Para el Levante, todavía UDLG (Unión Deportiva Levante Gimnástico), la tercera ronda de la Copa del Generalísimo del ejercicio 1940-1941 significaba medirse a un adversario de superior rango y condición, el Real Zaragoza. Pero los granotas apalearon al conjunto maño. Un antecedente histórico para un Levante que sigue haciendo historia.
Redacción | NOSTRESPORT.COM
Para el Levante, todavía UDLG (Unión Deportiva Levante Gimnástico), la tercera ronda de la Copa del Generalísimo del ejercicio 1940-1941 significaba medirse a un adversario de superior rango y condición. La eliminatoria emparejó a una escuadra ubicada en el universo de la Segunda División, el club recién surgido de la fusión entre el Levante F.C. y el Gimnástico, contra un contrincante procedente del ámbito de la Primera División, si bien su participación no resultó esplendorosa. La confrontación contaba con dos batallas entrelazadas en el tiempo. Los duelos estaban fijados para los últimos días del mes de abril. El telón se abriría en el feudo de Vallejo el domingo 20 mientras que el partido de retorno estaba programado para el domingo 27 en tierras aragonesas. No había tregua para un Levante que llegó lanzado a la cita. Por el camino quedaron en la cuneta el Sabadell y Osasuna de Pamplona. No hubo debate en ambas confrontaciones.
La escuadra que preparaba desde el banquillo Juan Puig mantenía en el formato copero la velocidad de crucero que había impuesto en la segunda fase de la Liga regular en la categoría de Plata, si bien ese versión impetuosa mostrado en el interior del verde le dejó en la antesala de la fase de ascenso a Primera División después de un arranque que no resultó convincente. No obstante, esa fortaleza que caracterizó al bloque se trasladó a la competición copera. Osasuna de Pamplona fue literalmente borrado del mapa de Vallejo (5-0). Con anterioridad, el bloque había reducido a cenizas al Sabadell. La tercera ronda presagiaba emociones fuertes con un UDLG lanzado que no se sentía en inferioridad, pese a las distancias entre los clubes que debían contender. En realidad, se medían dos oponentes antagónicos en función de su ubicación aunque había signos de una cierta igualdad.
El Real Zaragoza estaba próximo a defender su condición de primerdivisionista ante el C.D. Castellón en una temida promoción, un hecho que constataba la complejidad del curso desarrollado en la elite mientras que el UDLG concluyó la competición liguera instalado en el triunfo. Las semanas se sucedían y el grupo de Vallejo se mostraba como un bloque compacto y pétreo. Su consistencia estaba fundamentada en virtud de los resultados obtenidos. El Zaragoza fue testigo de excepción de esta virulencia aunque el partido que inauguró la serie, materializado en tierras valencianas (5-3), dejó el signo de la eliminatoria entre interrogantes. En un fútbol con una clara vocación ofensiva, una diferencia de dos goles no parecía una renta significativa. Ni inalcanzable para las huestes aragonesas. “No creemos que los levantinos vayan a Torrero con mucho optimismo. Pleito pendiente y mucha emoción en perspectiva en los alrededores del Canal Imperial”, advertía el Mundo Deportivo.
Torrero no marcó el destino del UDLG (1-4). No fue el punto final de la aventura copera. “Es una sorpresa a medias. El Zaragoza tiene promoción de aquí a pocos días, ha visto su cuadro debilitado y ha optado por conservarse. El Levante-Gimnástico ha visto allanada su clasificación con un fácil y claro triunfo en Torrero mucho más claro y fácil paradójicamente que el establecido en la ida en Vallejo”, reiteró El Mundo Deportivo. El UDLG afrontó nuevos retos de envergadura. El Granada cayó en los octavos de Final y únicamente el Espanyol, finalista junto al Valencia y subcampeón del Torneo, pudo con el arrojo del colectivo levantino, si bien necesitó afrontar un tercer partido para rasgar la igualada saldada en tierras catalanas y en Vallejo. (Fuente: Levante UD)