María Galán | NOSTRESPORT.COM
Un año difícil. Así podría resumirse lo que ha significado 2008 para el Levante y su afición. Doce meses en los que las alegrías han sido contadas y donde la actualidad granota ha estado salpicada de malas noticias que han impedido que las aguas llegasen a calmarse por completo.
La delicada situación con la que el Levante inició su tránsito por el año 2008 (colista de Primera con sólo cuatro puntos) no hacía presagiar un final feliz para la segunda temporada consecutiva que los granotas disputaban en la categoría reina del fútbol español. Además, la llegada del parón navideño trajo consigo la salida de varios futbolistas que, cansados de no percibir sueldo alguno, optaron por condonar al club la deuda y buscar un futuro mejor lejos de tierras valencianas.
Poco espacio quedaba para el optimismo en un club donde el único que parecía mantener la fe era el técnico, Giovanni De Biasi, convertido en el protegido de la afición pese a los malos resultados encadenados por el equipo. Al italiano le correspondió la ardua tarea de convencer a los suyos de que todavía estaban a tiempo de cambiar el guión.
Sin embargo, el conato de reacción granota quedó en agua de borrajas tras una serie de errores árbitrales que condenaron al equipo al ostracismo y agudizaron todavía más la crisis interna que afectaba a la entidad. Empezaron entonces a sucederse los plantes y las amenazas de huelga por parte de los jugadores; amenazas que, por otra parte, siempre acababan en palabras porque el Levante no dejó de jugar ni un solo partido pese a la situación crítica de muchos de sus jugadores.
De Biasi abandona el barco y el Levante se hunde
Con el equipo al borde del descenso matemático tuvo lugar otro gran mazazo. De Biasi, artífice de la remontada del equipo y máximo responsable de las ensoñaciones de la afición, anunciaba su marcha al Torino y propiciaba la llegada de José Ángel al banquillo granota.
Como era de esperar, tampoco el tercer técnico granota en la temporada pudo hacer nada para salvar al equipo de la quema y el Levante se convirtió en el primer conjunto que perdía la categoría, lo que agudizó la crisis deportiva y despertó el enfado de la afición contra quien consideraban el principal responsable: Pedro Villarroel.
No obstante no acabó aquí la Liga para el Levante, sino que fue tras consumarse el descenso cuando los granotas empezaron a centrar la actualidad futbolística. Los sucesivos problemas económicos, con una venta de acciones que no terminaba de fraguarse, la cancelación de un crédito bancario y el enésimo impago salarial acabaron por agotar la paciencia de los jugadores que anunciaron su intención de no disputar el último partido de la temporada, ante el Real Madrid en el Bernabéu.
La condición de campeón liguero del Madrid, sumada a la insostenible situación que atravesaba el plantel levantinista, provocó una reacción hasta entonces desconocida en el mundo del fútbol. Varios equipos, e incluso algunos jugadores, se comprometieron a facilitar dinero a los jugadores granotas para subsanar parte de los problemas económicos, así como a negociar un nuevo convenio que evitase que situaciones como estas volviesen a producirse.
Ante este revuelo, el Levante aceptó participar en la fiesta merengue, aunque gran parte de las promesas que llevaron a la disputa del encuentro acabaron diluyéndose con el paso del tiempo.
Una pretemporada atípica
La falta de soluciones y la negativa del Ayuntamiento a avalar préstamo alguno si no se clarificaban las cuentas, llevó al club a declarar un concurso de acreedores y acogerse al proceso concursal en el que ahora se hallan inmersos.
En medio de esa situación, con la aplicación pendiente de un ERE que afectaba a la práctica totalidad de la primera plantilla y a parte del filial, el Levante inició su pretemporada La Calderona. O al menos eso se pretendió desde la directiva, ya que la mayoría de los jugadores, pendientes de la resolución de sus contratos, se negaron a participar en los entrenamientos.
Al margen de todo esto, empezaron a surgir nombres de posibles compradores para el club y, entre todos ellos, cobró especial fuerza el de Tomás Carmona, quien llegó incluso a presentar su planificación de la temporada con Lucas Alcaraz al frente del equipo.
Sin embargo, también está posible solución acabó diluyéndose y le tocó a Julio Romero (junto a los responsables del proceso concursal) la difícil tarea de componer un equipo que pudiese, cuanto menos, mantenerse en la categoría de plata.
Así, Luis García Plaza fue el designado para llevar adelante el nuevo proyecto y a él le correspondió lidiar con una plantilla en construcción. A lo largo de los meses de verano los jugadores fueron abandonando la entidad (con las excepciones de Geijo, Reina e Iborra) y otros nuevos pasaron a convertirse en integrantes del plantel granota.
Nuevas ilusiones
No obstante, la mayoría de los nuevos jugadores venían de pasar una temporada en blanco o habían sido apartados en sus equipos de origen lo que se convirtió en un nuevo problema para los granotas. Esto, junto a la falta de una pretemporada seria, hizo que el Levante empezase la temporada bajo de forma y que terminar los partidos se convirtiese casi en un suplicio.
Pese a todo, el inicio del Liga del conjunto granota fue más que prometedor, con dos victorias consecutivas ante dos ex Primera, y permitió a los aficionados recuperar una ilusión que creían perdida. De repente, la permanencia parecía un objetivo demasiado pequeño y en la cabeza de más de uno se empezó a fantasear con un ascenso que, a día de hoy, se antoja más utópico que otra cosa.
Con los problemas económicos parcialmente resueltos, el Levante cierra el año con más optimismo que cuando lo empezó y con un deseo en mente: ser noticia por lo que ocurre en el terreno de juego y no por lo que se cuece en los despachos.
- Romero y Villarroel venden sus acciones del Levante