Valencia no ha podido quedarse con los tres puntos en casa ante un Zaragoza que terminó el encuentro con un hombre menos. El cuadro blanquinegro no ha logrado crear peligro en la portería visitante, y ha comenzado perdiendo con el gol tempranero de Lanzaro que se encargaría de igualar el partido en propia puerta. Punto mediocre en el Camp de Mestalla.
- Semana fantástica
David Gutiérrez | NOSTRESPORT.COM
El Valencia despertó tarde de la siesta y comenzó el partido aletargado, como si le faltara el café vespertino, circunstancia de la que se aprovechó el Zaragoza, aunque a medias. Mediante Lanzaro marcó un tempranero gol –ya saben, a quien madruga, Dios le ayuda- en el minuto 2, pero perdonó una ventaja de escándalo en posteriores oportunidades.
Moyá, esta vez sí, fue vital a la hora de evitar complicaciones mayores. Salvó, todavía dentro del primer cuarto de hora, dos claras ocasiones que podrían haber cambiado la historia del partido. Primero un mano a mano con Lafita, y posteriormente un remate cruzado de Braulio. Todo esto, eso sí, bajo la anuencia de una pasiva retaguardia valencianista, un auténtico colador durante todo el primer tiempo.
El acto inicial volvió a ser nefasto para los blanquinegros. Banega y Mata, hombres clave, decidieron alargar todavía un poco más su sueño de sobremesa, y no aparecieron nunca de manera notoria. No obstante, dentro de esa extraña costumbre que han adquirido los rivales del Valencia de echarle un cable a los che cuando más sufren, apareció Lanzaro para emular a Edu, el centrocampista del Glasgow, y marcar el segundo gol de la noche, pero en la meta que no le correspondía, claro. Un regalo muy caro por su buena primera mitad, y por el estado de necesidad en el que el conjunto aragonés se encuentra.
Sirvió para que los locales “salieran vivos” del césped por enésima vez, y para encarar la segunda parte mucho menos cuesta arriba de lo que mereció.
Desde el silbido inicial, el Valencia salió algo más entonado, como si fuera entonces cuando comenzaba su verdadero partido. El dominio, no obstante, volvió a no traducirse en claras opciones de gol y Emery tuvo que volver a recurrir al dúo atacante que no se sabe bien a ciencia cierta por qué nunca emplea de inicio: Soldado-Aduriz. El valenciano ingresó sustituyendo a Vicente justo después de la dudosa expulsión de Ander Herrera. Mata se colocó en la banda izquierda, mientras que Joaquín, que había entrado minutos antes por Pablo, ocupaba el carril contrario.
José Aurelio Gay decidió echar el cerrojo a su área e introdujo a Edmilson y a Bertolo para amarrar el valioso punto. Por su parte, Unai Emery, viendo que el juego de los suyos no fluía, quiso emplear a Fernandes, por Banega, para aportar frescura al centro del campo.
Sin embargo, el desfile de cambios fue el aspecto más dinámico de un segundo tiempo en el que al Valencia le faltó profundidad. Se pidieron dos penaltis, uno de los cuales, a Mata, sí que pareció claro, pero Delgado Ferreiro no vio infracción en ninguno de ellos.
Un centro muy cerrado de Fernandes cerró el telón de un mediocre empate del Valencia, a quien se le comienza a atragantar los partidos en su propio feudo, y que comienza a bajar preocupantemente el ritmo con el que inició la campaña.