domingo, octubre 25, 2026
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Alicia Herrero: «No veo un techo todavía, quiero descubrir hasta dónde puedo llegar»

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Tiempo de lectura: 10 minutos
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La tenista valenciana repasa su trayectoria, marcada por las lesiones, la superación y el sueño de disputar un Grand Slam.

Alicia Herrero atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera deportiva. La tenista valenciana alcanzó la final del BBVA Open Internacional de Valencia, un torneo especialmente emotivo por la oportunidad de competir ante su familia y sus amigos. Aunque no pudo conquistar el título, la experiencia le permitió confirmar su progresión y alcanzar el mejor ranking individual de su trayectoria hasta ese momento. En la entrevista concedida a Nostresport, Herrero repasa su destacada actuación en Valencia, analiza su evolución en el circuito profesional y recuerda las dificultades que ha tenido que superar para llegar hasta aquí. Desde las lesiones que pusieron en duda su continuidad hasta los sacrificios económicos y personales, la valenciana reflexiona sobre su trayectoria y comparte sus ambiciones de futuro, con el sueño de disputar el cuadro principal de un Grand Slam.

Lo primero, Alicia, enhorabuena por esa final en el BBVA Open Internacional de Valencia. Probablemente haya sido uno de los torneos más especiales de tu carrera, especialmente por ser valenciana y jugar en casa. Ahora que han pasado unos días, ¿qué significa para ti todo lo que viviste durante aquella semana?

Fue, sin duda, la semana más especial de mi carrera tenística. Más allá del nivel de tenis que pude mostrar dentro de la pista, lo verdaderamente especial fue tener cerca a mi familia y a mis amigos. Las tenistas pasamos muchas semanas al año viajando solas. En los torneos siempre hay personas que te animan desde la grada, pero esta vez sabía que quienes estaban ahí eran mis amigos y las personas más cercanas a mí. Sentir ese apoyo fue algo increíble.

Aunque no pude ganar el torneo, terminé la semana con la sensación de haber ganado muchas otras cosas. Para mí, no todo en la vida es tenis. Me llevo una experiencia maravillosa jugando en casa y compartiendo esos momentos con mi gente. Fue una semana muy divertida y emocionante. Todavía me cuesta encontrar las palabras para explicar lo que significó.

Tu primer partido fue contra Lucía Cortez, un encuentro de casi tres horas que conseguiste remontar después de perder el primer set. ¿Superar una batalla tan exigente desde la primera ronda te hizo sentir que podías conseguir algo importante en Valencia?

Creo que las primeras rondas siempre son complicadas porque representan la primera toma de contacto con el torneo. A veces cambias de superficie, utilizas pelotas diferentes o te encuentras con unas condiciones climáticas distintas. Cada semana tienes que adaptarte a un entorno nuevo. En mi caso, además, fue especialmente difícil porque jugaba contra una de mis mejores amigas del circuito. Lucía y yo hemos crecido jugando al tenis juntas desde que éramos muy pequeñas.

Superar aquel partido me dio confianza para afrontar el resto de la semana. Fue una batalla muy exigente y Lucía jugó a un nivel altísimo. Tuve que luchar muchísimo para conseguir la victoria. Salí reforzada de aquel encuentro, con ganas de afrontar el siguiente partido y encontrar mejores sensaciones. Creo que haber superado una prueba tan dura desde el primer día me ayudó bastante.

Fuiste creciendo durante el torneo hasta alcanzar la final contra Clara. ¿Qué aprendizaje te llevas después de haber estado tan cerca de conquistar tu primer WTA 125?

Creo que tanto en el tenis como en la vida necesitamos vivir experiencias para aprender y estar mejor preparados ante los siguientes retos. Era mi primera final de un WTA 125 y sabía que tenía delante a una rival muy complicada. Ya había jugado contra Clara aproximadamente un mes y medio antes, en la segunda ronda del torneo de Contrexéville, en Francia. Aquel partido fue una batalla larguísima y conseguí ganarlo. Por eso sabía que la final iba a ser muy dura. Incluso después de ganar el primer set, en ningún momento pensé que tenía el título asegurado. En el tenis todo puede cambiar rápidamente. Las dos jugadoras estamos adaptándonos constantemente, modificando estrategias y buscando soluciones.

Además, Clara es una tenista que ha llegado a estar cerca del puesto 40 del ranking mundial. Competir contra alguien de ese nivel, especialmente en mi primera final, fue una experiencia muy valiosa. Aprendí muchas cosas sobre mi juego, sobre cómo plantear estratégicamente los partidos y sobre los ajustes que debo realizar en los momentos importantes.

