sábado, octubre 10, 2026
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Laura Cháfer: «Quiero que mi nombre se recuerde»

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La deportista repasa su éxito en Doha, los sacrificios del alto rendimiento y su ambición de dejar huella en la halterofilia

Laura Cháfer regresa del Mundial Universitario de Doha con tres medallas y cinco récords de España universitarios, unos resultados que cobran todavía más valor después de competir arrastrando una lesión en el tendón rotuliano desde marzo. A sus 24 años, la halterófila, que reside y entrena en Gandía, atiende a Nostresport para hablar sobre la presión de competir, la importancia de la preparación mental y los sacrificios que exige el alto rendimiento. Psicóloga deportiva y estudiante de máster, Cháfer reconoce que ha tenido que renunciar a otros proyectos profesionales para perseguir su sueño: descubrir su mejor versión y conseguir que su nombre deje huella en la halterofilia.

Regresas de Doha con tres medallas y cinco récords de España universitarios. Cuando haces balance de todo lo conseguido, ¿con qué momento te quedas?

Destacaría dos cosas de esta competición. La primera tiene que ver con la arrancada. En halterofilia tenemos tres intentos de arrancada y tres de dos tiempos. Fallé los dos primeros intentos de arrancada y, en una competición internacional, eso impone mucho. Ya me había ocurrido alguna vez que también fallaba el tercero y terminaba con tres nulos.

He trabajado mucho mi mentalidad, mi fortaleza mental y mi actitud. Por eso, subir un kilo en el último intento y conseguir levantarlo, después de ser capaz de regularme, supuso un progreso enorme. Quizá los kilos no representaban mi mejor nivel, pero sí fueron un avance muy importante en la gestión de la competición.

En arrancada comenzaste con dos intentos nulos sobre 93 kilos y te lo jugaste todo en el tercero, donde levantaste 94. ¿Qué pasa por tu cabeza cuando sabes que tienes un único intento para seguir dentro de la competición?

Cuando fallas los tres intentos, lo llamamos «blanquear». A mí ya me había pasado alguna vez. En teoría, esos pesos no deberían ser demasiado exigentes para mí, pero hay otra circunstancia importante: arrastro una tendinopatía en el tendón rotuliano desde marzo. Llegó un momento en el que, si no tomaba un analgésico, no soportaba el dolor. Ahora he tenido que parar.

Mi entrenadora me dijo: «Laura, hacer lo que has hecho con una rodilla y media tiene mucho mérito. Quizá no has conseguido tu mejor marca, pero tampoco estás en condiciones de hacerla». No quiero quitarle valor al resultado. Al fin y al cabo, esos 94 kilos representan aproximadamente el 93-94 % de mi mejor marca, que no está nada mal. En aquel momento no tenía la sensación de que la barra pesara demasiado. No entendía qué estaba pasando. Fallé el primer intento y me dije: «Vale, Laura, tranquila. Haz el segundo». Pero tampoco salió. Al volver, Alejandro, el otro entrenador, me preguntó si subíamos a 94 kilos. Ellos estaban pendientes de las medallas, pero yo prefería no saber nada. Pensé: «¿Sabes qué? Súbele». Me dije: «Laura, has levantado 94 kilos muchísimas veces. No te está pesando; te estás acelerando».

Siempre digo que un fallo es información. No significa necesariamente que todo esté mal: te indica qué debes corregir. Me pregunté qué estaba haciendo mal y me acordé de mi ritual. Me aprieto las uñas, hago unos movimientos con la espalda y después agarro la barra. Lo hago tanto en los entrenamientos como en las competiciones. Me di cuenta de que estaba tan acelerada que empezaba el ritual antes incluso de llegar a la tarima. Me dije: «No, respira, tranquila. Regúlate». Esta vez lo hice como siempre, me detuve a analizar qué necesitaba y conseguí levantar la barra.

Precisamente hablas de esos rituales previos a cada levantamiento. ¿Qué importancia tienen en el deporte de alto nivel y hasta qué punto ayudan a afrontar la competición?

Considero que es un recurso que todo deportista debería tener, siempre que lo utilice a su favor y no en su contra. Recuerdo que, en un documental sobre Rafa Nadal, se hablaba de cómo algunos comportamientos podían llegar a ser compulsivos. Para mí, ahí está la diferencia entre un ritual y un TOC: el ritual es una herramienta que utilizas, pero de la que no deberías depender.

