Llegaba la noche en El Madrigal, se ponía el sol de una corta tarde de invierno. Para entonces reinaba la inquietud en el Villarreal, que no podía con el Alcorcón. Cuando oscureció, el Submarino Amarillo decidió brillar. Con goleada incluida, para desfogarse después de tanta intranquilidad.
Pablo Ramón Ochoa | NOSTRESPORT.COM
Llegaba la noche en El Madrigal, se ponía el sol de una corta tarde de invierno. Para entonces reinaba la inquietud en el Villarreal, que no podía con el Alcorcón. Cuando oscureció, el Submarino Amarillo decidió brillar. Con goleada incluida, para desfogarse después de tanta intranquilidad.
Tras una semana dura en la que Julio Velázquez ha sido más cuestionado que nunca –una derrota le habría dejado muy tocado-, el técnico planteó un partido que maduró minuto a minuto y en el que en la segunda parte su equipo se convirtió en mariposa. Cuatro goles, con participación de toda la parcela ofensiva y jugando con dos puntas. La asociación Bruno-Uche-Cavenaghi fabricó dos goles. Hernán Pérez y de nuevo el “Torito” Cavenaghi compusieron los otros dos con sendas genialidades. Difícil de olvidar este partido para una grada que por fin se marchó a casa con una sonrisa de oreja a oreja.
Bien es verdad que enfrente estuvo un Alcorcón que jugó con uno menos casi toda la segunda parte. Los alfareros de Bordalás hicieron lo que pudieron e incluso lo intentaron con diez, pero cuando cayó el segundo bajaron los brazos. El final les pilló desdibujados.
Comienzo tímido
Aunque pareciese mentira por el resultado final y los de Julio Velázquez acabaran redimiéndose, no salió el Villarreal con las ganas ni el ímpetu que parecía haberse creado durante la semana. La concienciación que supuestamente había experimentado el conjunto de Velázquez durante estos intensos –y duros- siete días desde que perdieran en Elche no se estaba reflejando en el campo. Menos mal para ellos que todo cambió radicalmente en la segunda parte –pero eso vendrá después-.
El Submarino Amarillo no marcaba diferencias y la afición se lo recriminó desde el primer minuto, no tenía intención de dar muchas concesiones a sus hombres. Era una final y la actitud tenía que ser la que corresponde a ellas. No le entendieron o no lo quisieron entender los jugadores amarillos. Solo poco a poco, cuando avanzó el choque, mostraron mayor implicación y lograron acercarse a la portería alfarera.
Julio Velázquez era quien más se jugaba en el partido y más de una vez estuvo al borde del ataque de nervios en la banda. El técnico salmantino no paraba un segundo. Había apostado por un cambio en el once dando entrada a Cavenaghi como titular, acompañando en la punta a Uche. El argentino no apareció en la primera parte y dejó protagonismo al nigeriano. Ya tendría tiempo “Cave” de gritar bien alto.
Mientras, el Alcorcón planteó un partido muy serio y sin intención de crear resquicios ni huecos por los que los locales se pudieran colar. Cumplieron a rajatabla su guion y le jugaron de tú a tú al Villarreal. Incluso dominaron el juego en los primeros minutos buscando la portería verticalmente.
Los de Pepe Bordalás remataban todo lo que podían rematar y, gracias a un gran despliegue por las bandas de Camille y Fernando Sales, conseguían crear peligro. El mismo Fernando Sales tuvo la primera con un remate mordido que salió desviado por la vera de la portería de Mariño.
Senna falla un penalti
Al poco lo intentó el Villarreal, con Uche errático por dos veces y Trigueros sin acierto a la hora de controlar un balón que le dejaba en posición franca para gol. El delantero nigeriano provocó un claro penalti al ser obstaculizado por un torpe Manu Fernández. El cancerbero del Alcorcón se iba a enfrentar a Senna en la pena máxima y eso suele ser sinónimo de recoger el balón de dentro del arco. Pero, por primera vez en la temporada, no iba a ser así. El capitán de la nave amarilla lanzó el balón a las nubes. Extraño.
Fue el fin de los mejores minutos de un Villarreal inconstante en la primera mitad. Los últimos instantes de ella fueron de empuje madrileño, aunque también sin éxito. El central Babin lo intentó pero sin suerte. Fue el precedente directo del pitido del árbitro. Era ya tiempo de descanso y las fuerzas estaban más o menos igualadas.
Segunda mitad de revolución amarilla
La segunda parte comenzó con la misma tónica, la posesión de la pelota era pareja y el Villarreal no imponía de ninguna manera la superioridad que debería. Pero cuando menos lo buscaron los locales, llegó la alegría. El fútbol tiene esas particularidades. El partido no iba a ser el mismo a partir de entonces, iba a dar un vuelco y, además, acabaría con la mayor alegría del año en Vila-real. En el minuto 46, nadie lo esperaba.