Me llevo aspectos muy positivos y otros que todavía necesito mejorar. Estoy contenta de haber vivido ese aprendizaje en una final. Siempre es mejor que te suceda en una final que en una ronda anterior.

Gracias a esa final alcanzaste el puesto 223 del ranking mundial, la mejor clasificación de tu carrera hasta ese momento. Después de tantos años compitiendo, ¿qué significa comprobar que estás alcanzando tu mejor nivel ahora?

Llevo un par de años poniéndome a prueba contra jugadoras situadas entre los puestos 200 y 400 del mundo. He disputado muchos torneos ITF de categoría 50 y 75, que me han permitido enfrentarme a rivales de ese nivel. El año pasado empecé a ganar partidos contra tenistas que estaban alrededor de los puestos 250 y 260, algunas de ellas habituales en las fases previas de los Grand Slams. Eso me dio esperanza. Empecé a pensar que, si ya era capaz de competir y ganar a esas jugadoras, manteniendo mi trabajo y mejorando poco a poco, también podía llegar a ocupar esas posiciones.

Ahora miro el ranking y, por supuesto, estoy contenta. Pero me ilusiona todavía más sentir que estoy jugando bien y que sigo progresando. No veo un techo todavía. Siento que cada vez soy mejor tenista y eso me da fuerzas para continuar. No sé hasta dónde puedo llegar, pero estoy muy motivada por descubrirlo.

Tenistas como Paula Badosa o Carlos Alcaraz han hablado de la presión mental que genera el sistema de clasificación. Tú, que lo vives de primera mano, ¿hasta qué punto puede afectar el ranking a la salud mental de una tenista?

El tenis es un deporte mentalmente muy duro, especialmente porque estás sola dentro de la pista. Pero hay muchas cosas que te afectan más allá de lo que sucede durante un partido. No se trata simplemente de entrar a una pista, golpear una pelota y correr. Hay muchas circunstancias alrededor del deportista que pueden ayudarle o perjudicarle. También hay personas que opinan sobre ti y sobre lo que deberías hacer. Al final, todos tenemos una voz crítica dentro de nosotros. Es como tener un ángel y un demonio: uno te anima y te dice que puedes conseguirlo, mientras que el otro te critica y te hace dudar.

Esa lucha existe fuera de la pista y continúa cuando empiezas a competir. En los momentos importantes, bajo presión, pueden aparecer todos esos pensamientos negativos. A veces pierdes el control de tus emociones, te cuesta concentrarte y no consigues ejecutar lo que has entrenado. Puedes dedicar muchísimas horas a preparar un golpe y, cuando llega el momento decisivo, no conseguir hacerlo como esperabas.

Por eso creo que el tenis exige mucho a nivel mental. Pero también tiene una parte muy bonita: te obliga a evolucionar constantemente, no solo como deportista, sino también como persona. Siempre tienes algo que mejorar y aprender. Para mí, ese desarrollo personal es una de las mejores cosas que tiene este deporte.

Detrás de los resultados hay viajes, derrotas, soledad y muchos sacrificios que el público no siempre conoce. ¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu carrera y qué te hizo seguir adelante cuando las cosas se complicaron?

He pasado por muchos momentos difíciles. Crecí en España y entrené allí hasta los 18 o 19 años. Después, por motivos económicos y por las circunstancias que tenía, decidí trasladarme a Estados Unidos para estudiar una carrera universitaria. Mi intención siempre fue seguir mejorando como persona y como tenista para, cuando llegara el momento, intentar competir en el circuito profesional y en torneos importantes. La situación económica no era sencilla, así que Estados Unidos me ofrecía la posibilidad de estudiar y continuar entrenando. Durante aquellos años intenté aprovechar al máximo esa oportunidad.

El problema llegó cuando terminé la universidad. Salí lesionada y estuve aproximadamente un año sin poder competir. Tenía 23 años, casi 24, y empecé a preguntarme si realmente debía continuar intentando ser tenista profesional. Hay muchas personas que ponen una edad límite al éxito. Parece que, si no consigues determinados objetivos antes de cierta edad, ya no puedes alcanzarlos. Todos esos comentarios empezaron a influirme.