Me parece útil porque el cerebro funciona mediante asociaciones. Si relacionas determinados gestos con el momento de activarte y enfrentarte a una barra pesada, terminas asociándolos con la concentración necesaria para levantarla. Es parecido a cuando coges la correa del perro y este sabe que va a salir a pasear. Ha asociado una cosa con la otra. Con los rituales sucede algo semejante: puedes enseñar a tu cerebro a prepararse para una situación. En Doha lo hice y funcionó. A veces me impaciento y pienso: «Cuanto antes consiga un intento válido, antes estaré dentro de la competición». Pero esa prisa acaba jugando en mi contra.

¿Crees que estos rituales también están relacionados con la confianza del deportista y la seguridad que siente antes de competir?

Puede ser un efecto placebo, claro. No lo descarto. Se ha demostrado que el efecto placebo funciona. Después de esta competición, todavía creo más en la utilidad que tiene para mí.

En dos tiempos levantaste 112 y 116 kilos, pero decidiste atacar los 120. ¿Cómo viviste ese último intento y cuánto crees que te falta para conseguirlo?

¡Qué rabia me dieron esos 120 kilos! En arrancada tengo 101 kilos levantados en competición y en Doha me quedé en 94, siete por debajo. Por eso digo que, en teoría, no eran pesos especialmente exigentes para mí. Sin embargo, me estoy recuperando de una lesión y no puedo exigirme siempre el 100 %. Intento ser comprensiva conmigo misma.

Con la arrancada no me fui enfadada. Al contrario, estaba orgullosa de haber sacado el último intento incluso después de subir el peso. Pero con los 120 kilos de dos tiempos fue distinto: sentí que los tenía muy cerca. Ya había levantado 119 kilos en un par de competiciones y los 120 en un campeonato autonómico de Valencia. Además, entrenando tengo 123. Sabía que podía hacerlo. Llegué a cargar la barra y la tenía colocada. Pensé: «Los hago, los hago». Pero no salieron. ¡Qué rabia! ¿Cómo se me habían escapado?

Cuando consigues cargar la barra y la tienes arriba, normalmente sabes si te quedan fuerzas para completar el levantamiento. Si notas que pesa muchísimo, puedes intentarlo y esperar que todo salga bien, pero no suele ser así. En ese intento sentí rabia porque sé que soy capaz. Si pudiera repetirlo, creo que lo conseguiría. Pero la competición había terminado y ya no tenía otra oportunidad.

Entonces, ¿podemos esperar verte levantando esos 120 kilos próximamente?

Sí, sí. Se vienen, se vienen.

Más allá de las medallas y los récords, llegabas a Doha después de unos meses complicados por la lesión. ¿Te sorprendiste a ti misma con lo que fuiste capaz de conseguir?

No me lo esperaba. Cuando salieron las listas de participantes, podía ver con qué marcas se habían inscrito mis rivales, aunque a veces esas cifras no reflejan exactamente lo que van a levantar. Decidí no mirarlas porque no quería añadir una presión innecesaria. Saberlo no iba a cambiar los kilos que yo podía levantar. Durante la competición tampoco quise conocer cómo iba la clasificación. Después de fallar los 120 kilos, entré y pregunté a mis entrenadores: «¿He conseguido alguna medalla?». Me respondieron: «Tres». No me lo podía creer. Les pregunté: «¿Cómo? ¿En serio voy a subir a un podio?».

Es un campeonato universitario, no absoluto, pero sigue siendo un podio mundial. Al principio estaba pensando en los 120 kilos y en que podría haber demostrado más. Después puse los pies en la tierra: «Laura, no estás al 100 %. Has hecho lo que has podido con las condiciones que tenías». Son las cartas que tenía y las he jugado. Incluso estando al 85-90 % de mi nivel, había conseguido subir a un podio mundial. Fue como darme una palmadita en la espalda y decirme: «Enhorabuena». Si se lo contara a la Laura que empezó, no se lo creería ni de lejos.

La halterofilia es un deporte de segundos, pero detrás de cada levantamiento hay muchísimo trabajo. ¿Hasta qué punto crees que la gente desconoce el esfuerzo físico y mental que hay detrás de estos resultados?

