miércoles, octubre 14, 2026
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Néstor: «En la pilota hay cosas mucho más importantes que ganar»

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Tiempo de lectura: 12 minutos
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El pilotari de Pego repasa su retirada después de quince años como profesional, recuerda los momentos más emotivos de su carrera

Después de quince años dedicado al raspall profesional, Néstor ha puesto fin a una trayectoria marcada por las finales, los sacrificios y las amistades construidas dentro del trinquet. El pilotari de Pego reconoce que el desgaste mental y la falta de oportunidades terminaron pesando en su decisión, especialmente después de un 2025 en el que alcanzó tres finales de las principales competiciones por equipos.

En esta entrevista, Néstor recuerda el título de Liga de 2020, la Copa conquistada tras el fallecimiento de su padre y una despedida que todavía le cuesta asimilar. También reflexiona sobre la evolución de la pilota valenciana, reclama un mayor protagonismo para los jugadores y explica cómo ha encontrado en el ciclismo una nueva forma de disfrutar del deporte, lejos de las exigencias de la competición profesional.

Después de quince años como profesional, el pasado 29 de septiembre disputaste tu última partida en el trinquet de Oliva. ¿Qué sentiste cuando terminó el último tanto y fuiste consciente de que se cerraba una etapa tan importante de tu vida?

Es algo que no asimilas en ese momento. Te vas dando cuenta conforme pasan los días, porque durante quince años has organizado tu vida alrededor de los entrenamientos, las partidas y una rutina semanal. De repente, todo eso cambia de un día para otro. Es entonces cuando empiezas a ser consciente de lo que significa haber dejado de jugar.

¿Qué te llevó a tomar la decisión de retirarte? ¿Era algo que llevabas tiempo meditando o hubo un momento concreto en el que sentiste que había llegado la hora?

La pilota es un deporte en el que cuesta mucho mantenerse, especialmente para quienes estamos en una segunda línea. Dedicas muchísimas horas a entrenar, inviertes parte de tu dinero y haces muchos sacrificios para continuar ahí. Es una situación que te lleva a plantearte la retirada en más de una ocasión, aunque después siempre encuentras motivos para seguir.

Sin embargo, llegó un momento en el que estaba mentalmente muy agotado. Iba a jugar y lo pasaba más mal que bien. Cuando te ocurre eso, empiezas a darte cuenta de que quizá tu etapa ha terminado. Además, venía de hacer, para mí, el mejor año de mi carrera deportiva. En 2025 disputé las finales de los tres campeonatos por equipos más importantes: la Liga, la Copa y el Trofeu Mestres. Pero cuando salieron las listas de la siguiente Liga, no estaba seleccionado.

Hacía menos de tres semanas que había disputado la final del Mestres, uno de los campeonatos más importantes del año. Son situaciones difíciles de entender y que te hacen replantearte el futuro. Yo tenía claro que quería continuar jugando mientras pudiera hacerlo a mi nivel y disfrutando. Si sufres una lesión o haces una mala temporada, puedes entender que no cuenten contigo. Forma parte del deporte. Pero cuando vienes de disputar tres finales y te quedas fuera sin recibir ninguna explicación, mentalmente resulta muy duro.

Por lo que cuentas, ¿consideras que el deporte ha sido injusto contigo?

No considero que el deporte haya sido injusto conmigo. He disfrutado muchísimo y me ha dado muchas cosas, sobre todo personas. Desde que anuncié mi retirada, mucha gente me para por la calle, tanto en mi pueblo como en otros lugares. Para mí, ese reconocimiento vale mucho más que cualquier aspecto negativo que haya podido vivir. Al final, te das cuenta de que la gente sí reconoce el trabajo que has hecho durante todos estos años.

Quince años dan para muchas vivencias. Si tuvieras que quedarte con los momentos más importantes de tu trayectoria profesional, ¿cuáles elegirías y por qué?

Me quedaría con tres momentos. El primero sería 2020, cuando gané la Liga. Fue un año complicado por el confinamiento y porque venía de una lesión importante. Para mí, ganar la Liga era uno de los mayores objetivos que podía conseguir. Además, fui el primer jugador de la provincia de Alicante en ganar una Liga de raspall después de 35 años. Eso demuestra lo difícil que es conquistar ese campeonato. Después he vuelto a estar cerca de ganarlo, pero no lo he conseguido. Aun así, llegar a esas finales también significa estar entre los mejores.