Finalmente encontré la manera de rehabilitarme mientras daba clases de tenis en Arkansas. Estuve trabajando allí durante un año y conseguí recuperarme para volver a competir. Sin embargo, después de apenas dos o tres semanas jugando, volví a lesionarme. Esta vez tuve que parar otros siete meses. Tenía la muñeca muy mal y no podía golpear el revés. Fue otro momento en el que me pregunté si tenía sentido seguir adelante. El tiempo continuaba pasando y todo parecía complicarse. Después de esos siete meses conseguí volver a golpear el revés. Tuve que modificar algunos aspectos de mi juego y encontré una muñequera rígida que me permitía competir sin dolor. De hecho, todavía la utilizo.

Poco a poco me adapté y conseguí regresar a las pistas. Fueron momentos muy duros porque también pensaba en mi futuro personal. En el circuito femenino, si algún día quieres formar una familia o desarrollar otros proyectos, puedes sentir que el tiempo juega todavía más en tu contra. Pero siempre terminaba encontrando una razón para continuar. Me decía: «Es ahora o nunca. Tengo que encontrar la manera de conseguirlo».

La parte económica también ha sido muy complicada. No tengo patrocinadores y procedo de una familia trabajadora de clase media en España. Somos tres hermanas y los recursos familiares tienen que repartirse entre todas. Gracias a la oportunidad de estudiar y entrenar en Estados Unidos, pude encontrar una forma de seguir compitiendo por mi cuenta. Estoy muy agradecida por cómo se han dado las cosas. Creo que cada persona tiene sus circunstancias y debe construir su propia historia con los recursos y las oportunidades que tiene.

Después de escuchar todo lo que has tenido que superar, ¿crees que la sociedad es realmente consciente de lo que vive un deportista de élite para llegar a competir a este nivel?

Creo que no del todo. Desde fuera las cosas siempre se ven diferentes y, si no has vivido determinadas situaciones, resulta muy difícil ponerte en el lugar de un deportista. Hay muchísimas circunstancias que el público desconoce y que pueden influir directamente en el rendimiento. No todo el mundo tiene las mismas oportunidades ni dispone de los mismos recursos para competir.

Detrás de cada partido hay factores personales, económicos y emocionales que pueden hacer que un deportista juegue mejor o peor, o que consiga determinados resultados. Son cosas que no aparecen en televisión. Entiendo que es complicado comprenderlas desde fuera, pero estoy convencida de que hay muchísimo esfuerzo y muchas dificultades que la gente no llega a ver.

Además de tu progresión individual, también has conseguido grandes resultados en dobles. ¿Cómo compaginas ambas modalidades y dónde consideras que tienes actualmente mayor potencial?

Cuando regresé a la competición, empecé a jugar dobles y mi ranking mejoró muy rápidamente durante los primeros meses. Tuve la suerte de contar con una compañera argentina con la que había jugado durante los cuatro años de universidad. Cuando decidí volver al circuito, ella ya estaba compitiendo y tenía una clasificación mucho mejor que la mía. Yo prácticamente no tenía ranking y me costaba entrar en los torneos, pero jugar con ella me permitió acceder a competiciones en las que, de otra manera, habría sido muy difícil participar. Nos conocíamos muy bien y eso se notó. Ganamos bastantes torneos y, en aproximadamente seis meses, conseguimos situarnos entre las 200 mejores del ranking de dobles.

Lo interesante es que el dobles también me abrió puertas en individuales. Como viajaba a torneos importantes para disputar el cuadro de dobles, podía apuntarme a las fases previas individuales. Si se producía alguna baja, tenía la oportunidad de entrar y competir. Por eso digo que no hay mal que por bien no venga. El dobles me permitió disputar torneos de mayor nivel y, al mismo tiempo, encontrar oportunidades para progresar individualmente. Después, mi compañera dejó de competir y tuve que empezar a jugar con otras tenistas.

Con el tiempo fui recuperando la confianza en mi físico. Después de tantas lesiones, necesitaba comprobar que podía soportar el ritmo de competir todas las semanas. Llegó un momento en el que me encontré bien y decidí apostar también por el individual. Aunque los resultados en dobles eran mejores, sentía que todavía tenía muchísimo margen de mejora en individuales. Por eso continué trabajando en las dos modalidades. Este año he notado una evolución importante en mi nivel individual y quiero seguir progresando.

Mi sueño es poder disputar los cuadros principales de Grand Slam tanto en individuales como en dobles. El ranking de dobles había avanzado más rápido, así que mi motivación durante el último año y medio ha sido intentar acercar el individual a ese nivel. Mientras mi cuerpo y mi mente me lo permitan, quiero seguir apostando por ambas modalidades.

Después de alcanzar una final WTA 125 y situarte en el mejor ranking de tu carrera, ¿cuál es ahora el gran objetivo de Alicia Herrero?

