Dos tropiezos, unos contra el Teruel y el otro contra el Peñarol, han sacado a relucir las carencias del Levante UD. Los nuevos fichajes deberán adaptarse a los esquemas del entrenador, y la afición deberá ser paciente.
Pau Borredá | NOSTRESPORT.COM
La tarde empezaba con una vistosa presentación de los hombres del Levante UD ante su afición. Pancartas y cánticos recibían a los granotas a su llegada al estadio. Después de que técnico y jugadores lanzaran mensajes ilusionantes a la grada, tocaba saltar al campo y transformar esas promesas en realidad.
El rival, un Peñarol que a la postre iba a empañar la presentación en sociedad de los hombres de JIM. Los azulgrana salieron algo distendidos al terreno de juego. El ritmo del partido durante los primeros minutos fue pausado, quizá incluso demasiado. Pero a las puertas del descanso llegarían las primeras ocasiones. Minutos antes se había prometido la permanencia, y eso no podía quedar en nada.
Rafa Jordá tuvo un mano a mano con el portero rival. Ya en la segunda mitad, un disparo de Barkero se estrellaba contra el poste, y de nuevo Jordá pudo encarar al meta del Peñarol. Pero todo ello sin éxito. El Levante llegaba, pero no conseguía concretar sus ocasiones. En la grada se empezaba a echar de menos a Caicedo.
Mientras tanto, un Peñarol descaradamente encomendado al contraataque, aprovechaba sus contadas oportunidades. Un par de desajustes defensivos de los locales se transformaron en los dos goles de la noche. 0-2 a favor del Peñarol, que arrancaba la victoria de Orriols en el día de la presentación de los hombres de casa.
Podría quedarse en un traspié aislado y anecdótico, pero no debería ser así. El tropiezo contra el Teruel, un equipo de tercera, ya hizo prever que algo no acababa de encajar del todo bien en el vestuario de JIM. Quizá el hecho de que haya demasiadas caras nuevas nos podría hacer pensar que tan sólo sea cuestión de tiempo. El aficionado granota deberá tener paciencia hasta que su equipo esté lo suficientemente rodado como para convencer tanto o más que el año pasado.
No obstante, una cosa es innegable en el juego de los de Orriols. Hace falta gol. Desde la salida de Caicedo, todavía no se ha encontrado ese nuevo “Felipao” que tanta falta le hace al equipo. Tampoco ninguno de los otros delanteros se ha destapado como un goleador infalible. Así que la directiva debe moverse, y rápido, en la búsqueda por un nueve que no perdone en ocasiones tan claras como las de anoche.
En cualquier caso, repetir la permanencia no será tarea fácil, aunque sí al alcance de este equipo. Paciencia y confianza hasta que los nuevos se aclimaten, y todos se adapten a las exigencias de un entrenador que también aterriza por primera vez en el club. Eso sí, como todo, la paciencia tiene un límite. Y ese límite podría darse en caso de que no se llene el hueco que dejó Felipe Caicedo.