En una contra de manual, de esas que el Villarreal no suele intentar, Julio Velázquez pudo respirar por primera vez en toda la tarde. Uche alargó con sabiduría un pase por alto hacia Cavenaghi, que se quedó solo ante el guardameta. A última hora, el argentino se decidió por la solidaridad y vio a Bruno, que acompañaba su carrera. El pase de la muerte hizo honor a su nombre y el de Artana celebró el gol con muchísima rabia y haciendo piña con sus compañeros. Necesitaban ese gol.
Tras el tanto, llegó el momento de defenderlo y ahí fue cuando el Alcorcón se vino arriba por necesidad. En más de un aprieto se vio la zaga amarilla y Fernando Sales volvería a disponer de una clara ocasión en una de las arremetidas alfareras.
El Villarreal jugaba ahora con más casta y más intensidad. Los tres puntos eran oro y no podían dejar que se escaparan otra vez más. La grada cambió los silbidos por aplausos al tiempo que el Submarino mordía para robarle la pelota a un Alcorcón que buscó el gol con insistencia.
En una de ellas, el árbitro –que ya había concedido el gol del Villarreal, con Cavenaghi en posición dudosa- anuló una acción legal en la que Juli se hubiera quedado en un mano a mano ante Mariño. El choque adquirió tintes de partido loco y, en la siguiente acción, la magia de Manu Trigueros con un pase de tacón permitió una ocasión tremenda que Cani convierte en gol.
El ritmo era frenético y lo pagó Sergio Mora, que dejó al Alcorcón con diez acto seguido. Fue doble amarilla y apenas fue discutida. Más que de segunda, se había convertido en un partido de primera entre dos aspirantes al ascenso.
El Villarreal mata al contragolpe
Tras la expulsión, el Villarreal enfureció más en busca del segundo pero los madrileños suplían su hombre de menos con una portentosa voluntad por empatar. No le perdieron la cara al partido en ningún momento y a los castellonenses se les comenzó a hacer larga la segunda mitad. Todo, con veinte minutos aún por delante.
Los alfareros agotaron sus cambios cuando el Villarreal todavía hacía su primero. Eran cuestiones del que tiene que buscar el partido sí o sí. Al contragolpe, el Submarino mató.
El partido tuvo el suspense de una película de Hitchcock –o más- hasta que Ike Uche apareció con la caña para sentenciar y poner paz en el marcador. Los protagonistas del primer gol amarillo decidieron volver a juntarse, pero para el segundo quisieron intercambiar sus roles. Fernando Cavenaghi se convirtió en el habilitador, Bruno recibió para asistir magistralmente -culminando una actuación de primera clase- y Uche fue el verdugo. Con una facilidad pasmosa, el nigeriano definió para ajusticiar a un Alcorcón que ya no pudo hacer nada.
Los dos tantos fueron una losa demasiado grande para los visitantes, que entonces sí notaron el déficit de hombres. Se descompusieron y, desdibujados, fueron un juguete roto en manos del Villarreal. La puntilla estaba por llegar.
Hernán Pérez y Cavenaghi componen obras maestras
Hernán Pérez ya había saltado al campo con ganas de hacer de las suyas y, cuando la situación fue propicia, arrancó desde la banda para desquiciar a los dos defensas que le salieron al paso. Al segundo le regateó ya en área pequeña, cuando sólo quedaba chutar. Manu Fernández vio cómo el balón le pasaba entre las piernas a velocidad de vértigo. El tercero subía al marcador y El Madrigal era una fiesta.
Aún quedaba tiempo para que el que más se había reivindicado durante el partido pusiera su toque de clase a la tarde, que se hacía noche en Vila-real. Denostado jornadas atrás, incluso Velázquez reconocería después que ha sido injusto con él. Cavenaghi recibió un centro con el tiempo cumplido y, en el aire, optó por la técnica. Y cuando la técnica sube a un estadio superior se le llama genialidad. Sin dejar que el esférico tocara el césped, el “Torito” la tocó suavemente de rabona. Fue el punto y final perfecto a una tarde de reconciliación.
Ficha técnica
Villarreal: Mariño; Javi Venta, Mellberg, Musacchio, Joan Oriol; Cani (Hernán Pérez, 68’), Marcos Senna, Bruno, Trigueros (Jaume Costa, 90’); Uche y Cavenaghi (Pandiani, 90’).
Alcorcón: Manu Fernández; Nagore, Babin, Laguardia, Ángel; Mora, Abraham, Fernando Sales (Morán, 70’), Camille (Miguélez, 46’); Juli (Kike López, 70’) y Oriol Riera.
Goles: 1-0, min. 49: Bruno. 2-0, min. 74: Uche. 3-0, min. 86: Hernán Pérez. 4-0, min. 89: Cavenaghi.
Árbitro: Antonio Mariscal Sánchez. Amonestó a Marcos Senna (14’) y Mellberg (44’) por parte del Villarreal y a Manu Fernández (26’) y Laguardia (64’), Abraham (64’) y Ángel (81’) en el caso del Alcorcón. Expulsó a Sergio Mora en el minuto 63 por doble amonestación.