Creo que la gente desconoce tanto la preparación física como la mental. A veces escucho comentarios sobre deportistas que compiten por debajo de sus marcas de entrenamiento: «¿Nos engañan cuando entrenan? Menudo resultado, ni siquiera se acercan a lo que hacen normalmente». Pero no se tiene en cuenta lo que impone una tarima internacional.

Sales a una plataforma elevada, con tres jueces, público y cámaras. Estás compitiendo en otro país y sabes que te están observando. Todo eso impresiona. El simple hecho de salir y conseguir un levantamiento válido ya tiene mérito. Entrenar y competir no son lo mismo, ni de lejos. También está la incertidumbre de llegar después de una lesión y no saber exactamente en qué estado de forma te encuentras. Hay que gestionar los nervios, los intentos y la presión. Esa preparación mental es muy importante, igual que todo el trabajo físico y los sacrificios que hay detrás. He escuchado a personas decir que, si levantan determinado peso en press de banca, podrían levantar una cifra parecida en arrancada. Pero ¿son conscientes de lo que exige ese movimiento? Necesitas movilidad, fuerza, técnica, explosividad y velocidad. No basta con ser fuerte.

Mi entrenadora me dice que levanto bien, que levanto bonito, pero la perfección no existe. Siempre estamos puliendo detalles y buscando mejorar. Muchas veces entreno por la mañana y por la tarde, voy al fisioterapeuta y continúo trabajando en mi recuperación. El tiempo y la energía nunca parecen suficientes porque siempre quieres más. Es un proceso muy exigente que me encanta, pero que requiere muchísimo esfuerzo. Hasta mis padres me han dicho alguna vez que no imaginaban todo lo que había detrás hasta que lo vivieron conmigo.

También has comentado que algunas personas cuestionan los resultados de los deportistas sin conocer realmente lo que supone competir. ¿Crees que falta comprensión hacia la exigencia de la halterofilia?

Sí. De hecho, uno de esos comentarios lo hizo una persona que acababa de empezar en la halterofilia y que todavía no había competido. Cuestionaba que un deportista no hubiera levantado lo que era capaz de hacer en los entrenamientos. Pero ¿sabe lo que supone competir y soportar esa presión? No se trata solamente de fuerza. Es un contexto muy estresante y no resulta tan fácil como parece desde fuera.

Antes has mencionado que algunas deportistas pueden inscribirse con marcas superiores a las que realmente tienen. ¿Crees que existe una tendencia a inflar esas marcas o se trata de una cuestión estratégica?

Creo que lo deciden los entrenadores y que forma parte de la estrategia. Yo ni siquiera sabía con qué marca estaba inscrita. En la competición existe un límite respecto a cuánto puedes bajar de la marca declarada; según recuerdo, no puedes quedarte más de 20 kilos por debajo. De lo contrario, las cifras podrían inflarse demasiado.

Hay entrenadores que inscriben una marca alta porque confían en que su deportista puede conseguirla y, de paso, buscan impresionar a las rivales: «Cuidado con esta». Otros hacen lo contrario: declaran un total olímpico más bajo y luego su deportista aparece y levanta 15 kilos más. Creo que es una cuestión estratégica entre entrenadores, que observan lo que hacen los demás y toman sus decisiones. Al deportista, en general, le importa bastante menos.

Es decir, que existe una especie de juego paralelo entre entrenadores.

Totalmente. Lo que hace el deportista y lo que hace el entrenador son dos juegos paralelos.

Compaginas el deporte de alto nivel con los estudios universitarios. ¿Cómo consigues encontrar el equilibrio entre entrenamientos, competiciones y estudios? ¿Y a qué has tenido que renunciar para rendir a este nivel?

Ahora mismo no solo estudio: también trabajo como psicóloga deportiva en línea e intento impulsar mis redes sociales. No es fácil compaginarlo todo. Antes vivía en Valencia y entrenaba sola. Aunque solo viniera a Gandía un par de veces por semana, los desplazamientos me quitaban mucho tiempo. Mi club y mi entrenadora están aquí, así que decidí mudarme a Gandía para ahorrar tiempo. Sentía que no me daba la vida. Intento ajustar el trabajo a lo que puedo asumir. Además, he dividido en dos años un máster que estaba pensado para uno, porque no podía compaginar el trabajo de fin de máster, las prácticas y el deporte. Tengo claro que ahora debo establecer prioridades y que el deporte ocupa el primer lugar. Es una decisión mía y asumo sus consecuencias.