Mi gran sueño es disputar el cuadro principal de un Grand Slam. Pero, más allá de eso, quiero seguir mirando hacia adelante con ilusión y sentir que todavía no tengo un techo. No quiero marcarme un ranking concreto ni establecer una fecha límite para conseguir determinados objetivos. Creo que eso no me ayudaría. Prefiero continuar trabajando, mejorando y descubrir hasta dónde puedo llegar. Me ilusiona pensar que todavía tengo margen para crecer como tenista. Quiero dejar abierta esa pregunta: ¿hasta dónde puede llegar Ali? Vamos con todo y ya veremos hasta dónde llegamos.

Para terminar, ¿qué importancia le das realmente al ranking? ¿Te permites soñar con entrar algún día entre las cien mejores tenistas del mundo?

Creo que estar entre las cien mejores del mundo es el sueño de prácticamente todas las niñas que empiezan a jugar al tenis con la ilusión de convertirse en profesionales. Imaginarte algún día en el puesto 99 del ranking mundial, ver tu nombre ahí, es algo muy especial. Por supuesto que me permito tener ese sueño. Pero para mí el ranking es secundario. Es importante porque determina los torneos en los que puedes participar y te permite acceder a cuadros de mayor nivel. Eso es una realidad. Sin embargo, intento dejar los cálculos y los puntos en manos de mis entrenadores. Prefiero que ellos se encarguen de saber qué necesito para entrar en determinados torneos.

Si dedico demasiada energía a pensar en el ranking, estoy dejando de invertirla en otras cosas que considero más importantes: entrenar, mejorar mi tenis, ir al gimnasio, mantener buenos hábitos, alimentarme correctamente y recuperarme bien. Creo que aquello en lo que pones tu energía termina influyendo en los resultados que consigues.

Por eso prefiero concentrarme en lo que puedo controlar y en aquello que realmente me hace mejorar. Quiero ser mejor físicamente, tenísticamente y mentalmente. Sé que, si continúo trabajando en todos esos aspectos, los resultados y el ranking acabarán llegando. Para mí, la prioridad es seguir mejorando. Todo lo demás vendrá después.

Más allá de los límites

Hay caminos que no se miden únicamente por las victorias, sino por todas las veces que alguien decide continuar cuando las circunstancias parecen invitarle a abandonar. Alicia Herrero conoce bien esa sensación. Dejó España para estudiar en Estados Unidos, vio cómo las lesiones frenaban su carrera y llegó a preguntarse si todavía tenía sentido perseguir el sueño de convertirse en tenista profesional. Mientras el tiempo avanzaba y las oportunidades parecían reducirse, encontró una razón para seguir intentándolo.

Hoy, aquella tenista que pasó meses sin poder golpear un revés disfruta de uno de los mejores momentos de su trayectoria. La final del BBVA Open Internacional de Valencia no le entregó el título, pero sí algo que difícilmente puede reflejar una clasificación: la oportunidad de competir ante quienes siempre estuvieron a su lado y comprobar que todos aquellos esfuerzos habían merecido la pena. Una experiencia que le permitió mirar atrás, reconocer el camino recorrido y afrontar el futuro con la certeza de que todavía tiene mucho por demostrar.

Alicia no quiere ponerle una fecha a sus sueños ni establecer un número que determine hasta dónde puede llegar. Sabe que el tenis puede cambiarlo todo en cuestión de segundos y que ningún resultado garantiza el siguiente. Pero también ha aprendido que las dificultades no siempre representan el final de un camino. A veces, simplemente obligan a encontrar otra manera de recorrerlo.

Quizá algún día su nombre aparezca entre las cien mejores del mundo o dispute el cuadro principal de un Grand Slam. Quizá todavía le esperen nuevas derrotas, lesiones o momentos de incertidumbre. Lo que parece haber cambiado es su manera de entender el éxito. Ya no se trata únicamente de alcanzar una posición en el ranking, sino de descubrir hasta dónde puede llegar aquella niña que empezó a jugar al tenis sin imaginar todo lo que tendría que superar. Y mientras conserve esa ilusión, Alicia Herrero seguirá teniendo una razón para volver a empuñar la raqueta.

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Iván Barambones Adarve
Iván Barambones Adarve
Experiencia como redactor en Agente Libre y Nostresport, con enfoque en deportes como fútbol, UFC, baloncesto y motor. He trabajado en la creación de contenido, análisis y cobertura en tiempo real de eventos deportivos, además de realizar entrevistas a protagonistas de primer nivel.

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