La cross tuvo como aliciente que se celebraba en los prolegómenos de las conocidas fiestas de Moros y Cristianos de la localidad. Abundante gente se dio cita a lo largo del recorrido para animar a los valientes que desafiaron el frío para disfrutar de una competición preciosa.
Redacción | NOSTRESPORT.COM
La cross tuvo como aliciente que se celebraba en los prolegómenos de las conocidas fiestas de Moros y Cristianos de la localidad. Abundante gente se dio cita a lo largo del recorrido para animar a los valientes que desafiaron el frío para disfrutar de una competición preciosa.
El perfil de dicha competición constaba de dos vueltas a un circuito, la primera un poco más larga que la segunda debido a la gran afluencia de deportistas (tanta, que se tuvo que modificar el recorrido inicialmente previsto) y que sumaban los 6.000 metros de los que formaba. La primera parte de cada vuelta, tras dejar la avenida principal, se introducía en el casco histórico de la población con subidas y bajadas constantes que hacían viva y agradable la competición, sin embargo, a continuación llegaba la famosa Cuesta del Castillo, cuya pendiente hacía dificil que los corredores la pudieran conquistar al trote en la primera vuelta y casi ciencia ficción conseguirlo en la segunda.
En cuanto a la organización de la carrera se podría decir que fue exquisita: todas las calles dedicadas exclusivamente para el disfrute del deporte, barreras donde la gente podía causar problemas al cruzar y todo debidamente señalizado. Sin embargo, en cuanto a la post-carrera se notó que se trataba de la primera edición, ya que hay claros y oscuros en este tema. Como claros, destacar un espectacular párquing muy bien señalizado «diseñado» para la ocasion donde todos los participantes pudieron dejar su vehículo para disputar la prueba con total tranquilidad, y, por supesto, la gran actuación del «speaker» y del sistema de sonido que no cesaron de animar el ambiente, además de la presencia de una nutrica «colla de tabalet i dolçaina»; además de la bolsa del corredor, con su bocadillito y mandarina, además de caramelos y un cortavientos rojo muy bonito con el sello conmemorativo de la carrera.
Como sombras, cabría decir que el sistema de cronometraje por láser resultó caótico, tanto es así que en cuanto habían llegado los 50 primeros, la gente comenzó a aglutinarse y se creó cierto caos. También improvisación a la hora de entregar las bolsas del corredor, puesto que enviaban a hombres o mujeres a uno u otro lado indistintamente, olvidando así el orden previsto en los camiones.
Sin embargo, para tratar de ser justos y teniendo en cuenta que la inscripción era gratuíta, cosa que es de agradecer, deberíamos de ponerle un notable alto como nota, puesto que se puede mejorar, pero dado que se trata de su estreno, todo salió bastante bien.