Muchas veces funciono por inercia. Mis días están ocupados prácticamente desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde. Tengo terapia, rehabilitación, trabajo, estudio, clases y entrenamientos. Después hago las tareas de casa que puedo y me voy a dormir. Al día siguiente, vuelta a empezar. En cuanto a las renuncias, cuando terminé la universidad tenía clarísimo que quería ser psicóloga de prisiones. Hice las prácticas en una cárcel y me encantó. Sin embargo, preparar aquella oposición era muy exigente. No recuerdo si era del grupo A1 o A2, pero había muy pocas plazas, unas treinta para toda España, según recuerdo.

Yo vivía en Pamplona y después me mudé a Valencia. Allí entrenaba a alto nivel mientras estudiaba la oposición. Eran dos objetivos a largo plazo, muy exigentes y frustrantes a veces. Me di cuenta de que no podía estudiar seis horas diarias y entrenar otras cuatro: terminaba agotada, sin energía y saturada. Llegó un momento en el que tuve que elegir: «¿Quieres ser psicóloga de prisiones o seguir con el deporte?». Pensé que quizá podría volver a opositar más adelante, aunque no sé si finalmente lo haré. En cambio, quería descubrir hasta dónde podía llegar en la halterofilia. Quiero conocer mi mejor versión. Por eso renuncié a aquella oposición y decidí apostar por el deporte. Estoy dispuesta a hacer lo que haga falta.

Con una rutina tan exigente, ¿cómo gestionas el poco tiempo libre que tienes?

Es raro. Cuando te relacionas con otros deportistas de alto nivel, todos llevamos una dinámica parecida y no te sientes un bicho raro. Pero a veces veo la vida que tienen mis amigas de la universidad o del instituto: salen de fiesta, quedan para tomar algo en una terraza… No es que lo eche de menos, porque ahora mismo ni me lo planteo. Sé que ese ritmo es incompatible con mi estilo de vida y, aun así, me encanta la vida que llevo. Cuando me preguntas qué hago en mi tiempo libre, tengo que pensarlo. Veo Netflix o aprovecho para limpiar la casa, porque a veces se me acumulan las tareas durante semanas. Si me aburro, también hago ejercicios de movilidad.

Algún fin de semana, si hay una comida en el pueblo, voy, siempre que no tenga una competición cerca. Si tengo que dar el peso, quizá me acerque por la tarde, pero no voy a comer. También necesito descansar. Los domingos suelo tenerlos más libres porque no entreno. Mi cuerpo me pide descanso: es mi día de fotosíntesis. Me pregunto qué haré cuando tenga una agenda menos ocupada o deje el deporte. No sé si seré capaz de recuperar una vida social más convencional. Ahora también tengo vida social, pero se desarrolla sobre todo durante los entrenamientos y en otros entornos relacionados con el deporte.

Hay deportistas que, después de dedicar toda su vida a competir, encuentran dificultades para adaptarse a la retirada. ¿Te has planteado cómo afrontarás ese momento?

Me aterra, la verdad. Sé que seguiré haciendo halterofilia o algún otro deporte, porque es algo que llevo dentro. Quizá aproveche para probar disciplinas nuevas. Pero no será lo mismo que competir al nivel al que estoy acostumbrada. Es como si ahora tus objetivos fueran una tarta de chocolate y, al retirarte, te dijeran que tienes que conformarte con un caramelo de menta. Puede resultar desmotivante. Tengo 24 años y, por suerte, creo que todavía me queda mucho recorrido. Aun así, alguna vez he hablado del tema con mi entrenadora. Me aconseja que, cuando me retire, trabaje y mantenga mi tiempo ocupado, porque la sensación de vacío puede ser muy grande.