El segundo momento sería 2023. Aquel año falleció mi padre y fue una etapa muy difícil personalmente. También tuve lesiones y atravesé momentos complicados, pero conseguí ganar la Copa 2 apenas tres meses después de su fallecimiento. Dedicarle aquel triunfo fue una de las cosas más importantes de mi carrera. Mi padre siempre estuvo a mi lado. Nunca se metió en mis decisiones deportivas y siempre me apoyó en todo. Poder dedicarle ese título significó muchísimo para mí.

El tercer momento es 2025, porque considero que fue el mejor año de mi trayectoria. Llegué a la final de la Liga con unos compañeros impresionantes. Estuvimos muy cerca de ganarla, pero finalmente perdimos. Después no fui seleccionado inicialmente para la Copa. Me afectó, aunque entendí que ya se habían formado las parejas. Sin embargo, hubo una lesión en la primera partida y entré como suplente. Acabamos llegando a la final. En aquella final íbamos ganando 20-5, pero nos remontaron. Perdimos contra quienes habían sido mis compañeros en la Liga. Hay un vídeo en el que aparezco abrazándome con Seve después de aquella partida y es uno de los recuerdos que guardaré toda la vida.

Que tu rival, después de ganar una final tan importante y remontar el marcador, lo primero que haga sea acercarse a abrazarte demuestra que en la pilota hay cosas mucho más importantes que ganar. Para mí, la amistad está por encima de todo eso. También llegué a la final del Trofeu Mestres después de entrar por la lesión de un compañero. Fue otra partida muy disputada. Por todo lo vivido, me quedo especialmente con aquel 2025. Y también me quedo con el apoyo de mi familia en la decisión de retirarme. Ellos me ayudaron a dar ese paso. Me decían que querían verme bien y que, si algo me estaba haciendo daño, no tenía sentido continuar así.

Has mencionado el fallecimiento de tu padre, un momento especialmente difícil. ¿Cómo conseguiste gestionar ese dolor para que afectara lo menos posible a tu rendimiento deportivo?

El trabajo con un psicólogo deportivo fue muy importante. Te ayuda a gestionar las emociones y a concentrarte en el juego. Además, siempre he sido una persona que, cuando se cae, intenta levantarse. También sufrí una lesión importante durante aquella Copa. Me rompí un músculo en las semifinales y, junto con mi fisioterapeuta, decidimos que podía intentar seguir jugando. Después estuve varios meses con dolores muy fuertes. Precisamente por todo lo que había detrás, aquel título tiene todavía más valor para mí. Cuando recuerdas lo que te costó llegar hasta la final, las dificultades personales y las lesiones que tuviste que superar, te das cuenta de lo importante que fue conseguirlo.

A lo largo de tu carrera has compartido trinquet con diferentes generaciones de pilotaris. ¿Qué compañeros o rivales te han marcado especialmente y qué has aprendido de ellos?

He tenido la suerte de coincidir con muchas generaciones. Cuando era pequeño iba al trinquet y recuerdo perfectamente a Waldo. Era el gran referente del raspall, el número uno, y todo el mundo quería verlo jugar. Después, poder compartir vestuario con él, tanto como compañero como rival, fue algo muy especial. Son experiencias que te da la pilota y que difícilmente encuentras en otros deportes. Además, Waldo era de un pueblo cercano al mío y ya lo conocía de antes. También me marcó mucho el Moro, que fue mi entrenador. Poder compartir vestuario con una persona que antes te había enseñado tanto es algo muy bonito.

Al principio practicaba dos modalidades, escala i corda y raspall. El Moro fue una de las personas que influyeron en mi decisión de centrarme en el raspall. Me identificaba mucho con su carácter, su manera de entrenar y su forma de entender el juego. Y, en los últimos años, destacaría a Tonet. Creo que ha marcado un antes y un después en la pilota. Antes, cuando aparecía una figura como Waldo, todos los niños querían ser como él. Ahora muchos quieren parecerse a Tonet. Eso demuestra la dimensión de lo que ha conseguido. Además, es un gran compañero y tuve la suerte de disputar una Liga con él.

