sábado, octubre 10, 2026
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Levante acaricia la permanencia (0-2)

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Levante ganó con autoridad en el Nuevo Los Cármenes en una victoria vital para alcanzar más aún la permanencia en la elite del fútbol español. Un triunfo con seguridad que lo invita a soñar con los puestos europeos.

Los enfrentamientos de la competición están repletos de imágenes a modo de metáforas que te permiten definir el estilo del juego de cada uno de los contendientes. Únicamente hay que buscarlas porque ejercen de testigos de una propuesta. El gol del David Navarro se convierte en la metáfora de las prestaciones que emite el Levante como adversario. No fue un gol que llegó desde la ortodoxia que marca una excelente elaboración colectiva. Fue un gol de raza y de corazón; de oportunismo y de saber estar. El Levante conoce con certeza a lo que juega en cada momento del partido. Tiene estilo y oficio. Y se entrega con pasión. No es necesario que sus integrantes se miren a los ojos para interpretar la partitura.

Hay una complicidad manifiesta. Es uno de los factores que definen al bloque que prepara Joaquín Caparrós. Y posiblemente una de las causas explicativas de su éxito en su aventura por la inhóspita Primera División. Los cuarenta puntos alcanzados a falta de siete jornadas son reveladores. Navarro recogió un balón sin dueño en el interior del área. Se lanzó al suelo con determinación para contactar con el esférico. El cuero se coló por debajo de las piernas de Roberto. No fue un compendió de estética, pero es una manera de alcanzar el gol tan valida como cualquier otra. De esta guisa se expresa el Levante sobre el verde. Es un bloque compacto y terriblemente solidario en sus acciones. Las esencias las guardó para el capítulo final Pedro López. El jugador recorrió el balcón del área para escoger la escuadra izquierda de Roberto y alojar el cuero con una suavidad extrema. En ese punto finalizó el recorrido del encuentro en tierras andaluzas. Pedro López labró una diana con la delicada ejecución, pero a la vez con la firmeza, con la que se enfrenta un escultor a un gélido bloque de mármol.

El Levante emergió de nuevo en el feudo de Los Cármenes de Granada para atrapar con voluntad una victoria sustantiva con un innegable sabor a continuidad en Primera División. El equipo recuperó sus credenciales y sus particularidades para lograr desactivar a su oponente. Urgía rastrear ese camino tras la derrota frente al Betis en el Ciutat. El Levante se comporta como un certero francotirador que espera pacientemente su momento para lanzarse con fiereza sobre su objetivo.

Sabe con seguridad que sus opciones acabarán llegando y se prepara para ajusticiar a su oponente en el instante más conveniente. Es una cuestión de jugar con el tiempo, pero también de manejar los intervalos de cada confrontación. La primera premisa incuestionable implica no desmoronarse y pertrecharse sobre sus dominios para comenzar a lanzar señales sobre sus contrincantes. En ese sentido, no es un equipo fácilmente impresionable ante la puesta en escena de su contrario.

El Granada no tardó en contemplar esa imagen compacta que emite el Levante. A los veinte minutos de la cita el equipo local comenzaba a emitir síntomas de cierto decaimiento generalizado. Con anterioridad, Riki parecía encontrar por el carril zurdo del ataque local una autopista. Sólo el colegiado sembró la incertidumbre con una pena máxima de Navarro corregida. El Levante comenzó a entretejer esa malla en el eje de la medular que acaba por asfixiar a su rival.

Es un bloque que acostumbra a dominar los espacios del campo. Y si los problemas aumentan aparece Keylor para solventarlos. El cancerbero de Costa Rica surgió para atrapar un disparo de El Arabi desde el interior del área. Fue la acción local más clara. No obstante, el primer acto concluyó con la grada estremecida tras un remate de Rubén que escupió el larguero. Roberto tocó lo suficiente para negar el gol. Y nada varió tras el paso por los vestuarios. El Levante mostró su versión más ofensiva. Casadesús se lanzó con decisión hacia la portería de Roberto. El atacante fue superando obstáculos en forma de jugadores locales hasta plantarse ante el arquero. Su disparo chocó con un defensor cuando se mascaba el gol.

Navarro no erró en la claridad de la segunda fase. Y Rubén tiró de calidad para buscar desde el medio del campo uno de los goles del año. En cierto modo, el Levante se encontraba ante un paisaje que domina a las mil maravillas. Con ventaja en el marcador se convierte en un adversario todavía más aristado y temido ya que es fácil voltearlo. Es capaz de cerrar cada grieta que surge y de comportarse como un equipo tremendamente colectivo y solidario en el esfuerzo. Cada jugada es una batalla y se emplea con celo y determinación en la defensa de un ideal. Lucas Alcaraz pobló el campo de jugadores ofensivos mientras Caparrós apostaba por una idea antagónica. El partido estaba totalmente definido. El Granada llevaba el peso de la cita y el Levante se defendía con orden tras replegarse sobre sí mismo. Este equipo se siente seguro cuando debate sobre el partido desde la defensa. Sus jugadores están curtidos y no se amilanan. Curiosamente, el Levante pisó el áera de Roberto y gozó de las opciones más claras. Hasta que Pedro López decidió cerrar la confrontación.

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Redacción de nostresport.com Desde el 01/02/2023 informando del deporte de la Comunitat Valenciana

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