Jonás se ha estrenado como goleador en la Liga española tras marcar el 1-2 en San Mamés y traer el triunfo a Mestalla mientras que David Navarro, tras propiciar un codazo durísmo, dejó a Fernando Llorente con una herida en la cabeza suturada con tres puntos.
David Gutiérrez | NOSTRESPORT.COM
Las duras maneras de David Navarro centran todos los debates del día después de la batalla de San Mamés. Una lástima, pues el mítico estadio bilbaíno fue el escenario de una noticia mucho más alegre para toda la parroquia valencianista: el debut goleador de Jonás, que a la postre serviría, además, para traerse a Valencia el botín entero.
El delantero brasileño saltó al campo en sustitución de Pablo Hernández y tardó pocos minutos en lograr el gol que arreglaba de forma definitiva el desaguisado en el que el equipo se había sumido tras la primera parte deficiente de su sistema defensivo. Una retaguardia de la que formó parte un Navarro que trató de compensar la falta de intensidad del acto inicial con una extralimitación en el contacto tras la reanudación.
Nunca se sabrá si a Llorente le dolieron más las tres grapas que se le aplicaron en la cabeza tras un choque con el de Port de Sagunt, o los tres puntos (seis en realidad) que se escaparon de su propio estadio. El ariete internacional estuvo soberbio durante todo el partido, pero sus méritos acabaron siendo pocos para lograr el triunfo.
Fue su homólogo valencianista, acabado de aterrizar desde el país de la samba, quien hirió de muerte las ilusiones de Champions de los vascos. Él, Jonás, fue el verdadero protagonista del envite. El representante de la cara de felicidad que puso todo el valencianismo, que ve como su equipo aventaja en cuatro puntos al Villarreal, en 11 al quinto clasificado, el Espanyol, y en 13 a su rival de ayer, el dolido Athletic, que queda sexto.
Ni diez codazos de Navarro deberían hacer sombra a la gran noticia del día, por mucho que la prensa nacional se obceque en hacerse eco de la brutalidad del central valencianista. Jonás empieza a mostrar rápida adaptación y olfato goleador a las primeras de cambio. Lo de Navarro, sin embargo, no parece tan novedoso…