Al final, el deporte no es solamente una actividad: también forma parte de tu identidad. Es parecido a lo que les sucede a algunas personas cuando se jubilan después de treinta años trabajando y no saben qué hacer con su tiempo. En mi caso, además, es algo a lo que he dedicado muchísimo esfuerzo, sudor y lágrimas. Es una lucha constante, con emociones y una adrenalina que difícilmente encuentras en otros ámbitos. Perder todo eso de repente tiene que ser duro. Por suerte, tengo estudios y estoy construyendo mi futuro profesional. Sé que, cuando me retire, podré dedicarme a otras cosas. Pero la retirada será una etapa que tendré que aprender a gestionar.

Después de este Mundial Universitario, con tres medallas y cinco récords, ¿qué sueño te gustaría cumplir dentro de la halterofilia?

Quiero llegar a lo más alto, aunque ni siquiera sé exactamente qué significa eso. La gente podría decir que el gran objetivo son unos Juegos Olímpicos, pero tampoco quiero marcarme metas que quizá no pueda cumplir. Yo quiero ser la mejor. No sabría decirte si eso significa participar en unos Juegos Olímpicos o destacar en otras competiciones. Lo que realmente quiero es que mi nombre se recuerde algún día.

Me gustaría que, en el futuro, alguien dijera que quiere ser tan bueno como lo fue Laura Cháfer. Quizá no llegue a unos Juegos Olímpicos, pero consiga destacar en otros campeonatos. Todavía no sé qué competiciones o resultados me permitirán alcanzar ese reconocimiento. Ya lo iré descubriendo. Lo tengo claro: quiero que mi nombre se recuerde. Eso es lo que quiero.

Y para concluir, a corto plazo, ¿cuál es el gran objetivo de Laura Cháfer?

A corto plazo, lo primero es recuperarme. En cuanto esté recuperada, quiero conseguir las marcas mínimas para los campeonatos internacionales absolutos del año que viene. Este año ya conseguí una mínima, pero me quedé como reserva por falta de plazas. Mi objetivo es alcanzar las mínimas del Europeo y del Mundial. Después, que me seleccionen o vuelva a quedarme como reserva no depende únicamente de mí. Lo que sí está en mis manos es conseguir esas marcas y estar ahí, peleando por una plaza.

El peso de un sueño

Hay sacrificios que nunca aparecen reflejados en una medalla. Horas de entrenamiento cuando el cuerpo pide descanso, oportunidades que se dejan escapar y decisiones que obligan a renunciar a una vida para apostar por otra. Laura Cháfer sabe lo que significa elegir. Tenía un futuro que le ilusionaba como psicóloga de prisiones, pero decidió dejarlo a un lado para descubrir hasta dónde podía llegar en la halterofilia. No sabía si algún día alcanzaría un podio mundial, ni cuántas veces tendría que levantarse después de caer. Solo sabía que no quería quedarse con la duda.

En Doha, después de meses conviviendo con el dolor y de fallar dos levantamientos, encontró una recompensa que iba mucho más allá de las medallas. Porque aquellos 94 kilos no solo salvaron una competición: también hicieron justicia a tantas horas de esfuerzo que nadie había visto y a todos los sueños que se había negado a abandonar.

A sus 24 años, Laura todavía tiene toda una historia por escribir. Habrá días en los que el hierro pese demasiado, en los que las fuerzas flaqueen y en los que el camino parezca más largo que nunca. Pero también habrá nuevas oportunidades para demostrar que aquella decisión de apostar por sí misma mereció la pena. No sabe si su destino estará en unos Juegos Olímpicos, en un Mundial o en una competición que todavía ni siquiera imagina. Lo único que tiene claro es que quiere llegar tan lejos como sea capaz.

Cuando algún día llegue el momento de dejar atrás la tarima, ojalá pueda mirar hacia aquella Laura que renunció a un futuro seguro para perseguir uno incierto y sentir que no le quedó nada por entregar. Porque hay deportistas que persiguen medallas y récords, pero Laura Cháfer aspira a algo que trasciende cualquier resultado: que, cuando sus manos dejen de levantar hierro, su nombre siga teniendo el peso de una leyenda.

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Iván Barambones Adarve
Iván Barambones Adarve
Experiencia como redactor en Agente Libre y Nostresport, con enfoque en deportes como fútbol, UFC, baloncesto y motor. He trabajado en la creación de contenido, análisis y cobertura en tiempo real de eventos deportivos, además de realizar entrevistas a protagonistas de primer nivel.

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