Pero podría mencionar a muchísimas personas. He construido grandes amistades dentro de la pilota, con compañeros como Seve, Montaner o Vicent. Con algunos sigo compartiendo tiempo fuera del trinquet, incluso salimos juntos en bicicleta. Son personas que han dejado de ser simples compañeros para convertirse en amigos de verdad.

En el deporte solemos recordar las victorias y los títulos, pero pocas veces conocemos los sacrificios que hay detrás. ¿Qué has tenido que dejar de lado durante estos quince años para dedicarte profesionalmente al raspall?

He renunciado a muchas cosas. Me he perdido viajes, incluido el viaje de final de carrera, porque coincidía con un campeonato. También falté a la boda de un amigo porque tenía una final. Son experiencias que no puedes recuperar, pero al final tienes que ponerlo todo en una balanza y valorar también lo que el deporte te ha dado.

He podido dedicarme a algo que me apasionaba, sentirme valorado y vivir experiencias que de otra manera no habría tenido. Además, ser deportista profesional me ha ayudado a mantener una vida saludable y a adquirir hábitos relacionados con la nutrición, el entrenamiento y el cuidado físico. Toda mi vida ha girado alrededor del deporte. Por eso, aunque haya tenido que renunciar a muchas cosas, también me quedo con todo lo positivo que me ha aportado.

El raspall ha evolucionado mucho durante estos quince años. ¿Qué aspectos han cambiado más y qué crees que necesita mejorar para garantizar su futuro?

Ha cambiado una barbaridad. Hoy los jugadores son auténticos atletas. Se cuidan muchísimo, entrenan más y prestan mucha atención a la preparación física. Antes también había jugadores que se preparaban muy bien, pero los métodos de entrenamiento han evolucionado mucho. Uno de los cambios más importantes es la velocidad de la pilota. Ahora se juega muchísimo más rápido. Es verdad que, en algunos aspectos, se puede haber perdido algo de técnica, pero también hay que entender la velocidad a la que se desarrolla el juego. Tengo amistad con Antonio Sivera, el portero del Alavés, que jugó a pilota de pequeño y es un enamorado de este deporte. Viene a verme y hablamos mucho. Él me dice que, siendo portero de Primera División, no entiende cómo somos capaces de reaccionar cuando jugamos tres contra tres y la pilota viene a tanta velocidad, a veces desde apenas dos metros.

Muchas veces juegas por anticipación. No es que veas perfectamente la pilota y después reacciones, sino que intentas adelantarte a lo que va a hacer el rival. Pero, más allá de la evolución del juego, creo que hay cosas que deben cambiar en la gestión y en el trato a los jugadores. No puede ser que, en apenas dos años, tres jugadores de entre 28 y 30 años hayamos terminado dejando la pilota. Yo me encontraba físicamente muy bien, tenía ganas de continuar y así lo comuniqué.

El jugador necesita sentirse valorado. No se puede prestar atención únicamente a quienes ocupan los primeros puestos. Los que estamos en una segunda línea también somos importantes. Sin nosotros tampoco se podrían organizar determinadas partidas. Hay cierto descontento porque muchas veces parece que el jugador no es el protagonista, cuando debería serlo. Es evidente que tiene que existir una organización y alguien que tome decisiones, pero lo más importante de este deporte son los pilotaris.

Después de tantos años organizando tu vida alrededor de los entrenamientos y las partidas, ¿cómo estás afrontando la retirada y qué es lo que más echas de menos?

Lo que he hecho es seguir vinculado al deporte, pero de otra manera. Hace años que estoy enamorado del ciclismo y paso muchas horas encima de la bicicleta. Antes ya lo practicaba, pero ahora puedo dedicarle mucho más tiempo. Tengo compañeros que están a muy buen nivel y salgo bastante con ellos. Me sirve para desconectar y quitarme el estrés. Muchas personas me preguntan por qué no empiezo a competir en ciclismo. Ahora mismo no me lo planteo. Después de tantos años compitiendo, quiero disfrutar del deporte sin volver a sentir la presión de tener que entrenar a una hora determinada porque tengo una competición.

