El atleta profesional en silla de ruedas Santiago Sanz aterrizó el pasado Martes en su Albatera (Alicante) natal, procedente de los Estados Unidos donde permaneció desde el 27 de Abril entrenando y compitiendo. Consiguió ocho victorias de las diez pruebas que disputó y sumó a su palmarés la trigésima victoria en una prueba en carretera, este hito lo consiguió el pasado 10 de Mayo en Grand Rapids (Michigan).
Redacción | NOSTRESPORT.COM
El atleta profesional en silla de ruedas Santiago Sanz (Albatera, Alicante), aterrizó el pasado Martes 15 de Julio en su Albatera (Alicante) natal, procedente de los Estados Unidos de América donde permaneció desde el 27 de Abril hasta mediados de Julio entrenando y compitiendo. Consiguió ni más ni menos que ocho victorias de las diez pruebas que disputó y sumó a su palmarés la trigésima victoria en una prueba en carretera, este hito lo consiguió el pasado 10 de Mayo en la gélida ciudad de Grand Rapids (Michigan).
Llegó a casa el Martes y le dijo a su novia Pilar que el Domingo se marchaba a Sierra Nevada a preparar la gran cita de su vida, la Olimpiada (Juegos Paralímpicos) que tendrán lugar el próximo mes de Septiembre del 6 al 17 y donde nuestro atleta llega con muchas opciones de lograr el oro, que se le escapó en Sidney por un segundo, aunque sólo tenía por entonces veinte años y en Atenas, donde por diecinueve centésimas no se alzó con la victoria en los 1500m.
Pero todo ha dado un vuelco de 180º en la vida del atleta alicantino. No sólo se dedica de manera profesional al deporte desde el año 2003, sino que desde el año 2005 limita en las filas de un equipo norteamericano que mima al atleta y además diseña exclusivamente para él, una silla que se adapta exclusivamente a sus características, de ello gran culpa tienen los stages que el atleta completa anualmente en Georgia (Estados Unidos) en las inmediaciones de la factoría de sillas deportivas que patrocina al atleta, pero además se aplican los conocimientos científicos procedentes del laboratorio de biomecánica de la Universidad de Valencia, donde Santi se graduó como Ldo. En Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, de allí salen todas las aplicaciones científicas en las que se basa su entrenamiento diario.
El de Albatera ya completó dos stages en altura durante esta temporada. El primero duró cuatro semanas y lo llevó a cabo en Febrero, donde completó en 28 días, 65 sesiones de entrenamiento ¿Cómo podía completar ese extraodinario volumen? Realizando tres sesiones diarias, una en su rodillo antes de desayunar, la segunda en su silla de ski de fondo a más de 2700m de altura y la tercera en la ciudad de Granada, donde suele realizar sus entrenamientos más intensos. Durante esa estancia en el C.A.R. de Sierra Nevada Santi asistió al Simposium Internacional de entrenamiento en altura que se celebró en la capital granadina y donde los expertos en la materia de todo el mundo acudieron a exponer sus nuevas investigaciones, Santi tomó nota de todo y se lo comunicó a su entrenador Gabriel Brizuela.
En Mayo y Junio de este año completó su segundo stage en altura en la ciudad norteamericana de Flagstaff (Arizona), a 2120m de altura el de Albatera completó 45 días de entrenamiento y siguió mimando a su cuerpo para lograr un estado de forma exquisito para el asalto al oro en Pekín.
Actualmente se encuentra en el C.A.R. de Sierra Nevada a 2320m de altura, pero ¿Cómo es un día para nuestro atleta en Granada?
Santi se levanta a las 9:00 horas y lo primero que hace es analizar su frecuencia cardíaca, la cual ha monitorizado durante sus once horas de sueño diario, el atleta mide un factor llamado “variabilidad cardíaca” que indica si su organismo se va adaptando a las cargas de entrenamiento diarias. Tras esa medición toca pesarse y esta vez la báscula marca unos 52,7Kg, es decir, el atleta está 700gr por encima de su peso óptimo de competición, aunque viene de descansar una semana tras treinta y tres de duro entrenamiento desde que comenzara la temporada.
Tras un desayuno variado (zumo, muesli con yoghurt y café con leche) toca medir el factor que él delimita clave para evitar el sobreentrenamiento, es hora de colocar el pulsioxímetro en su dedo índice de la mano derecha. Este aparato emite un haz de luz que atraviesa su uña y mide la saturación de oxígeno arterial, factor que varía a diversas altitudes. Por ejemplo a los 2320m donde se ubica el CAR la media de sujetos ronda entre un 93-94% y nuestro atleta tras varios días de estancia ya se encuentra en un 96%.
Santi descansa un poco y se prepara para su primera sesión del día que consta de 20Km a un ritmo de 150 latidos por minuto, 250 multilanzamientos con un balón de 5Kg para fortalecer el cinturón pélvico (abdominales) y una sesión de electroestimulación, donde el pequeño artilugio que coloca (Antonio) el fisioterapeuta de los servicios médicos del centro, emite en su bíceps braquial descargas de casi 500 miliamperios, que además el atleta debe acompañar con contracciones voluntarias en un ángulo de 110º, algo que él mismo define como dolorosa y desagradable.
