recuperarse tras el tropezón en Pamplona y subir varias plazas en la clasificación. Los aragoneses podrían sufrir otro inesperado susto con el Puerto Sagunto que si afrontaban el choque como si fuera el ovni le podrían hacerles pasar un mal rato.
Los diez primeros minutos estuvieron muy igualados, ningún bloque lograba una estabilidad clara en el electrónico. Pero poco a poco, los locales tiraron de oficio y experiencia y se cogieron la batuta, no echaron tierra de por medio pero consiguieron irse por delante al final de los primeros treinta minutos.
Después del intermedio, el desgaste físico de los rojiblancos fue notándose cada vez más y llegado al cuarto de hora de la segunda mitad el Caja3 Aragón tomaba una cierta ventaja en el marcador que les daría tranquilidad en los últimos instantes. Mientras Puerto Sagunto ya deseaba el final y los aragoneses pensaban en la siguiente jornada, el partido siguió su ritmo, donde los de casa aprovecharon para machacar la moral valenciana y dejar un resultado estremecedor de 32-23.