Si un día me apetece salir tres horas, salgo tres. Si me apetece hacer dos, hago dos. Ya no tengo esa obligación que tenía antes. Lo que más echo de menos son mis compañeros. El vestuario, las risas, los entrenamientos y esas conversaciones de cada día en las que preguntas cómo está uno o qué tal le va todo. Por suerte, sigo manteniendo el contacto con muchos de ellos y no tengo intención de perderlo.

Has hablado de la exigencia de competir y de cómo puede afectar a la vida personal. ¿Crees que la obsesión por competir constantemente puede ser peligrosa para un deportista?

Es muy peligrosa. Yo he sido una persona muy competitiva y ahora, al verlo desde fuera, tengo otra perspectiva. El problema es que acabas llevándote todo a casa. Los resultados, los errores, las cosas que no te han salido bien… Todo eso termina afectándote y, a veces, lo pagas con las personas que tienes más cerca, como tu pareja o tu familia.

Yo mismo me he dado cuenta de que me ocurría. Es muy difícil separar lo que sucede dentro del deporte de tu vida personal. Al mismo tiempo, creo que para desarrollar una carrera deportiva necesitas ser competitivo. La cuestión está en aprender a gestionar esa competitividad para que no termine perjudicándote.

¿Te gustaría continuar vinculado al raspall de alguna manera o prefieres iniciar un camino completamente diferente?

Te juro que, durante los primeros días, pensaba que tenía que volver al trinquet, aunque fuera simplemente para ver una partida. Pero todavía no he podido hacerlo. Me lo han propuesto varias veces y ahora mismo no me veo preparado. Siento cierta nostalgia y tristeza porque, en el fondo, me habría gustado continuar un poco más. Sin embargo, hay algo que sí quiero hacer. Yo empecé jugando en la calle, en la modalidad de llargues, y siempre dije que, cuando me retirara, volvería al lugar donde había empezado. Hace poco estuve con gente de aquella etapa y me recordaron esas palabras. Me dijeron que las tenían guardadas y que ahora me tocaba cumplirlas. Eso sí me apetece: volver a jugar con mis amigos y disfrutar de la pilota sin la presión profesional.

En cuanto a regresar a la competición, ahora mismo no me lo imagino. Soy joven y sé que ha habido compañeros que se retiraron y después volvieron por diferentes circunstancias, pero no es algo que contemple. Estoy muy a gusto en mi trabajo, tengo estabilidad y una tranquilidad que antes no tenía. En estos momentos, eso me aporta muchísimo.

¿Cómo fue tu primer día después de la retirada, cuando ya sabías que no tenías que volver a entrenar para una partida profesional?

La despedida empezó aquella misma noche. Cuando terminó mi última partida, me quedé bastante tiempo solo en el vestuario. No necesitaba hacer nada en particular. Simplemente quería tener ese momento para mí, como una forma de despedirme de todo lo que había vivido allí. Después me fui a cenar con unos amigos que siempre han estado a mi lado, tanto en los buenos momentos como en los difíciles. Quería compartir con ellos el cierre de aquella etapa. Fue una cena muy especial porque recordamos muchísimas cosas: mis comienzos, el salto al profesionalismo, el debut, las lesiones y todas las experiencias que habíamos vivido durante esos años. Fue una noche muy bonita.

Al día siguiente empecé a centrarme en esta nueva etapa, especialmente en el ciclismo y en mantener una vida saludable. Creo que ahora me cuido tanto como cuando competía, o incluso más en algunos aspectos. Me encanta entrenar, cuidar la alimentación y disfrutar del deporte. Al final, toda mi vida ha girado alrededor de eso y quiero que siga siendo así.

¿Te vas con la conciencia tranquila después de todo lo que has dado al raspall?

Sí, porque creo que siempre he dado todo lo que tenía. El día de mi última partida, mucha gente me aplaudió y me dijo algo que se me quedó grabado: que había tenido días mejores y peores, pero que siempre lo había dado todo. Cuando te dicen algo así, puedes marcharte con la conciencia muy tranquila. Sin embargo, hay otra parte que me deja cierta inquietud. Por mi formación en educación física y mi interés por la gestión deportiva, creo que hay cosas que deberían mejorar. No me parece bien que jugadores que llevan tantos años dedicándose a la pilota terminen retirándose en determinadas circunstancias. No hablo de mi despedida en particular, porque para mí fue espectacular, sino de cómo se gestiona la situación de algunos profesionales.