Tras finalizar su sesión el de Albatera dedica veinte minutos al trabajo de flexibilidad y movilidad articular, Santi afirma que el no haberse lesionado en los últimos cinco años, son debido a su programa de recuperación, porque ¿Quién no se lesiona tras 500 sesiones por temporada y más de 7000Km al año?
Toca el turno de los “contrastes”, durante media hora Santi se somete a baños de calor y frío. Sumerge sus brazos en dos cubetas, una con agua helada y otra con agua caliente. El fisio del CAR lo observa meticulosamente y afirma que es una forma estupenda de nutrir al músculo y eliminar los productos de desecho que se acumulan en él mismo.
Tras los contrastes es el turno del hidromasaje y la sauna, Santi se introduce en la bañera de hidromasaje durante veinte minutos, tras la misma se somete a lo que él denomina una “bomba para el Sistema Nervioso Central”, quince minutos a 95 grados centígrados, donde sigue realizando ejercicios de flexibilidad y, sobretodo se hidrata. Bebe dos litros de agua y se moja constantemente la cabeza para evitar un golpe de calor. Tras la sauna viene el “jarro de agua fría”, una ducha con agua fría para tonificar su musculatura de nuevo.
Llega a su habitación a las dos de la tarde y tras una ducha reconfortante baja a almorzar al comedor de la residencia del CAR. Todo bajo el más riguroso control, Santi desecha grasas saturadas, dulces y come lo básico, lo que su organismo necesita, un buen plato de pasta sin salsa alguna, acompañado de unas verduras hervidas y un “chorrito” de aceite. De postre fruta en abundancia y una agradable charla con los componentes del equipo español de triatlón.
En una hora está en su habitación y toca de nuevo medir su saturación de oxígeno arterial, ha bajado a 93%, él dice que una siesta de dos horas ayudará a recuperar.
A las cinco se levanta y su saturación ha subido al 95-95%, toca su momento de relax. Baja a la cafetería y su amiga “Marga” le sirve el “clásico”, un cortado, acompañado de una charla agradable.
Son las seis y Santi comenta a Marga que se baja a la pista a “machacar”. Esta tarde toca batalla, catorce kilómetros a ritmo de maratón (170 latidos) y a 2300 metros de altura. Santi hiperventila y su estruendosa respiración se oye en todos los recovecos del CAR, se concentra, cabeza y tronco bajo, brazos muy elevados, acaricia el aros a razón de 95 brazadas por minuto y acaba el fenomenal entreno con una aceleración de 400 metros que cubre en menos de 55 segundos.
Tras el rodaje comienza con los ejercicios que Jan Pospisil (entrenador checo que entrenó a Zelezny y Roman Serble ambos campeones olímpicos) diseñó para nuestro atleta en la primavera del 2006. Fortalecer el cinturón pélvico (abdomen) pero además potenciando la “propiocepción” con un instrumento que es un cono cilíndrico que contiene seis litros de agua. Santi totaliza 500 abdominales y prosigue su sesión con 45 repeticiones forzadas con su expirómetro portátil, la concepción del atleta en silla musculoso ha muerto, afirma su entrenador Gabriel Brizuela, ahora prima el atleta delgado y con unas características similares a las de un fondista keniata. Este es el arma de Santi, una perfecta técnica, un enorme corazón y una formidable capacidad pulmonar, todo ello coordinado hace a un atleta invencible.
Santi vuelve a realizar ejercicios de flexibilidad en el césped sintético del CAR, allí mira el cielo con el sudor goteando en sus mejillas, la lucha diaria, el día a día, la gloria le espera, piensa mientras finaliza sus estiramientos.
Una última ducha antes de bajar a cenar, pero antes y con parsimónia, anota en su ordenador todos los datos numéricos del día. Primer 5000 13´32´´, segundo 5000,…
La cena ligera, hay que estar en la cama a las diez y media, “¿Qué tenemos hoy Alberto?”, pregunta el atleta a uno de los cocineros del CAR, “Una sopita de verduras que revitaliza a los muertos”, afirma el cocinero que de segundo pone a Santi unas rodajitas de pez espada y una ensalada inmensa. De postre Santi sigue con su fruta, esta vez unos kiwis.
Santi cena tranquilo y antes de marcharse a la habitación se despide del personal de cocina con un “hasta mañana chicos”.
Cuando llega a su habitación conecta su cámara hipóxica y observa su planning semanal. “Mañana tocan quinientos en Granada y le tiembla el pulso de sólo pensarlo”, se pone su mascarilla y asciende a las nubes, el atleta regula la porción de oxígeno a 14,2% y comienza a inspirar un aire que es similar al de una altitud de 3100 metros. Allí en la cumbre pasará más de diez horas y mañana al levantarse volverá a bajar a la tierra, para una vez en ella soñar con alcanzar el cielo, ese cielo que se le negó en Sidney y Atenas y que como el mismo afirma regalará a España entera y su Albatera querida porque son el motor que mueven sus brazos.