Juegan hoy en Mestalla, con Las Fallas ya muy presentes…
Lejos queda aquel SuperDépor de los 90 de Arsenio Iglesias y primeros de los 2000, con Irureta, en los que perdió una Liga con el gallego de técnico en la última jornada de la campaña 1993-94, con el penalti de Djukic, y consiguió el único título liguero en el año 2000, con el vasco en el banquillo. Dos Copas del Rey, 1995 y 2002, la primera en la Final de la Lluvia en el Bernabéu (en un partido suspendido por el líquido elemento que tuvo que acabarse otro día) y la del Centenariazo, y tres Supercopas de España, contra el Real Madrid de Valdano, Espanyol y el propio Valencia de Benítez.
El lanzamiento del serbio ex técnico del Valencia que atajó González tardó 5 años en ser subsanado por un equipo que rivalizaba con el Real Madrid y el Barcelona. Y de hecho fue una estrategia del equipo coruñés el firmar a ex de los dos grandes: Aldana, Martín Vázquez, Julio Salinas, Begiristain, Víctor, Munitis… para conseguir implantar el gen ganador a un equipo que quería ser un remedo del Parma en esas épocas en Europa.
2004, marca el final del camino
Su momento culminante fue la semifinal de la Champions 2003-04 contra el Oporto, finalmente ganador de la competición y hoy ya en cuartos de la Copa de Europa tras eliminar fácilmente al Basilea (1987 y 2004), y fue el canto del cisne de una época; años después vino la desidia y varios descensos y ascensos. Se toparon con Mourinho…
Lendoiro comandaba las operaciones, con jugadores de gran talla en varios ciclos como Valerón, Tristán, Donato, Mauro Silva, Liaño, Djalminha, Fran, Bebeto, Makaay, ‘Turu’ Flores… y otros peculiares como Abreu, el ‘Manteca’ Martínez, Martins, Madar… e incluso Nuno.
Toshack, el brasileño Silva, Fernando Vázquez… han pasado por el banquillo herculino en estos años.
Ahora está entrenado por Víctor Fernández y ocupa la posición 16ª, con 25 puntos y 13 derrotas. Es un equipo el coruñés mejorado en defensa, el Madrid le llegó a meter 8 en Riazor, aunque viene de encajar cuatro contra el Sevilla. El Valencia no debe fiarse, aunque a priori se debería ganar con claridad.