Iturralde González volvió a perjudicar al Valencia con una polémica expulsión a Mehmet Topal. Se alió con la exhibición teatral de Martín Cáceres y vio una entrada criminal donde solo hubo una acción merecedora de tarjeta amarilla.
David Gutiérrez | NOSTRESPORT.COM
Iturralde González decidió en el minuto 24 del partido de anoche expulsar a Mehmet Topal con roja directa. La rapidez con la que se desplazó hasta el lugar de la entrada para mostrarle la cartulina fatídica al centrocampista turco denotan que el colegiado vasco lo tenía muy claro. “Luego me daréis la razón”, dijo Navarro que les había asegurado a los jugadores valencianistas.
Lo cierto es que no tuvieron que esperarse a “luego”. Vieron durante el resto del choque como el farsante del lance con Topal, Martín Cáceres, era el jugador más activo del Sevilla, por lo que los gritos y las vueltas sobre el césped con gestos de fingido dolor no fueron más que un papelón que se creyó el árbitro estrella de la Liga española.
Si se hubiera fijado como un noble Topal se disculpaba al defensa uruguayo, aun sin haberle hecho nada reseñable, quizás hubiera cambiado el color del cartón que le mostró al mediocentro che. Pero no, Iturralde estaba seguro del trabajo bien hecho.
A partir de ahí, monólogo atacante del Sevilla y lo único que quedó del partidazo que se preveía fue la incertidumbre de ver cuando el equipo local marcaba su primer gol. Y, bueno, las dimensiones del saco que le caía al Valencia una vez los sevillistas hubieran inaugurado el marcador.
El Valencia trató de mantener el tipo, y realmente lo consiguió hasta el segundo gol, el de Alfaro. Entonces ya sí que bajó los brazos y aguardó hasta otro pitido del árbitro de la contienda, el del final del partido, para marcharse lo antes posible de la pesadilla que vivieron. Es un equipo que tampoco está para demasiadas alharacas y con diez en el campo frente a un rival fuerte la mejor noticia fue que la sangría no fue demasiado sangrante, valga la redundancia.
Por si fuera pequeño el contratiempo de la expulsión de Topal, César Sánchez se lesionó poco antes del descanso, aunque poca o ninguna influencia tendría esta desgracia en el resultado final. Guaita no tuvo ninguna culpa en los goles. En el primero nadie cubre la llegada de Cáceres (el que provocó la expulsión de Topal con gesticulaciones de “aparente” lesión) ya que esa función correspondía al injustamente expulsado futbolista otomano. Bastante hace el guardameta de Torrent rechazando el balón.
En el segundo tanto, Miguel se descuida de Alfaro, y el cabezazo del ex del Tenerife fue incontestable. Además, Luis Fabiano, un poco antes, y Capel, después, estamparon el esférico en el poste de la portería visitante en lo que hubiera adoptado forma de goleada de escándalo. Y a la salud de Iturralde, seguro.