En mi última partida pude compartir el trinquet con jugadores muy importantes en mi vida. Algunos habían sido compañeros míos y a otros los había entrenado como preparador físico. También me hizo mucha ilusión ver a jóvenes de mi zona que están empezando a destacar. Durante mucho tiempo, en la Marina Alta predominaba la escala i corda y yo era prácticamente el único jugador de raspall. Ahora veo que hay más jugadores, que vienen nuevas generaciones y que el raspall tiene futuro en la comarca. Eso también me permite marcharme feliz y tranquilo.

Cuando pasen los años y los aficionados recuerden tu trayectoria, ¿qué te gustaría que dijeran de Néstor, tanto como pilotari como persona?

Me gustaría que recordaran que siempre lo he dado todo. He tenido mucho carácter y he sido muy competitivo. Dentro de una partida pueden pasar muchas cosas y surgir momentos de tensión, pero eso forma parte de la competición. Más allá de ese carácter, me gustaría que me recordaran como un buen compañero y un buen amigo.

En los vestuarios hemos compartido problemas, alegrías y momentos difíciles. Hemos vivido muchísimas cosas juntos y creo que esas relaciones son una de las partes más importantes que me llevo. Quiero que la gente recuerde que siempre intenté dar lo mejor de mí y que me voy con la tranquilidad de haberlo hecho.

Para terminar, ¿hay algo que no hayamos tratado durante la entrevista y que te gustaría transmitir?

Sí. Es algo que siempre digo cuando voy a los colegios y hablo con los niños: lo más importante es disfrutar del deporte. Durante estos quince años he disfrutado muchísimo, pero cuando el deporte se convierte en tu trabajo, la manera de vivirlo cambia. Aparecen las obligaciones, la presión y las responsabilidades. Cuando voy a los colegios y veo a niños muy competitivos, me parece bien que quieran ganar y mejorar, pero siempre les digo que lo primero tiene que ser disfrutar. Yo llegué a ser profesional precisamente porque disfrutaba. Venía del fútbol y nunca habría imaginado que acabaría dedicándome a la pilota.

Empecé a entrenar porque me gustaba. Me esforzaba, cogía mi pelota y me iba solo al frontón para seguir practicando. Lo hacía porque disfrutaba de verdad. Por eso siempre les digo que disfruten del deporte. Nunca sabes cuándo llegará el momento de dejarlo ni si algún día aquello que haces por diversión acabará convirtiéndose en tu profesión.

Más allá del último tanto

Quince años después, Néstor ha dejado atrás el trinquet, pero no todo lo que aprendió dentro de él. Se marcha con el recuerdo de una Liga conquistada, una Copa dedicada a su padre y tres finales que marcaron el último gran capítulo de su carrera. También con las heridas de un deporte que, en ocasiones, no supo ofrecerle las oportunidades que esperaba. Sin embargo, cuando mira hacia atrás, las victorias y las derrotas parecen ocupar un segundo plano frente a los compañeros que se convirtieron en amigos y los aficionados que todavía le detienen por la calle para agradecerle su entrega.

Ahora cambia el sonido de la pilota por el de las ruedas de una bicicleta, las obligaciones de un calendario por la libertad de entrenar cuando le apetezca y la presión de competir por el simple placer de disfrutar del deporte. Quizá algún día vuelva a empuñar una pilota junto a aquellos amigos con los que empezó a jugar en la calle. Pero, por el momento, prefiere recuperar una tranquilidad que durante demasiado tiempo había quedado relegada a un segundo plano.

Porque hay despedidas que no necesitan una última victoria para tener sentido. A veces basta con mirar atrás y reconocer que, incluso cuando las fuerzas flaqueaban y las circunstancias no acompañaban, nunca se dejó de luchar. Néstor se marcha sin saber si el raspall volverá a cruzarse en su camino como protagonista, pero con una certeza que vale más que cualquier trofeo: haberlo dado todo hasta el último tanto.

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Iván Barambones Adarve
Iván Barambones Adarve
Experiencia como redactor en Agente Libre y Nostresport, con enfoque en deportes como fútbol, UFC, baloncesto y motor. He trabajado en la creación de contenido, análisis y cobertura en tiempo real de eventos deportivos, además de realizar entrevistas a protagonistas de primer nivel.

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