Un pequeño sector de la afición ilicitana no encajó en cierto modo el juego que practicó el equipo durante el pasado domingo ante el Xerez. El cuadro de Fran Escribà notó la falta de apoyo con el marcador en contra y escucho silbidos que dificultaron aún más la remontada, un gesto que no ha pasado desapercibido en la plantilla teniendo en cuenta que su reinado perdura desde el inicio de campaña y que mantienen una ventaja de 13 puntos sobre el tercer clasificado a falta de siete jornadas.
José Soler Amorós I NOSTRESPORT.COM
Un pequeño sector de la afición ilicitana no encajó el juego que practicó el equipo durante el pasado domingo ante el Xerez. El cuadro de Fran Escribà notó la falta de apoyo con el marcador en contra y escucho silbidos que dificultaron aún más la remontada, un gesto que no ha pasado desapercibido en la plantilla teniendo en cuenta que su reinado perdura desde el inicio de campaña y que mantienen una ventaja de 13 puntos sobre el tercer clasificado a falta de siete jornadas.
Han pasado 25 años desde que el Elche vivió su última andadura en la máxima categoría del fútbol español. El 25 de junio de 1989, el cuadro dirigido por Lezcano ya conocía su próximo paradero. La Segunda División le esperaba y en su despedida sucumbió por 3-1 ante el Zaragoza.
A partir de ahí, un cúmulo de sufrimientos por retomar la categoría y por evadir el descenso a Segunda B han sembrado en los seguidores franjiverde un cierto grado de prudencia o inseguridad cuando el club se encuentra en posiciones delicadas.
Ni la mejor temporada de la historia de la entidad en Segunda está exenta de incertidumbre. Pese a los números estratosféricos que está logrando el equipo dirigido por Fran Escribà, la experiencia no permite un mínimo de relajación, y los jugadores lo notaron sobre el terreno de juego el pasado domingo. El hecho de cosechar dos empates consecutivos, con el consecuente acercamiento de los rivales, y el gol inicial del Xerez despertaron el nerviosismo en algún sector del Martínez Valero, que casualmente presentaba la mejor entrada de la temporada.
Al equipo le costaba reponerse de ese gol en contra. El balón circulaba lento y los jugadores no encontraban los espacios ni las ideas para buscar el empate. A la impotencia se sumó la presión de los pitos, pero a 15 minutos del final, los pupilos de Fran Escribà demostraron su grandeza a base de casta. Xumetra puso en pie el coliseo franjiverde con un golazo y Albacar redondeó la remontada de penalti.
El triunfo supuso, más que una respuesta a aquellas críticas, una razón más para creer en el mejor equipo de la categoría. Y es que restan siete encuentros para el final y los ilicitanos acarician ya el ansiado sueño del ascenso, pero para certificarlo, el empuje de la afición será vital.