El Levante ha conseguido un punto de oro en su visita a la Real Sociedad en Anoeta. Gracias a un gol de Del Horno, el equipo de Luis García ha rescatado un punto y evitado que el cuadro vasco sume tres, en un duelo directo por la permanencia.
Redacción | NOSTRESPORT.COM
Quizás la evolución del partido entre el Levante y la Real Sociedad en el feudo de Anoeta, y la materialización definitiva del empate, pueda entenderse desde una perspectiva más espiritual que futbolística. Es aquello de la ley cósmica del Karma aplicada al fútbol. Uno recibe en la vida en función de las decisiones que adopta según las religiones orientales.
En este caso, esa ley es posible aplicarla partiendo del notable comportamiento exhibido por la escuadra granota durante la totalidad del partido. Hubo causa y efecto al planteamiento. Proposición y premio. Esa energía, derivaba de los actos desarrollados sobre el césped del coliseo donostiarra, revirtió en la consecución del gol de Del Horno que permitió aprisionar un punto en un partido que parecía alejarse tras la diana obtenida por Zurutuza en un perceptible error azulgrana.
El Levante escogió una vía y un planteamiento para acceder al partido, y pese a los imponderables que fueron surgiendo, tuvo capacidad y clarividencia para salir invicto de un encuentro intenso y áspero; más proclive al músculo y a la pasión que a la estética o al lirismo.
Cuestión de Karma. El Levante creyó con firmeza en sus posibilidades y al final obtuvo una sobresaliente rentabilidad que revierte sobre el estado anímico de un colectivo que está muy próximo a superar las prestaciones que obtuvo en la primera fase de la Liga regular cuando el calendario se posiciona sobre la jornada séptima de la segunda vuelta. El espíritu burlón de la confrontación se materializó en los albores de la reanudación. No es normal que Sergio Ballesteros pierda la perspectiva de la confrontación, pero sucedió sobre el césped de Anoeta. El faro del Levante erró en plena salida en estampida del resto de sus compañeros. Zurutuza fue inmisericorde. Se ató el balón a la bota, se acercó con determinación sobre lo dominios de Gustavo Munúa e hirió de muerte al meta uruguayo en su desesperada salida con un disparo ajustado a la cepa del poste izquierdo al que no pudo responder.
Hasta ese punto del duelo no había excesivas noticias sobre el estado de la retaguardia local. Fue una jugada aislada que no contó con precedentes. Únicamente podría contabilizarse una acción protagonizada por Griezmann originada por un grave desajuste de la defensa granota. El pésimo control orientado del jugador realista invalidó la opción de batir el arco azulgrana. La salida a la heroica de la Real Sociedad tuvo un efecto gaseoso. Esa efervescencia, que contagió a la bulliciosa grada de Anoeta, acabó en el momento en que Xavi Torres y Iborra comenzaron a funcionar en la medular y a empequeñecer a sus pares.
El balón cambió las botas de los jugadores locales por las de los futbolistas que vestían con los colores azulgranas. El guión del enfrentamiento variaba por la organización blaugrana y ante la constancia y la actitud de los pupilos de Luis García. El cuero pasó de merodear el área de Munúa a pasearse por la zona defendida por Bravo. La única lacra que mancilló este discurso fue la toma de decisiones en el instante final. Al Levante le faltó un plus de claridad en el último pase para corroborar su dominio y transformar su iniciativa y sus intenciones en efectividad. Los minutos se sucedían y no había alteraciones sustanciales en el orden propuesto. La exquisita organización levantinista aplacaba los ánimos de la Real Sociedad. Todo estaba bajo control aunque en el fútbol nada es lo que parece. Y sucedió lo inimaginable. La fatalidad se alió con Zurutuza. El gol mudó la piel de la Real.
Al Levante le costó metabolizar el golpe. No obstante, el grupo tomó aire. Y se lanzó sobre la portería de Bravo sin miedo ni dudas. Su capacidad para voltear situaciones complejas es asombrosa. Es una demostración de la complicidad que destila el colectivo. Luis García introdujo parte de su arsenal en el campo. Monteró ofreció verticalidad y descaro por el flanco diestro. Más tarde, el técnico decidió prescindir de Iborra e introdujo a Rubén en la mediapunta en un acto que se interpretó como una nueva señal que redundaba en la ofensiva blaugrana. El Levante alcanzaba a su oponente, pero no lo derrocaba. Sin embargo, por esas cuestiones difíciles de prever en la disciplina del fútbol, al gol llegó, cuando más futbolistas de perfil atacante corrían sobre el verde, un defensor. Del Horno cazó un rechace al borde del área donostiarra para armar la pierna, lanzar un obús que chocó en un defensa alojándose en la escuadra de Bravo. El cancerbero únicamente pudo seguir con la mirada sorpresiva la dirección que tomó el esférico. Fue una demostración del karma que acompaña al Levante en tiempo reciente.
Ficha del partido
Real Sociedad: Bravo; Estrada, Ansotegi, Demidov, De la Bella; Rivas, Aranburu; Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann (Sutil, m. 68); y Tamudo (Agirretxe, m. 72). No utilizados: Zubikarai, Carlos Martínez, Markel, Labaka y Sarpong.
Levante: Munúa; Javi Venta, Ballesteros, Del Horno, Juanfran (Nano, m. 32); Xavi Torres, Iborra (Rubén, m. 72); Valdo (Montero, m. 60), Xisco Muñoz, Juanlu; y Stuani. No utilizados: Reina, Pallardó, Xisco Nadal y Jordá.
Goles: 1-0. M. 52. Zurutuza. 1-1. M. 72. Del Horno, tras tocar en Ansotegi.
Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Juanfran, Munua, Javi Venta, Ballesteros y Sutil.
Fuente: Levante UD