Hacía mucho tiempo que los aficionados no salían tan felices de El Madrigal. Una sonrisa tonta en la cara les delataba y los gestualizados comentarios sobre lo que acababan de vivir acompañaban su desordenada vuelta a casa. Llegar cinco minutos más o menos tarde a la paella del domingo era secundario, antes había que degustar la épica victoria del Villarreal, que en un instante dorado había dado un vuelco a los sentimientos de todos los amarillos. El Submarino Amarillo cumplía 90 años y no lo podía haber hecho de mejor forma.
Pablo Ramón | NOSTRESPORT.COM
Hacía mucho tiempo que los aficionados no salían tan felices de El Madrigal. Una sonrisa tonta en la cara les delataba y los gestualizados comentarios sobre lo que acababan de vivir acompañaban su desordenada vuelta a casa. Hasta los que iban en automóvil marchaban más agolpados de lo normal, sin dejar fluidez en el tráfico. Les daba igual. Llegar cinco minutos más o menos tarde a la paella del domingo era secundario, antes había que degustar la épica victoria del Villarreal, que en un instante dorado había dado un vuelco a los sentimientos de todos los amarillos. El Submarino Amarillo cumplía 90 años y no lo podía haber hecho de mejor forma.
Minutos atrás, un encuentro que parecía abocado a la ofuscación y a generar malestar una semana entera, se convirtió en euforia grogueta. Los de Marcelino se habían estrellado contra la zaga sportinguista de todas las formas posibles, las ideas faltaban y las fuerzas flaqueaban. El Sporting había renunciado a la pelota desde el empate a uno y le estaba saliendo bien. Cuando llegó el 90, sería cruel si perdían.
En el polo opuesto, un Villarreal que buscaba el milagro sin cesar. En un equipo que vive años en los que la fortuna no le sonríe, estas cosas se viven más intensamente. El Submarino se acostumbró a que le marcaran en el último minuto y se había olvidado de que él también podía hacerlo. En el minuto 93, en la ultimísima, Bruno puso un pase profundo, casi rezando un ave maría desde Artana, y Uche lo cazó. El nigeriano, dos segundos después, era el centro del éxtasis amarillo. Hasta Juan Carlos pegó un sprint de 100 metros para celebrar un tanto de fe, un gol que motiva. El Sporting no tenía tiempo de reacción y moriría ahí. En la grada, todo se veía con un optimismo inusitado. Eran los tres puntos que mejor sabían de toda la temporada.
El día de Ike Uche
El choque tuvo un inicio trabado. Unos veinte primeros minutos sin sabor pero con claro dominio villarrealense, como suele pasar durante toda la temporada. Marcelino volvió a apostar por Uche y Pereira arriba y le dio la titularidad a un Javier Aquino que destacó desde el principio. El mexicano iba a ser la sensación del partido. Uche tuvo la primera ocasión para el Villarreal, pero su disparo mordido se marchó por línea de fondo. El Sporting replicó con una de Trejo que, por no esperársela, mandó fuera en boca de gol. Arcediano Monescillo pudo señalar penalti en un derribo a Uche, pero las protestas se quedaron en nada.
Hasta la media hora no se intensificó el dominio amarillo, que buscó la portería de Cuéllar con ganas. Aquino desbordaba con facilidad desde la banda izquierda y los amarillos rondaban el área. Pero fue en un despeje perdido por alto que cazó Uche, muy activo todo el encuentro, cuando llegó el primero. El campeón de África se revolvió ante un defensor que le encimaba asfixiándole y se zafó de él. Sin girar del todo, golpeó por donde nadie lo hace, al palo del portero y a través un hueco casi invisible. Ni en la grada lo esperaban. El descanso llegó con ese 1-0 balsámico.
El Sporting empata en un contraataque
Al Villarreal le faltaba matar el partido en la segunda parte. El Submarino demostró que cerrar los duelos sigue siendo su asignatura pendiente. Los de Marcelino remolonaron y el Sporting se aprovechó, esperando paciente su ocasión. Los asturianos buscaron a Juan Carlos y, aunque no dispararon a puerta con peligro, merodearon por el área avisando de que todavía estaban vivos. Tras veinte minutos de runrún y de verse venir, los rojiblancos hicieron de un saque de Cuéllar con la mano el mejor contragolpe. El Villarreal no replegó bien y al final del camino estaba Sangoy para recibir solo y ejecutar. El empate era un jarro de agua fría para un Submarino al que, al menos, le quedaba tiempo para vencer.
A partir del tanto de la igualada el encuentro se rompió. Idas y venidas de ambos equipos marcaron una media hora final loca, en la que los 22 futbolistas se exprimieron y Javier Aquino reinó sobre todos los demás. El oaxaqueño la pidió, la tuvo y fue un constante quebradero de cabeza. Estaba suelto, con confianza y con un público entregado. Aquino mandó al travesaño una ocasión que se inventó él y que acabó siendo la más peligrosa del Villarreal. Un auténtico trallazo que hizo temblar la madera. El mexicano ha tardado solo cuatro partidos en adaptarse.
La milagrosa épica amarilla
Jonathan Pereira y Hernán Pérez pudieron marcar pero se entretuvieron dentro del área. Quién no se distrajo fue Jérémy Perbet, clave desde que salió por Jony. El francés tuvo veinte minutos y, aunque esta vez no marcó, se hizo valer con buenos pases y creando ocasiones de la nada, revolviéndose incluso en un palmo de terreno.
Con el depósito ya en la reserva, el Sporting se entregó a su suerte y el Villarreal, sin muchas ideas ni orden, comenzó su acoso a los de Sandoval. El Submarino andaba fallón y casi desesperado. Perbet se sacó un pase de la muerte imposible como quien se saca un as de la manga, pero Bruno tuvo un cortocircuito, se bloqueó y no la empujo. El artanense se iba a resarcir -y de qué manera- un minuto después.
El partido moría y muchos asumían el empate. Pero el Villarreal no renunció nunca a la épica y creyó. Tuvo fe y movió montañas que otrora eran inamovibles. El milagro amarillo llegó en el día del 90 aniversario. Era el mejor regalo posible. Bruno buscó a Uche. Uche maniobró, magistral, y metió la puntilla para enloquecer a El Madrigal con un gol mágico. En Vila-real ya miran al ascenso directo a solo cinco puntos. Y soplando velas con una sonrisa de oreja a oreja.
Ficha técnica:
-Villarreal CF: Juan Carlos; Mario, Musacchio, Dorado, Jaume Costa; Aquino, Bruno, Farinós (Marcos Senna, 59’), Moi Gómez (Hernán Pérez, 66’); Uche y Jonathan Pereira (Perbet, 72’).
-Real Sporting de Gijón: Cuéllar; Luis Hernández, Iván Hernández, Bernardo, Canella; Sangoy (Guerrero, 83’), Bustos, Nacho Cases, Santi Jara (Carmona, 46’); Trejo y Bilic (David, 75’).
Goles: 1-0, min. 37: Uche. 1-1, min. 66: Sangoy. 2-1, min. 93: Uche.
Árbitro: Dámaso Arcediano Monescillo (Comité Castellano-Manchego). Amonestó a los locales Jaume Costa (12’) y Jonathan Pereira (93’) y los visitantes Nacho Cases (11’), Bernardo (24’) y Trejo (32’).
Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 29 de la Liga Adelante entre el disputado en El Madrigal. Los niños canteranos de la escuela del Submarino formaron un 90 gigante en el centro del campo en los momentos previos al inicio del encuentro en homenaje a los noventa años que cumplía hoy el Villarreal CF.